Actualizado: 22/10/2019 9:54
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Cartas al próximo presidente de EE UU

Dagoberto Valdés: «No son tácticas sino estrategias lo que Cuba necesita»

A solicitud de CUBAENCUENTRO.com.

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Al Excelentísimo Sr. Presidente de los Estados Unidos de América

Excelencia:

Le presento mis respetos y mi felicitación al inicio de su alta responsabilidad como presidente de los Estados Unidos de América, nación de grandes fundadores que sembraron los más altos ideales de libertad, democracia y progreso.

Tengo en altísima estima al noble pueblo norteamericano, cuyo carácter emprendedor me recuerda a la esencia de mi propio pueblo y cuyos valores morales, familiares, culturales y religiosos, constituyen sin duda una gran reserva ética para la humanidad. Me permito sólo recordar el aporte de las familias y mujeres criollas a la guerra de independencia de Estados Unidos, donando hasta sus joyas para apoyar la gesta libertadora de George Washington. Y la presencia y los trabajos del padre Félix Varela y del apóstol José Martí en la siempre hospitalaria tierra americana. O los millones de cubanos y cubanas que más recientemente han sido acogidos por ese pueblo abierto, plural y laborioso. Espero que esa larga historia pese más que estos últimos cincuenta años.

Ahora, permítame presentarme. Creo que sin el conocimiento de las personas no hay diálogo posible: Soy un cubano de 53 años, tengo tres hijos y vivo en la más occidental de las provincias cubanas, a 148 kilómetros de La Habana. Nací en una sencilla familia de clase media y de arraigados sentimientos religiosos. Creo que esa es la razón por la que me crié y crecí dentro de la Iglesia católica, como un hijo, y en ella recibí el supremo don de la fe y de la libertad de los hijos de Dios. En su seno, como laico, aprendí a ser persona, a vivir en comunidad, a trabajar por la justicia y la paz, a cultivar lo mejor de nuestra cultura y a promover la educación ética y cívica de otros cubanos.

Es esa la razón por la que, con la gracia de Dios y la ayuda de la comunidad cristiana, he podido permanecer en Cuba, ser fiel a mis creencias y dar toda mi vida trabajando por la libertad, la justicia social y la democracia para todos los cubanos sin exclusión.

Por eso quisiera, con todo respeto, presentarle mis expectativas personales acerca de la política norteamericana que Usted, su gobierno y su país, tendrían para Cuba.

- En primer lugar, aunque parezca obvio, desearía que su gobierno diseñara una política exterior con relación a Cuba que fuera eso mismo: una política exterior y no un asunto doméstico.

Quizás, al proyectar, con una nueva perspectiva, esa política exterior con relación a Cuba, pudieran tener en cuenta estos aspectos:

1. Que esas relaciones se restablezcan plenamente entre nuestros dos pueblos y gobiernos sobre los dos pilares que considero indispensables para toda relación internacional: el respeto irrestricto a todos los derechos humanos universalmente reconocidos, y una justa cooperación para el desarrollo. En ese orden y con esa vinculación indisoluble.

2. Que podamos construir, por ambas partes, un clima de serenidad que clausure, para siempre, medio siglo de crispaciones, enfrentamientos y falso distanciamiento entre nuestros dos pueblos que, desde nuestros padres fundadores, mantuvieron los más sinceros lazos de amistad. ¡Necesitamos tanto esa tranquilidad para trabajar de verdad por Cuba!

3. Que esa política exterior con relación a Cuba se construya sobre la base inalienable del respeto a la independencia, la soberanía ciudadana y la integridad territorial y moral de ambas naciones.

4. Que los protagonistas de esas relaciones entre Cuba y Estados Unidos no sean sólo nuestros respectivos gobiernos y parlamentos, sino también entre la pujante sociedad civil norteamericana y la incipiente sociedad civil cubana, como protagonistas de una democracia proactiva, capilar y participativa. Lo considero una prioridad decisiva para el futuro de la gobernabilidad democrática de Cuba.

5. Que, desde ahora, es necesario educar en un marco ético que encauce la interacción de los mejores valores de nuestros pueblos. Nuestras familias, los líderes religiosos, los juristas y los demás educadores, pueden tener un aporte fundamental en este aspecto. No se trata sólo de normas morales o de Derecho, sino de un espíritu de respetuosa convivencia pacífica, solidaria y virtuosa. El multilateralismo y la promoción de la integración regional para el desarrollo deberían ser dos de las muchas facetas de ese marco ético. Brasil y Chile son dos ejemplos de este espíritu.

6. Que los jóvenes y el mundo estudiantil y académico tengan las facilidades para el más amplio y profundo intercambio, con vistas a la rápida actualización de los conocimientos y de nuestros centros educacionales e investigativos. Esto debía ser otra de las prioridades.

7. Que el mundo de la cultura, en su más amplio concepto, goce de las facilidades y canales para el intercambio entre las letras, las artes, la religión, las tradiciones y las mejores escuelas de pensamiento que diferencian e identifican a ambas naciones, promoviendo los puntos convergentes o coincidentes de nuestras respectivas idiosincrasias. Esta debía ser otra de nuestras prioridades.

8. Que el mundo de la economía, las finanzas y el comercio, siguiendo sus propias leyes, en ambos países, abiertos a un mundo globalizado e interdependiente, puedan establecer el intercambio justo y necesario para facilitar que los cubanos podamos reconstruir nuestro País, con eficiencia, justicia social y libertad de mercados, con la debida regulación para evitar errores experimentados en ambos sistemas.

9. Que el mundo de la micro y la mediana empresa encuentre en la reconstrucción de la economía cubana no sólo una prioridad en el marco legal, sino que las relaciones comerciales y financieras entre Cuba y Estados Unidos no entorpezcan el desarrollo de las PYMES, que considero prioridad y garantía para el surgimiento y desarrollo de una clase media empresarial, productiva, solidaria y competitiva. Por poner un ejemplo, Estados Unidos podría aportar su larga experiencia con relación a la Ley antimonopolio.

10. Que las leyes de ambos países tengan muy en cuenta la existencia de más de un millón de cubanos en el exilio y favorezcan la más amplia y libre comunicación, cooperación, intercambio y establecimiento de mecanismos de inversión y migración. De este modo, el enorme potencial de los cubanos y cubanas de todas las edades, ideologías y estatus económico que viven en una Diáspora por todo el mundo, podrá ser un factor positivo, ágil y emprendedor para la reconstrucción económica, empresarial, financiera, educacional, cultural y moral de la Nación cubana a la que pertenecemos todos sus hijos dondequiera que estén. Esta también debería ser un aspecto de alta prioridad y urgencia. Last but not least.

Honorable Sr. Presidente:

Espero que no le haya ocupado demasiado tiempo, sobre todo al inicio de su mandato. Sé que Cuba es un pequeño país al que nosotros queremos mucho. Pero, aunque ocupe el primer lugar en nuestros corazones y expectativas de futuro, debemos tomar conciencia de que existen en este interrelacionado mundo de hoy, conflictos, urgencias y proyectos que ocuparán una prioridad mayor en su apretada agenda presidencial. No obstante, también sé que el gran pueblo de Estados Unidos urgirá su atención para Cuba.

Conozco a muchos que están preguntándose, con razón y derecho, si su País levantará el embargo. Si Usted eliminará las prohibiciones absurdas de comunicación, remesas y viajes entre cubanos y norteamericanos. Y si, por otra parte, seguirá incrementando el comercio con Cuba, siendo como es ya Estados Unidos nuestro quinto socio comercial y el primer suministrador de alimentos a la Isla.

Le digo con honestidad que estuve tentado a comenzar diciéndole lo que pienso sobre estos puntos, pero al considerarlo dos veces me di cuenta de que iba a caer en los mismos errores de viejas tácticas que pertenecen a políticas de confrontación hasta ahora ineficaces en su finalidad y utilísimas en los mass media.

Las respuestas a aquellas preguntas no las obviaré, se deducen de los diez puntos anteriores. No son tácticas sino estrategias a corto, mediano y largo plazo lo que Cuba necesita para sí y en sus relaciones internacionales, sea con Estados Unidos, sea con América Latina, su comunidad cultural propia, o sea con Europa. Si la Unión Europea desea, como dice, ser diferente a ustedes, tendrá que rediseñar toda la arquitectura de sus relaciones con Cuba de una forma coherente, evaluable, transparente y, sobre todo, no manipulada por las ideologías, sino consultada con todo el pueblo cubano y no sólo con los gobiernos actuales o venideros. No sé por qué la Unión Europea y Estados Unidos no pueden ponerse de acuerdo con relación a Cuba como lo han hecho con otros países en situaciones de derechos humanos similares a la nuestra. Esta pregunta sigue hasta hoy sin respuesta para no pocos cubanos: ¿por qué parece que muchos actúan con Cuba de forma tan diferente a cómo tratan a otros países con sistemas autoritarios o totalitarios?

Esta pregunta me lleva siempre al mismo punto clave: ¿Será que todavía los cubanos y las cubanas no hemos avanzado y crecido suficientemente en nuestro propio y largo camino hacia la libertad? Eso me confirma en la certeza de que nosotros somos y debemos "ser los protagonistas de nuestra propia historia personal y nacional" —como nos recordaba el Papa Juan Pablo II en su inolvidable visita a Cuba—.

Él también dijo: "Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba". Y que Cuba se abra a todos los cubanos —dijimos nosotros—. Para eso le estoy escribiendo como un simple ciudadano que tiene tres hijos y una nieta en Cuba. Yo quiero para ellos lo mismo que cualquier norteamericano, europeo o africano desea para su familia y para su pueblo. No más, pero tampoco menos.

Cuba no debe mirar a un solo país o a un solo grupo ideológico, por eso me gustaría que otros cubanos pudieran escribir otras cartas con sus propias y diversas opiniones. Por ejemplo, al presidente de la República de Vanuatu, al presidente Lula de Brasil o al presidente del Gobierno español, a algunos opositores en Corea del Norte y a grupos de la sociedad civil en Haití, a los que también debemos comunicarle nuestros sueños. Me parece que en esto, como en lo esencial, todos somos iguales y todos, no sólo Estados Unidos, ni sólo los gobernantes, podrían contribuir al futuro que decidamos los cubanos.

Mientras le agradezco su atención, reciba, señor presidente, el testimonio de mi más alta consideración, así como mis oraciones por el exitoso desempeño de su mandato y por la felicidad de Usted y de toda su familia, también de parte de la mía.

Sinceramente,

Dagoberto Valdés

*El autor es director de la revista digital 'Convivencia'.


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