Actualizado: 26/10/2021 10:28
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Raúl Castro, Cumbre de las Américas

Cuba y el sistema interamericano: Un “incendio” que regresa

Aunque el presidente Obama irá a la elección de noviembre en la Florida evitando una foto incomoda con Raúl Castro, EEUU ha obtenido apenas una victoria pírrica, afirma el autor del artículo

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La semana pasada el presidente colombiano Juan Manuel Santos viajó a Cuba para revelar al presidente Raúl Castro que no sería invitado a la VI Cumbre de las Américas en Cartagena de Indias por falta de consenso hemisférico. De regreso a Bogotá, el jefe de Estado colombiano dijo que había “apagado un incendio” y se comprometió a discutir en la cumbre la participación cubana en el sistema interamericano, para evitar que los problemas que confrontó Colombia se repitan en el próximo cónclave presidencial de Panamá en 2014.

La decisión colombiana disparó las acusaciones de Cuba y EEUU. Es difícil decir cuál de los discursos es más anacrónico. Las declaraciones del canciller cubano Bruno Rodríguez son una arenga a la Tricontinental revolucionaria de 1966. Las respuestas de Hillary Clinton a Ileana Ros-Lehtinen en el comité de Relaciones Exteriores de la Cámara parecen dirigidas a un asilo de ancianitos cubano-americanos, recién desembarcados en Miami en 1962. En lugar de adoptar un enfoque de solución de conflictos, Cuba y EEUU viajaron en una máquina del tiempo a plena guerra fría, con un sistema multilateral interamericano que ya no existe. De golpe borraron cinco décadas de cambios en la correlación de fuerzas hemisféricas, y la adopción de normas como el pluralismo ideológico, la no intervención y la gobernabilidad democrática.

¿Y las declaraciones del presidente Santos de Colombia? Susurrando lo que la OEA debía decir alto y claro después de la resolución de la Asamblea General de 2009 en San Pedro Sula: 1) Cuba es bienvenida al sistema interamericano, sin condición humillante pero exigiendo para su pueblo el ejercicio de todos los derechos humanos, civiles y políticos, económicos, culturales y sociales, consagrados en la Declaración Universal; 2) EEUU debe contribuir a tal propósito abandonando las sanciones “inmorales, ilegales y contraproducentes” —para usar la expresión del Papa Juan Pablo II— que son en sí mismas —según reportan Human Rights Watch y Amnistía Internacional— violaciones de los derechos humanos de los cubanos y los estadounidenses.

De la parálisis es fácil culpar a la OEA pero la organización hemisférica es lo que los estados miembros, particularmente los poderes regionales, quieren que sea. La falta de consenso sobre la participación cubana en el sistema interamericano, tras las discusiones de la V Cumbre de Puerto España, es expresión del abandono a las relaciones inter-hemisféricas que predomina en las capitales de las potencias de la región, particularmente en Washington y Brasilia. En ese vacío, la política maximalista del ALBA y el obstruccionismo republicano en Washington, particularmente del senador cubano-americano Marco Rubio, campean por su respeto. Estados Unidos no tiene embajador en Venezuela, Bolivia, Ecuador, El Salvador y Nicaragua.

En medio de ese marasmo diplomático, Cuba ha pospuesto, con retóricas radicales hacia el orden regional, la adopción de posturas pragmáticas al servicio de su interés nacional, que no es siempre coincidente con las posturas mediáticas confrontacionales de sus aliados del ALBA. La norma interamericana de gobernabilidad democrática fue promovida en 2001 no por Washington sino por la mayoría de los países latinoamericanos (Chile, Nicaragua, Ecuador, Perú, Brasil) y el gobierno liberal de Canadá. La democracia representativa como derecho de los pueblos es apoyada por la mayoría de la ciudadanía de la región, como lo confirman las encuestas del Latino-barómetro. Con esa realidad innegable, la diplomacia cubana tendrá que lidiar por mucho que su canciller Bruno Rodríguez insista en una visión decimonónica de nacionalismo geográfico, propio de una era muy diferente a la actual, cuando Estados Unidos es el segundo país de población hispanoamericana.

Si la ausencia de Cuba no ha causado un boicot latinoamericano contra la VI cumbre de las Américas no es porque EEUU imponga su voluntad con “amenazas”, sino porque 1) muchos Gobiernos latinoamericanos creen que las limitadas reformas en Cuba no justifican ese paso radical. 2) dada la postura flexible y dialogante de Obama, la mayoría de los países de la región prefieren discutir el tema cubano constructivamente con el Presidente norteamericano en Cartagena. Nótese por ejemplo, el tono sosegado de los Cancilleres brasileño y argentino al insistir que la exclusión de Cuba se discuta en Cartagena.

Al afirmar su interés en asistir a un foro del sistema interamericano apenas dos meses antes de su realización, el presidente Raúl Castro ha hecho un gesto positivo pero tardío. Dada la importancia para Cuba de edificar una relación constructiva con todo el hemisferio, la cancillería cubana debería caminar el kilómetro extra enviando el siguiente mensaje a la Cumbre de Cartagena: 1) Cuba está en la mayor disposición de integrarse al orden hemisférico vigente y colaborar en el enfrentamiento a amenazas comunes, como el crimen organizado, el tráfico ilegal de estupefacientes, y el terrorismo internacional, promoviendo y aceptando las convenciones interamericanas en estas áreas. 2) Cuba está dispuesta a un diálogo respetuoso con los países de la región sobre derechos humanos y democracia.

La Administración Obama debería comportarse con la dignidad y liderazgo de la potencia que es. En lugar de ir al Comité de Relaciones de la Cámara con el sombrero entre las piernas, la Secretaria Clinton debió recordar a la congresista Ros-Lehtinen los dolores que causa a Washington el subordinar los intereses nacionales norteamericanos a la agenda de la derecha cubano-americana. Cada vez que testifique frente al Congreso sobre las relaciones hemisféricas, el Departamento de Estado debe recordar que, en la visión de los líderes de la región, la promoción de la gobernabilidad democrática interamericana y el embargo contra Cuba son posiciones antitéticas.

Aunque el presidente Obama irá a la elección de noviembre en la Florida evitando una foto incomoda con Raúl Castro, EEUU ha obtenido apenas una victoria pírrica. La exclusión absoluta de Cuba dañará otra vez a la OEA como foro de coordinación inter-americano, pues los países del ALBA repetirán hasta el cansancio que allí se hace lo que EEUU unilateralmente manda. En un hemisferio que demanda cada vez más diplomacia, y monitoreo multilateral de sus procesos políticos nada bueno para la democracia saldrá de una OEA debilitada.

Contrario a los que sugieren discutir la exclusión de Cuba del sistema interamericano en sesión privada, a la mayoría de las diplomacias de la región les conviene acceder a la petición del canciller cubano Bruno Rodríguez de que los jefes de Estado discutan el tema en público. Es difícil imaginar que Obama pueda montar una defensa efectiva del embargo contra Cuba o que los países del ALBA expongan razones serias para desmontar el derecho de los pueblos de las Américas a la democracia representativa. Si las visiones de los líderes continentales fuesen compatibles, la próxima Asamblea General de la OEA a celebrarse en junio en Bolivia, a donde el Canciller cubano podría ser invitado, sería el marco propicio para resolver un “incendio” que no quemará a Colombia antes de la VI Cumbre, pero apagado no está.



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