Actualizado: 16/08/2019 16:52
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Diáspora, Exilio

Diáspora y destierro

La aplastante mayoría de la diáspora cubana es de hecho desterrada, según las leyes cubanas, ya que sus miembros no puede regresar a asentarse al país donde nacieron y requieren de autorización para visitarlo

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Agradezco la contribución hecha por Alejandro Armengol al actual debate sobre el concepto que mejor identifica a la masa de cubanos que hoy vive en el exterior. Sin duda este es un tema central y a menudo mal tratado que genera continuos debates que a veces hacen olvidar hacia dónde hay que dirigir las pasiones que levanta. Voy a permitirme, apenas a título complementario, agregar algo a lo ya dicho por el autor en su artículo Diáspora y exilio.

Los conceptos no son estáticos, sino evolucionan según el uso que se les da, y con ello cambian también quienes los abrazan o desechan.

El termino de diáspora efectivamente fue empleado en su origen para calificar la dispersión masiva que supuso el éxodo judío para escapar a sus opresores (cruzar el Mar Rojo para escapar la esclavitud en Egipto era en aquel tiempo una opción desesperada, como lo fue después escapar de Europa ante el avance nazi). También fue usado el concepto para describir otras circunstancias en las que la opción personal no jugaba un papel en el desplazamiento físico, como fue la captura y exportación forzada y masiva de africanos como esclavos a las Américas.

Pero en 1986 Gabriel Sheffer publicó su libro Un nuevo campo de estudios: las diásporas modernas en las relaciones políticas internacionales y desde entonces el término se emplea para calificar a grupos étnicos de origen migrante que residen y actúan en sus países de acogida, pero mantienen fuertes lazos sentimentales y materiales con sus países de origen. Visto desde esa perspectiva, hoy predominante en la literatura académica sobre migraciones, el concepto se ajusta mejor para describir la actual realidad de una masa significativa de cubanos que por muy diversas razones se marchan de su país pero mantienen fluidas relaciones con la Isla.

Todos los cubanos que migran —o sea, que se desplazan físicamente de un país a otro— son emigrados. Migrar es un concepto que describe un desplazamiento en espacio y no alude a la motivación detrás de ese acto. Hay infinitas razones para migrar. Las causas que motivan ese desplazamiento y el status legal que usan para ser acogidos en el nuevo país es el que decide si son exiliados (personas que por razones de conciencia deciden irse de Cuba) y de entre ellos si son asilados o refugiados (si temerosos de ser devueltos a Cuba solicitaron el asilo como refugio político). La contraposición entre los conceptos exilio y emigración es propia de debates ideológicos, pero no se aviene al contenido real de esas categorías, las cuales no son contradictorias y pueden resultar complementarias según el caso. El debate sobre ese punto terminológico se ha politizado porque unos y otros desean reflejar que la inmensa mayoría o totalidad de esa masa de migrantes lo hace por razones políticas o económicas. Ese es un debate válido y necesario, pero que no invalida el hecho de que migrantes son todos.

Tiene razón Armengol cuando recuerda que La Habana, en su ignorancia habitual, usó en algún momento el término de diáspora, para evitar emplear el de exilio, sin percatarse de que el origen de ese concepto estaba vinculado a masas de personas que escapaban de la opresión (judíos) o eran forzados a salir de su territorio (africanos). Al parecer alguien les llamó la atención porque ahora critican y sospechan de todos aquellos que usamos ese concepto e insisten en que solamente se hable de comunidad cubana en el exterior que es el único políticamente correcto a su entender.

Los que hoy usamos el concepto de diáspora para referirnos a los cubanos lo hacemos precisando que al interior de esa masa de personas hay una zona significativa de exiliados, o sea de personas que han emigrado por razones de conciencia. Entre ellos muchos se acogieron al asilo y refugio políticos en otros países para asegurarse de no ser devueltos y poder legalizar su status si arribaron sin visa. También hay personas —estén conscientes o no de ello— que salieron forzados por el creciente deterioro de la vida cotidiana generado por un régimen de gobernabilidad que bloquea su creatividad y proyectos de vida. Al no ver con claridad esa conexión se consideran a sí mismas emigrados económicos, pero es debatible si en realidad pueden ser considerados como tales por el simple hecho de que no tengan conciencia de la conexión que existe entre el sistema político y económico con la miseria de la que intentaban escapar.

Lo curioso es que, sea cual sea el motivo de su partida de Cuba, el grado de conciencia que tengan sobre la relación entre las causas políticas y las económicas que los empujaron a salir, el país que eligieran para asentarse, el status legal con el que entraron al nuevo país (en el caso de EEUU pudiera ser un emigrado beneficiado con las 20.000 visas anuales de migrantes, haberse acogido al ajuste cubano o haber solicitado asilo político), la aplastante mayoría de esa diáspora es de hecho desterrada según las leyes cubanas vigentes. Son desterrados que no pueden regresar a asentarse al país donde nacieron y requieren de autorización para visitarlo, la cual puede ser negada en cualquier momento y sin que medie explicación alguna.

En conclusión: las actuales leyes migratorias cubanas son ante todo leyes de destierro para aquellos que optan por asentarse en EEUU u otro país. Los permisos de residencia en el exterior son —por muchas que sean las personas que hoy ya lo reciban— otorgados a discreción del Estado y junto a los permisos de entrada son dádivas gubernamentales para incentivar el comportamiento apolítico y acrítico de los emigrados.

Este y no otro debería ser hoy el centro del debate.

Para quienes anden en busca de un concepto que resulte ampliamente aglutinador y albergue dudas sobre aquellos términos que usualmente se manejan —diáspora, exilio, emigración, comunidad en el exterior o cualquier otro— el de destierro podría resultarles bastante abarcador. El destierro es una condición que se aplica por igual a todos los cubanos, por muy simpatizantes que sean del Gobierno en la Isla, porque la llamada habilitación del pasaporte no es sino un salvoconducto revocable para visitar el país en que se nació.

Exigir el fin de las leyes de destierro es el meollo de la cuestión que distingue a los abolicionistas que exigimos su fin —con la aplicación de los artículos 9 y del 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos— de los reformistas que promueven una legislación más flexible con diezmos más baratos.


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