Actualizado: 05/06/2020 14:47
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Cuba y el turismo norteamericano

El posible impacto del turismo norteamericano en Cuba debe analizarse en dos sentidos: no sólo cuántos turistas desearían viajar a un destino hasta ahora vedado, sino también la cifra que el gobierno de la Isla está dispuesto o puede admitir

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La reciente aprobación por parte del Comité de Agricultura de la Cámara de Representantes de Estados Unidos del Proyecto de Ley HR 4645, destinado a eliminar las restricciones a los viajes de norteamericanos a Cuba y a otorgar mayores facilidades para las exportaciones agropecuarias a dicho país, ha alimentado aún más el interés sobre el tema de los posibles impactos que implicaría el acceso de la mayor de las Antillas al principal mercado emisor de turistas del Hemisferio Occidental.

Cualquier análisis que se haga al respecto resultará una tarea compleja, porque no existen referentes anteriores en el que han estado involucrados un gran mercado emisor de turistas y un destino que ha estado virtualmente prohibido para dicho mercado por cinco décadas. No obstante a ello, en los últimos años han proliferado una serie de estimaciones de la cantidad de turistas norteamericanos que podrían visitar a Cuba, que en su gran mayoría se sustentan en el interés que se despertaría en los ciudadanos de Estados Unidos el viajar a un destino largamente prohibido para ellos.

Pienso que para realizar proyecciones más objetivas no se debe partir solamente de la premisa de cuántos turistas norteamericanos estarían dispuestos a viajar a Cuba, sino también de cuántos turistas provenientes de Estados Unidos sería capaz de recibir la Isla, premisa que implicaría tomar en cuenta factores endógenos al mercado turístico cubano, como su capacidad hotelera.

En las condiciones actuales, Cuba no está preparada para captar una masiva llegada de visitantes provenientes del vecino del Norte. Para enfrentar con éxito el nuevo reto, el país tendría que manejar varias opciones ―ya sea individualmente o combinándolas―, y una de ellas es el incremento de la oferta habitacional hotelera.

Durante el decenio 2000-2009, Cuba continuó agregando habitaciones a su fondo hotelero, pero a un ritmo muy inferior a lo logrado en la década de los 90. Para que la Isla pueda responder a la alta demanda de turistas norteamericanos que se proyecta, tendrá que mantener un nivel de incremento de la oferta habitacional hotelera superior al ritmo logrado en el decenio recién terminado. La fuerte crisis económica que ha afectado al país desde el año 2008 ―unido al deterioro sufrido por la anterior crisis precipitada por la caída del campo socialista europeo y las debilidades estructurales de la economía cubana― ha provocado un fuerte drenaje de sus reservas monetarias internacionales, que incluso obligó al gobierno cubano a realizar una retención forzosa de recursos financieros de empresas extranjeras depositados en el sistema bancario nacional. Todo ello, presumiblemente, ha incrementado el factor de riesgo-país para el acceso a los mercados crediticios y de inversión globales, y ha debilitado la capacidad inversionista de Cuba, por lo que las posibilidades de fuertes expansiones en la infraestructura del sector a los niveles que se necesitan son cuestionables en el corto y mediano plazo.

Lista de precios junto a la carpeta de un hotel habaneroFoto

Lista de precios junto a la carpeta de un hotel habanero.

El esfuerzo de inversión que se tendría que acometer sería mucho mayor si tomamos en cuenta que algunos de los polos turísticos existentes ―como por ejemplo, Varadero, Guardalavaca y Cayo Coco―, han agotado o están en camino de agotar sus posibilidades de crecimiento hotelero, por lo que el incremento de la oferta habitacional tendría que darse en áreas de escaso o ningún desarrollo turístico, como los cayos alrededor de la isla principal, y ello elevaría los montos de las inversiones, ya que no sólo implicaría la construcción de nuevos hoteles, sino toda la infraestructura de servicio a la actividad.

Otra opción a la que Cuba podría apelar para incrementar la recepción de turistas norteamericanos ―sin la necesidad de acometer un gran esfuerzo de inversión―, es la de priorizar el mercado norteamericano en detrimento de los mercados tradicionales a los que el país ha estado vinculado. No creemos que las autoridades apliquen una política deliberada tendiente a sacrificar turistas provenientes de los mercados tradicionales ―en especial de Canadá―, dado que éste ha sido un mercado emisor que se ha mantenido auspiciando significativamente el turismo cubano, y el continuar cultivándolo le aseguraría al turismo cubano un nivel de diversificación capaz de contrarrestar los grados de volatilidad que siempre acompañan a la actividad.

Sin embargo, hay alternativas de sustitución implícitas de turistas de mercados tradicionales por turistas provenientes de Estados Unidos. Una de las alternativas es la vinculada a la disminución de turistas provenientes de Europa. Según las estadísticas cubanas, los turistas provenientes de algunos mercados importantes europeos ―como Alemania, España, Italia y Francia― han mostrado una tendencia decreciente desde 2004 y 2005. Si esta tendencia se mantiene de una forma irreversible, las capacidades dejadas por estos mercados pudieran ser cubiertas por el mercado norteamericano.

Otra alternativa de sustitución implícita pudiera darse a través de la utilización de mecanismo de mercado. Si el incremento de la demanda turística provocada por el levantamiento de las restricciones de los viajes de norteamericanos desborda la oferta turística en la Isla, para compensar dicho desequilibrio, Cuba podría incrementar el precio de su producto turístico, y ello afectaría a los turistas de ingresos medios y bajos. Esa medida podría contribuir a disminuir el flujo de turistas provenientes de algunos mercados tradicionales, en particular, de mercados de América Latina, capacidades que serían cubiertas por los turistas estadounidenses. No obstante, hay que reconocer que el incremento de los precios también pudiera desalentar a los mismos sectores provenientes del mercado norteamericano, sobre todo si la medida no viene acompañada de un incremento de la calidad del producto turístico.

Feria de turismo en la capital cubanaFoto

Feria de turismo en la capital cubana.

Un factor de carácter cualitativo que podría influir en la capacidad de recepción de turistas provenientes de Estados Unidos radica en las debilidades del modelo turístico cubano. Una de las debilidades es su incapacidad de propiciar el desarrollo de un turismo abierto, más allá de las condiciones y comodidades creadas en los resorts playeros. Ello ha sido un factor que no ha afectado a los turistas canadienses, pero ha sido un elemento que sí ha actuado negativamente en los turistas procedentes de mercados como España e Italia, más dados a disfrutar de un turismo de ciudad, de contacto con los nacionales, que de un turismo de sol, playa y arena.

La misma influencia pudiera verse reflejada en los turistas norteamericanos. Aquel turista más inclinado al turismo de sol, playa y arena pudiera ser tolerante con las características estructurales y deficiencias del modelo turístico cubano, y auspiciar decisivamente la actividad en la Isla. Sin embargo, Cuba podría perder oportunidades en aquellos sectores que buscan un turismo diferente al de sol, playa y arena y con elevados estándares de calidad. Pero pensamos que esta posible incidencia negativa no se reflejaría en proporciones significativas en el corto plazo, ya que en los primeros años posteriores al levantamiento de la prohibición a viajar a Cuba la propensión a viajar a la Isla sería alta porque el interés que existe sobre ella superaría las preocupaciones que puedan surgir en torno a las debilidades de la oferta turística cubana.

El anuncio de la reconstrucción y reapertura de hoteles en diversas ciudades ―hecho recientemente por el Ministro de Turismo de Cuba― aparentemente refleja la voluntad de diversificar la oferta turística de la Isla, dándole más hincapié al turismo de ciudad. Ciertamente, ello garantizaría atraer a aquellos turistas norteamericanos dados a disfrutar de otras opciones más allá del turismo de sol, playa y arena. Sin embargo, dicho anuncio no constituye necesariamente una evidencia de que las autoridades cubanas tengan la intención de transitar de un turismo de enclave a uno abierto. De cualquier forma, la transición de una modalidad a otra no se garantizaría en el corto plazo porque la creación de una red de servicios extra hotelera para satisfacer las diversas necesidades de los turistas requeriría de un ingente esfuerzo de inversión y de preparación y de la presencia de una cultura de servicio de excelencia que hoy en día está en sus etapas embrionarias.



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