Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Oslo, Cuba, Oposición

Cuba en cuento

Los cuentos de los opositores cubanos en el Foro de Oslo

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Te convido a creerme cuando digo futuro
Silvio el Necio, 1969

A medida que iban resolviendo a su favor el problema del poder, Fidel Castro y su grupo político imprimieron sentido de cuento futurista a ese fenómeno histórico denominado revolución cubana. Su último relato es el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030, discutido en el VII Congreso del PCC.

El epifenómeno denominado disidencia, resistencia u oposición trasiega con igual sentido sin resolver el problema del poder. Aquel larguísimo cuento del PCC recula ante los cuentos cortos del grafitero Daniel “El Sexto” Maldonado en el Foro de la Libertad (Oslo, Noruega, mayo 23-25 de 2016). Uno acerca del futuro de Castro y su grupo político reza: “No se caen. Nosotros los tumbamos”. Y el otro remacha: “El futuro soy yo”.

Ahora sí

Los cuentos de los opositores cubanos en el Foro de Oslo (ver foto) entusiasman al exilio, que no pudo tumbar a Castro y su grupo en la guerra civil. Y es que apenas tenía como apoyo la segunda estación más grande la historia de la CIA con unos $50 millones de presupuesto anual. Esos dólares de la década de 1960 equivalen a $333 millones de dólares actuales y sobrepasan a todos los fondos asignados a los planes de transición a la democracia en Cuba desde 1996, pero esta causa sublime no depende del dinero de afuera que se invierta en ella, sino del talante patriótico de la oposición y del pueblo dentro.

Ya en la edición 2014 del mismo foro, Yoani Sánchez contó que la memoria flash desencadenaba en Cuba una revolución underground. Ahora el exilio puede afincar aún más su entusiasmo porque, como informaron los medios en Miami, los cuentos de los opositores cubanos en Oslo no solo “revelan la Cuba sin libertades”, algo que todavía no sabíamos en medio siglo de castrismo, sino que también “explican su solución a la Cuba oprimida”.

Estas soluciones ponen al castrismo contra la pared y superan en racionalidad a los desafortunados planes de alzarse o invadir, bloquear y sabotear. El Sexto contó que con “el poder del arte” se transforman mentes y corazones, tal y como queda bien acreditado con su propia presencia en Oslo: los opresores no aguantaron más y abrieron las puertas de su celda. La refugiada Rosa María Payá contó algo que el exilio tampoco sabía: “El totalitarismo no se ha roto en Cuba”. Y volvió a contar que la solución es “un plebiscito que determine el futuro del país”, algo que jamás se acometió desde exilio, como hace ella hoy, pese a que los plebiscitos vienen dando estupendos resultados desde que el Partido Pro Derechos Humanos de Cuba trató de armar uno a fines de 1988.

Nunca es tarde

Líderes opositores de alto vuelo, como Manuel Cuesta Morúa y Laritza Diversent, forzaron a la dictadura a dejarlos viajar a Oslo, pero Berta Soler quedó en tierra por efecto de la represión, que está peor que nunca y se ensaña con los opositores que necesitan volar y volar para cumplir sus compromisos de libertad y democracia.

Sin embargo, Estados Unidos y la Unión Europea no asumen este compromiso con tanta dedicación. A pesar de casi sesenta años de críticas al castrismo y de análisis hasta doctorales de proyectos políticos emergentes de la resistencia, Washington restableció relaciones diplomáticas con La Habana, mientras que Soler se resignó a contar así la posición de Bruselas con respecto a las Damas de Blanco: “Somos Premio Sajarov, pero la Unión Europea nos ha abandonado”.

Allá en Oslo, Orlando Luis Pardo Lazo contó por qué: “La realidad en Cuba no ha cambiado, pero sí la política exterior de otros países con relación a la Isla”. No se trata de que pasan y pasan los años sin que en Cuba pase nada, sino de que los demás países no se dan cuenta de que, con el paso del tiempo, queda demostrado el cuento deslumbrante que hizo el Dr. Oscar Elías Biscet al aterrizar en Miami: “El gobierno ya no puede derrocar a la oposición”.

El Dr. Biscet obligó a la dictadura a concederle salida al exterior y recogerá la Medalla de la Libertad que el presidente Bush le concedió en 2007. Esta medalla dará mayor impulso al Proyecto Emilia, que declara ilegítimos al parlamento y al orden constitucional vigentes en Cuba y convoca al “pueblo cubano a que suscriba este proyecto para dar pasos hacia una Cuba soberana, democrática, libre y justa”.

El proyecto se lanzó en enero de 2013 y ha tenido tanto éxito que el Dr. Biscet cuenta, con exquisito sentido futurista, que “más de 3.000 firmas” recogidas en tan solo tres años se convertirán en “una multitud que le ponga fin a la dictadura”.

Coda

El epifenómeno acompaña al fenómeno principal sin ejercer influencia relevante.


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