Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Exilio, Cubanos, Inmigrantes

Cuñas del mismo palo, las peores

Americanos de origen cubano y cubanoamericanos contra cubanos que llegan a EEUU

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Hace unas semanas, en un estacionamiento, saliendo de una tienda, un señor que me ha visto en la televisión me preguntó mi opinión sobre los cubanos que estaban varados en Costa Rica.

Le respondí que eran cubanos como los que habían venido antes y merecían ese derecho que ya disfrutaron otros, pero mi respuesta no le hizo gracia. Me dijo que no eran iguales que los que vinieron antes porque ahora eran delincuentes, comunistas, maleducados, vagos, y emigrantes económicos, no exiliados. Le dije que yo no creía lo mismo, pero que aunque fuera así deberíamos intentar recuperarlos como personas de bien, pero para este señor ninguno de ellos tenía arreglo, ni a él le interesaba echarse esa carga arriba.

Le expresé que respetaba su opinión, aun sin estar de acuerdo con él, y que esa era una de las maravillas de Estados Unidos: cada quien expresa libremente su opinión sin temor a represalias. Casi al separarnos, me dijo que él había venido a EEUU en 1960, después de que “le quitaron todo”, y ambos nos deseamos felices navidades.

Recordando posteriormente esa conversación me vino algo a la mente: si alguien vino a Estados Unidos porque “le quitaron todo”, pero no conspiró contra el régimen, ni fue preso político, ni se alzó en El Escambray, ¿es “exiliado” o “emigrante”? ¿Lo que define ambas categorías es si viviendo en Estados Unidos van de visita a Cuba o no? ¿O si aquí se proclama anticastrista? ¿Son criterios que cada uno se asigna a sí mismo como entienda procedente?

El dilema toma fuerza en estos momentos, cuando llegan los primeros cubanos varados en Centroamérica, las opiniones en Miami y el sur de Florida están divididas, y personas de origen cubanoamericano quieren “ponérsela difícil” a los que comienzan a llegar.

Lo más representativo de esos recientes intentos son dos propuestas de ley presentadas en el Congreso de EEUU por un senador y un representante, ambos americanos de origen cubanoamericano. Lamentable posición que asumen en esto, cuando en otros aspectos importantes y problemáticos de sus correspondientes territorios no son ni tan activos ni dedicados como en el tema de la llegada de los cubanos.

Para mí no es un problema de republicanos o demócratas, sino de americanos de origen cubano y cubanoamericanos, por una parte, y por la otra cubanos que pretenden recorrer el mismo camino que recorrieron aquí en EEUU los padres de esos congresistas, pero que, al parecer, los de ahora no merecen las oportunidades que aquellos tuvieron. Tales congresistas no están solos en su intento: otros legisladores del mismo origen parecen mudos en este tema, y algunos líderes locales expresan constantemente que la llegada de esos cubanos sería catastrófica y apocalíptica, algo casi mucho peor que el accidente nuclear de Chernobil, el huracán Andrew, el cambio climático, o un socialismo del siglo 21 en la Calle Ocho.

La “explicación” que de una forma u otra esgrimen es evitar abusos contra la generosidad de Estados Unidos, y proteger el sacrosanto dinero de los contribuyentes. ¡Faltaría más! No sería “políticamente correcto” decir que estos cubanos de ahora “no son iguales” a los de antes. (Aunque es verdad: muchos son mejores que algunos de los que vinieron antes). Acusaciones en abstracto y sin demostración son más convenientes que declaraciones serias y profundas.

Basados en reportajes del diario Sun Sentinel, de Fort Lauderdale, sobre cubanos que abusan de las ventajas y privilegios que Estados Unidos otorga a quienes abandonan el paraíso castrista (y que no disfrutan inmigrantes provenientes de naciones que no tienen la dicha de ser gobernadas por los hermanos Castro y el partido comunista), generalizan acusaciones evidentemente ciertas y bochornosas, y proponen despojar de privilegios y ventajas a cubanos que no puedan demostrar ser refugiados políticos. Y para esos legisladores, la definición válida de refugiados parece que la establecen ellos mismos. Además, en colosal error conceptual, mezclan Ley de Ajuste Cubano con ayuda que EEUU otorga a todos los refugiados políticos, para despojar de privilegios a casi todos los cubanos que arriben y, de paso, a todos los residentes con derecho a ayuda gubernamental.

Cualquier ciudadano americano tiene que estar en contra de abusos y estafas contra la generosidad de Estados Unidos hacia los cubanos que escapan de la dictadura más larga y bochornosa del continente americano, pero eso no debería ser pretexto para castigar a todos los cubanos por inmoralidades y delitos de un grupo de ellos.

¿Cuántos cubanos, al obtener la residencia a través de la Ley de Ajuste Cubano, regresan a Cuba 10 o 12 veces al año, como dicen promotores de las represalias? Con evidencias creíbles, puedo apoyar a los proponentes. Mientras tanto, no hay por qué. Ni tampoco aceptar que todos los cubanos regresan a la isla “al año y un día” de vivir en Estados Unidos. “Al año y un día” lo único que puede hacer un cubano con un parole en EEUU es solicitar residencia, proceso que demora meses. Repetir eso es ignorancia o sevicia.

Si los cubanos disfrutan privilegios que otras nacionalidades no, mejor intentar que las ventajas pudieran recibirlas todos.

Que otras nacionalidades, por cualquier razón, quieran ver a los cubanos sin esas prerrogativas, podría entenderse, aunque no justificarse. Pero que quienes ellos mismos o sus padres disfrutaron de tales privilegios intenten arrancárselos a los cubanos que ahora salen de la Isla, no resulta fácilmente asimilable.

Aunque se sepa que no hay peor cuña que la del mismo palo.


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