Actualizado: 19/10/2017 11:37
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Jóvenes, Economía

¿Cuentan los jóvenes en Cuba?

El problema de los jóvenes cubanos no es solo la baja participación en las actividades particulares, sino que están en desventaja para desarrollarse en todos los aspectos de la sociedad

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Con el sugestivo título de ¿Cuán propia es la cuenta joven?, el periódico Juventud Rebelde en su edición del 17 de junio publicó un ilustrativo trabajo sobre la participación de la juventud en las nuevas fuentes de generación de empleo. En el artículo se brindan cifras sobre la participación relativamente reducida de la población comprendida entre los 18 y 35 años de edad en el cuentapropismo y el laboreo de tierras ociosas entregadas en usufructo.

De 385.775 cuentapropistas solo 73.118 son jóvenes entre 18 y 35 años para un 19 % del total. Llama también la atención que la mayoría de los jóvenes incorporados a labores no estatales, estaban desvinculados del estudio y el trabajo (43.967). Las actividades más desempeñadas son la venta de alimentos, CDs, DVDs, viandas y hortalizas por las calles; aunque la mayoría de los jóvenes (17.466), son empleados de otros cuentapropistas. Por otra parte, de las 166.247 personas que han recibido tierras en usufructo, solo un 7 % están comprendidas entre 18 y 25 años, y un 19,7 % entre 26 y 35 años, según informó al periódico el director del Centro Nacional de Control de la Tierra.

Los factores que han incidido en que los jóvenes se hayan insertado a escala reducida en estas actividades son variados. Una parte se encuentra estudiando, unido a que constituyen el sector poblacional con mayores dificultades para iniciar negocios por carecer del capital mínimo inicial o las suficientes habilidades y conocimientos para desarrollar exitosamente los 181 trabajos permitidos. Hay que tener en cuenta que el sistema de educación cubano se dedicó durante decenios a aportar conocimientos generales a los estudiantes, desestimando la formación de técnicos medios y obreros calificados, y prácticamente se abolió insertar en los centros de trabajo a jóvenes en calidad de aprendices, lo cual al parecer en los últimos años ha comenzado a corregirse. Además, sigue estando prohibido el trabajo independiente de los graduados universitarios en sus profesiones.

A ello se añade la escasa motivación provocada por las actividades permitidas en el cuentapropismo, que adicionalmente están recargadas de considerables impuestos y carecen de un mercado mayorista que garantice la adquisición de los insumos necesarios. Obstáculos que seguramente afectan más a quienes tienen poca o ninguna experiencia laboral.

En el caso del laboreo de tierras en usufructo, también los inconvenientes son considerables, comenzando por que no se ha autorizado aún la construcción de viviendas en las áreas entregadas, a lo que se añade las dificultades para conseguir los insumos básicos, los precios poco estimulantes pagados por Acopio y otras cortapisas y prohibiciones. Tampoco puede soslayarse los decenios de abandono y el desarraigo de los campesinos de las zonas rurales, en un ambiente de subestimación al trabajo agrícola y la propaganda de que todo joven debía proponerse alcanzar un título universitario. Ciertamente en los últimos tiempos se quiere cambiar esos conceptos, pero resulta difícil por haberse enraizado con fuerza en la sociedad. Más aún cuando las condiciones en la campiña cubana son muy difíciles, se han perdido muchas tradiciones y se carece de los alicientes necesarios para que las personas retornen a las zonas rurales.

En realidad, el problema de los jóvenes cubanos no es solo la baja participación en las actividades particulares, sino que están en desventaja para desarrollarse en todos los aspectos de la sociedad. Las generaciones anteriores, aunque vivieron con mucha austeridad y carencias, pudieron hacerse de viviendas, aunque muchas veces tuvieron que continuar residiendo en la de los padres y abuelos; asimismo pudieron con muchas dificultades acumular algunos bienes de forma modesta que conservan. Después de 20 años de Período Especial, los escollos para los jóvenes son superiores. Lo lógico es que una joven pareja aspire a poseer una vivienda independiente, lo cual es un sueño prácticamente irrealizable y la convivencia con varias generaciones es sumamente difícil, por las condiciones de hacinamiento y la depauperación de los inmuebles. Eso es fuente de insatisfacciones familiares y en buena medida explica, entre otros factores, la caída en un 65 % de la tasa de natalidad con respecto a inicios de los años sesenta y la alta tasa de divorcios, 3,1 por 1000 habitantes, como promedio en el período 2005/2010, una de las más elevadas del mundo.

A su vez, con la política de reestructuración laboral, la situación de lo jóvenes se torna más precaria, por cuanto son los trabajadores con menos años acumulados y menor experiencia laboral, y por tanto los más amenazados con perder sus puestos, con los consiguientes traumas personales y dificultades para encontrar un nuevo empleo.

Bajo esas condiciones no es difícil comprender por qué los jóvenes son los cubanos con menos confianza en el futuro del país, y sienten mayor deseo de emigrar para encontrar un mejor destino en otras tierras.


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