Actualizado: 28/09/2021 12:27
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¿Desidia o zorrería?

La violencia doméstica campea en la Isla ante la mirada ¿indiferente? del gobierno.

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Quien orina contra el viento suele terminar mojado. Es una máxima de los viejos cubanos que podría servir de consejo para el régimen, a propósito de la violencia doméstica, un tema que mucho preocupa a la prensa independiente, pero al que tan poca atención se le ha brindado en ámbitos oficiales, quizás por la contundencia con que el propio régimen hizo morder el polvo a otra máxima, aquella según la cual: quien no oye consejo, no llega a viejo.

Tal vez resulte un tanto ocioso preguntarse de nuevo hasta qué punto puede ser motivo de alarma (también para el poder, claro) el alto nivel de violencia que hoy se aprecia en los barrios pobres de La Habana, muy particularmente entre los jóvenes.

Se supone que nadie honestamente interesado en nuestra situación desconozca a estas alturas que cuando nos referimos a los pobres de la capital del país (que algunos cándidos y muchos hipócritas llaman, desde allá lejos, "ejemplo de resistencia") estamos hablando de miles, cientos de miles de cuarterías donde habitan hasta más de diez personas en una sola habitación.

Hablamos de barrios insalubres y sin agua corriente, de penurias múltiples, de suciedades, de inopia, de gente amargada que cuando no consigue huir por mar sobre los más inimaginables objetos flotantes, busca escapes mediante el alcohol u otros vicios. Hablamos de desempleo, o de empleos cuyos salarios no alcanzan ni para el desayuno, ya que su objetivo no parece ser que la gente trabaje y pueda vivir decentemente de su esfuerzo, sino que aparezca en nómina para justificar los gráficos de la propaganda gubernamental.

Hablamos de hombres que le pegan sin contemplación a sus mujeres, que se enredan entre ellos a trompadas o a machetazos por cualquier sencillez, debido a que la furia y el fracaso y la impotencia los están reventando. Hablamos de los desesperanzados, los perdedores crónicos (gran mayoría) de una pequeña isla que ha escalado el primer lugar en los índices de suicidios de todo el hemisferio, según la Organización Panamericana de la Salud.

Ese es, en apretada síntesis, el trasfondo de nuestra violencia doméstica, encuadrada dentro de un paisaje que no se diferencia en mucho al de otros sitios del planeta. Sólo que aquellos otros sitios no suelen ser propagandizados como referencias modélicas ni como faros de los nuevos tiempos.

Desafío doble

En fin, a lo que íbamos: ¿En verdad representa este fenómeno algún peligro, real o potencial, pero en cualquier caso latente para el poder totalitario en Cuba? E independientemente de que lo fuera o no, ¿habrá desidia o zorrería detrás de la actitud pasiva conque el régimen aparenta estar asumiéndolo?

Por momentos da la impresión de que no lo considera una amenaza (digamos inmediata) para sus planes. Y eso que ellos han demostrado conocer mejor que nadie el poder de la violencia, los resortes que la mueven y también sus consecuencias, no siempre previsibles. Esto casi obliga a rechazar de plano la idea de que no estén evaluando el fenómeno como lo que es: un desafío también para ellos. Incluso un desafío doble: por lo que concentra en sí mismo y por el tremendo peligro que implica no considerarlo peligroso.

Verdad que se han acostumbrado a que el pueblo acepte sus desgracias sin protestar. Y que no sin razón se sienten seguros de su poder sobre la gente. Cría fama y acuéstate a dormir, asegura otra máxima, con la que sin duda les ha ido mejor.


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