Actualizado: 22/06/2018 17:44
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Cuba, Independencia, República

Cuba: ¿fiel de América?

Estados Unidos apuntaba en el siglo XX hacia el Lejano Oriente antes que al Caribe

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Ya viene llegando el 20 de mayo, que como siempre pasará entre dimes y diretes de las banderías irreconciliables de la nación cubana, que con mentalidad de aldeana vanidosa llegó hasta sacar, del mero ser geográfico, el sublime deber ser histórico de impedir a tiempo la expansión de USA por América Latina. Así lo plasmó Martí, luego de que el puertorriqueño Eugenio María de Hostos adelantara, hacia la primavera de 1870, la noción de las Antillas como “fiel de la balanza [y] crisol definitivo de las razas” [1]. Martí imprimiría el giro tremendo de Cuba como garantía del equilibrio ya no sólo hemisférico, sino también global [2].

Fidel Castro —“hijo espiritual de José Martí [y] fruto de nuestra historia” [3]— seguiría la rima de aldeano vanidoso aun por entre sus reflexiones. Al largar “El imperio y la isla independiente” (2007) endilgó a USA su “constante pretensión de apropiarse de Cuba”, a pesar de que ni siquiera se apoderó de Isla de Pinos en contexto tan propicio como la primera ocupación americana. En “La fruta que no cayó” (2012), Castro soltaría que USA “proclamaba la anexión de nuestra isla, cuyo único destino era caer en su seno como fruta madura”. Sólo que, si bien John Quincy Adams postuló la fruta madura en 1823, en 1836 se opuso en el Congreso a la idea de anexarse a Cuba. Aquella pretensión no era constante, sino circunstancial, como demostró hasta el historiador de filiación castro-comunista Oscar Pino Santos [4].

Into the West

El politólogo Donald Lutz (Universidad de Houston) demostró que la expansión norteamericana estuvo cifrada, desde la era colonial, en la simple observación del obispo Berkeley: Westward the course of empire takes its way [5].

  • Mientras Martí pergeñaba su ensayo Nuestra América (1891), el secretario de Estado de la administración Harrison, James Blaine, daba prioridad a Hawái entre las tres islas que merecían ser ocupadas por USA. No había urgencia con Cuba ni con Puerto Rico [6].
  • Hawái se describía como crossroad of the Pacific y Pearl Harbor, como puerto crucial en la estrategia de comercio con el Lejano Oriente, que se vislumbró desde los primeros informes (circa 1840) de la marina estadounidense sobre la bahía de San Francisco [7] y se tornó nítida con las incursiones (1852 y 1854) del comodoro Matthew Perry en Japón para allanar el camino al Tratado de Amistad y Comercio (1858).
  • La prioridad de Hawái quedaría bien acreditada por las concertaciones tempranas de tratados de reciprocidad (1875) y anexión (1893).
  • Al estallar la guerra hispano-americana (1898), el subsecretario de Marina, Teddy Roosevelt, precisó que, si bien el teatro principal sería el Caribe, la armada estadounidense debía atacar Filipinas [8].

La toma de Manila —13 de agosto de 1898— marcaría el fin de aquella guerra y lo que siguió acredita que la expansión imperial de USA seguía la pauta del obispo Berkeley. Mientras Cuba armaba su república para inaugurarla el 20 de mayo de 1902, como si fuera la resurrección de Martí al otro día de conmemorarse otro aniversario de su muerte, en Filipinas USA ponía 4 mil muertos y gastaba $600 millones para disolver la Primera República [9]. La situación equivalente en Cuba hubiera sido que Washington mandara a balear a los soldados del Ejército Libertador en vez de darles $75 para licenciarlos. La intervención en Filipinas transitó enseguida del gobierno militar al gobierno civil y este archipiélago vino a ser independiente el 4 de julio de 1946 por efecto colateral de la Segunda Guerra Mundial.

Choque de civilizaciones

El avance imperial hacia el oeste tenía incluso asidero racial. En el poema The White Man´s Burden (1899), Rudyard Kipling incitó a los senadores estadounidenses a abordar la cuestión filipina como tarea idéntica a la misión civilizadora del imperio británico en la India. Además de compartir esta visión y misión, Roosevelt tomaría posesión como presidente con la convicción que el futuro de USA “se determinará más por nuestra posición en el Pacífico frente a China que por nuestra posición en el Atlántico frente a Europa” [10].

El 5 de julio de 1905, Roosevelt envió al Lejano Oriente al SS Manchuria, de 27 mil toneladas, con su secretario de Guerra y exgobernador de Filipinas, William Taft, de 325 libras, al frente de la mayor delegación diplomática de la historia de USA: 7 senadores y 23 representantes, sus esposas y asistentes, otros funcionarios civiles y militares más la hija mayor del presidente.

El periodista investigativo James Bradley ahondó en esta peripecia y encontró que se concebía como continuación del empeño civilizatorio de la raza anglosajona [11]. El SS Manchuria pasó por Hawái, Japón, Filipinas y China para sellar la paz en la guerra ruso-japonesa (1904-05), pero también la ocupación japonesa de Corea, la consolidación de la ocupación estadounidense en Filipinas y el papel decisivo de Japón en mantener China abierta al comercio y aplicar una suerte de Doctrina Monroe en Asia. El celo que puso Japón en este último encargo obligaría a tacharlo de infame a fines de 1941, pero queda claro que USA apuntaba en el siglo XX hacia el Lejano Oriente antes que al Caribe [12].

Al filo de la primera guerrita poscolonial en la Isla de Cuba pintoresca (1906), Teddy Roosevelt soltó a su embajador en Italia, Henry White, que sentía tanto disgusto con la “infernal república cubana” que barrería a su pueblo de la faz de la Tierra [13]. Sin embargo, su bomb(ard)ero Taft no dio entre cubanos ningún indicio de semejante intención [14] ni de la “conquista étnica” que Roosevelt expondría en la Universidad de Oxford, el 7 de junio de 1910, por analogía entre biología e historia [15].

Coda

Cuba quedaba y queda al sur. Todo su esplendor por encima de los calcañales se debió a guerras o a temores a la guerra.

Notas

[1] Obras Completas, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1992, I, 284 s.

[2] Vid. el artículo “El alma de la revolución y el deber de Cuba en América” (Patria, 17 de abril de 1894) y la carta a Federico Henríquez y Carvajal (Montecristi, 25 de marzo de 1995).

[3] Diario de la Marina, 5 de enero de 1959, página 4-A.

[4] El asalto a Cuba por la oligarquía financiera yanqui, Casa de las Américas, 1973, 21 ss. Ver el criterio relativista de Jefferson sobre Cuba como “la adquisición más interesante” de USA.

[5] “The Relative Influence of European Writers on Late Eighteenth Century American Political Thought”, American Political Science Review 78, marzo de 1984, 189-97.

[6] Rich Rudnick: Stolen Kingdom, Aloha Press, 1992, 87.

[7] Norman Graebner: A Study in American Continental Expansion, Regina Books, 1983, 63.

[8] Edmund Morris: The Rise of Theodore Roosevelt, Coward, McCann & Geoghegan, 1979, 577.

[9] Stanley Kernow: In Our Image, Ballantine Books, 1989, 194 s.

[10] Theodore Roosevelt (TR) Papers, Biblioteca del Congreso, 17 de junio de 1905.

[11] The Imperial Cruise, Little Brown & Co., 2009, 330.

[12] Theodore Roosevelt, Mensaje al Congreso, 6 de diciembre de 1904, Foreign Relations of the United States, Government Printing Office, 1904, 41.

[13] TR Papers, Biblioteca del Congreso, septiembre 13, 1906.

[14] Quizás Roosevelt se vio frenado por el collar de perlas que mandaron de Cuba como regalo de bodas —el 17 de febrero de 1906— a su hija mayor. Con esa joya puesta sería enterrada Alice Roosevelt el 20 de febrero de 1980.

[15] The Roman Lectures, Oxford University Press, 1910, 31.


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