Actualizado: 18/10/2019 17:37
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Cambios, Relaciones, Obama

De Heráclito a Obama en permanente renuevo

En Física, según Isaac Newton, toda acción produce una reacción de igual intensidad en sentido contrario. En política ocurre algo similar

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En la campaña para la presidencia de la República de Cuba, en 1944, los partidos Revolucionario Cubano Auténtico y Republicano —presididos por Ramón Grau San Martin y Guillermo Alonso Pujol respectivamente—, a pesar de sus marcadas diferencias se aliaron para vencer al candidato Carlos Saladrigas, apoyado por el Partido Comunista (Partido Socialista Popular ) y por la maquinaria gubernamental. Inconformes con el acuerdo, el ala conservadora republicana reaccionó calificando con los más duros e inmerecidos insultos a su presidente. Pero el sagaz político criollo, sin perder la calma ni la inteligencia, respondió: “La política es permanente renuevo”. Más que una enseñanza, el aforismo acuñado encierra una doctrina política.

Un gesto cívico

La Alianza Auténtica Republicana venció al oficialismo. A los votos que sumó el acuerdo se añadieron los miles de simpatizantes de Grau que no olvidaban las leyes sociales que promulgó durante su breve mandato, en 1933, junto al incorruptible Antonio Guiteras Holmes.

Al conocer el resultado, Saladrigas se dirigió a la residencia de Grau, en las calles J y 17, en El Vedado, y ante la multitud conglomerada, en cívico gesto producto de la madurez, dio a su rival un fraternal abrazo. El renuevo permanente daba sus frutos y Grau recogía la cosecha: el 10 de octubre de 1944 ocupó la silla presidencial.

El precursor

La doctrina del permanente renuevo tiene sus raíces en la antigua ciudad de Efeso. En ella se levantó el Templo de Diana, cuya construcción tardó dos siglos y su destrucción solo horas, pues Eróstrato, el loco de Efeso, le dio fuego para inmortalizar su nombre. Pero la ciudad que escuchó las prédicas de San Pablo no solo fue famosa por Eróstrato y el Templo de Diana. En ella nació el célebre filósofo presocrático cuyo pensamiento marcó a Hegel: Heráclito. El filósofo del “panta rei”. Consciente de que la realidad cambia, Heráclito afirmó: “No me baño dos veces en el mismo río”, queriendo así explicar, de manera gráfica, como el tiempo y el espacio fluyen de modo ineludible en forma de movimiento. Su filosofía del cambio perpetuo tuvo el arte de edificar una doctrina política. Fue Heráclito precursor del permanente renuevo.

Los inicios

En los comienzos de su vida Heráclito se sintió atraído por la política, pues en el año 450 AC, los ciudadanos de Efeso participaban de la actividad pública. Genio al fin, no escapó a “la conjura de los necios”, como la calificara el escritor irlandés Jonathan Swift. Pero Heráclito —de carácter sombrío, melancólico y taciturno— abandonó la política y se consagró a la filosofía. Se fue a vivir al bosque, donde concluyó sus tratados. Regresó a los 60 años de edad para morir de una hidropesía, considerada entonces una “enfermedad filosófica”. Su obra, escrita con deliberada oscuridad, apareció en una de las columnas del templo 167 años después de su muerte.

El libro consta de tres partes: la Física, la Moral y la Política. En Física adoptó el fuego como principio universal; el fuego, que al mismo tiempo crea y destruye. De ahí su doctrina: todo fluye, todo se transforma en creación y permanente renuevo. Porque nada es inmutable en física, en moral o en política; ni las tesis intransigentes, ni las posiciones extremistas, vengan de donde vengan, lo mismo “derecha” o “izquierda”.

El renuevo llega a la Casa Blanca

Para enmendar una vieja política remanente de la guerra fría, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunció el pasado 17 de diciembre el inicio de conversaciones con el gobierno de Cuba para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países, suspendidas hace más de medio siglo. Esta política ha subsistido, en gran medida, por la presión de un grupo de congresistas y senadores, en su mayoría cubanoamericanos, apoyados por un lobby de extrema derecha. La anómala relación incluye un bloqueo/embargo económico, comercial y financiero de carácter extraterritorial contra la Isla, lo que a todas luces resulta inhumano, pues no es justo castigar a todo un pueblo por discrepancias o supuestos errores de su gobierno. Pero el mundo de hoy exige una relación más positiva y civilizada entre vecinos, lo cual ha entendido el mandatario norteamericano.

Acción-Reacción

En Física, según Isaac Newton, toda acción produce una reacción de igual intensidad en sentido contrario. En política ocurre algo similar. El deshielo entre Cuba y Estados Unidos no serían la excepción. Tras el anunció de Obama la extrema derecha republicana, por reflejos pavlovianos contra cualquier propuesta presidencial, reaccionó con igual intensidad en sentido contrario. Pero el pueblo norteamericano, en su gran mayoría —republicanos incluidos— favorecen el cambio por los beneficios que aporta para ambas naciones.

Los intransigentes

En Miami —la Capital del Sol— los intransigentes se unieron al coro de la oposición, y ni cortos ni perezosos (aunque lo segundo está en duda) acudieron a los medios de comunicación. Cargados de emociones más que ideas y desbordando una acidez verbal que produce rechazo inmediato, ratificaron su negativa a toda medida de apertura. “Haré lo posible e imposible para que eso no suceda”, dijo al periódico El Nuevo Herald un senador federal de la Florida, condenando a Heráclito al inmovilismo para complacer a sus electores. Pero sus argumentos llevan el sello de los antiguos inquisidores, pues salvo excepciones, no los mueve el amor constructivo sino el interés personal. Al oponerse al cambio pretenden convertir el tema de las relaciones entre Cuba y EEUU en una querella permanente que les permitan continuar recibiendo jugosos emolumentos.

Resulta lamentable, en la presente controversia, que algunos periodistas y analistas políticos asuman posiciones tan intolerantes que tal parece desean transformar la virtud en odio y rencor. Pecado mayor cuando ésas posturas la adoptan reconocidos intelectuales, conocedores de la historia griega, pues Grecia, para iluminar al mundo, fue ejemplo de mesura, razonamiento, armonía y luz.


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