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Encuesta, Exilio, Embargo

El 68 % de cubanos en Miami favorece restablecimiento de relaciones con Cuba

El estudio, que lleva años realizándose, y que demuestra un cambio demográfico y político, vuelve a levantar polémica

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Décadas atrás, corrió por Miami el rumor de que el entonces gobernante cubano Fidel Castro había muerto. La “bola” creció por horas y un programa en una emisora de radio de la ciudad abrió los micrófonos. Llovieron las llamadas de oyentes que “confirmaban la información”. Uno llegó a decir que lo habían llamado desde Washington DC, y que en la Oficina de Intereses en la capital estadounidense estaban quemando documentos. “El humo sale por las ventanas”, dijo. De pronto apareció un cable de la Associated Press, que daba cuenta que la noche anterior Castro había asistido a una recepción en la Embajada de México en La Habana. La conductora del programa lo leyó, pero a continuación enfatizó que ella no creía en las agencias de cable, porque todas “eran comunistas”. A partir de ese momento, todos los que llamaron se limitaron a decir que, efectivamente, las agencias cablegráficas eran “nidos de comunistas”.

Hoy la emisora de radio ha cambiado de nombre, por otro sin referencia alguna a Cuba; la presentadora falleció hace muchos años y las agencias de cables siguen enviando informaciones. Ah, y Fidel Castro está vivo.

Durante años también, una encuesta que realiza la Universidad Internacional de la Florida (FIU) ha encontrado las mismas reticencias y sospechas en cierto sector de la comunidad exiliada de esta ciudad. No es, por otra parte, que los resultados del sondeo vayan a producir cambios inmediatos. Es simplemente una tendencia arraigada en un círculo de poder del exilio, a negarse a escuchar informaciones que no resultan gratas.

Ello, por supuesto, no excluye la posibilidad —mejor sería decir la necesidad— de analizar los resultados obtenidos en la medición, pero a partir de reconocer tanto que el estudio lleva años realizándose, y que demuestra un cambio demográfico y político, no solo en el sur de la Florida como en la nación, así como sus límites.

Los cubanoamericanos en el condado de Miami-Dade apoyan la flexibilización de la política de línea dura adoptada por Estados Unidos contra el gobierno cubano durante la guerra fría. Incluso una mayoría está dispuesta a aceptar una relación más estrecha entre los dos países, según un sondeo.

Esta mayoría está a favor de restablecer relaciones diplomáticas con Cuba y eliminar todas las restricciones de viajes a la Isla, expresan los datos dados a conocer el martes en esta ciudad, informa notimerica.com.

El 68 % de los encuestados favorece el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba y el mantenimiento o ampliación de las relaciones de negocios entre ambos países, en especial la venta de medicinas (82 %) y de alimentos (77 %).

Los datos muestran que los inmigrantes cubanos que han llegado recientemente, y los más jóvenes, están más interesados en una relación más fluida con la Isla, que quienes arribaron en las primeras olas migratorias a partir de 1959.

El FIU Cuba Poll, como se le conoce a este estudio desde que comenzara en 1991, reportó que el 71 % de todos los encuestados cree que el embargo “no ha funcionado nada” o “no ha funcionado muy bien”, aunque solo el 52 % favorece eliminarlo, según lo publicado en El Nuevo Herald.

Sin embargo entre los votantes registrados, la relación se invierte y el 49 % se opone a mantener el embargo, mientras el 51 % lo apoya.

Estas cifras expresan una diferencia menor, entre ambas posiciones, que las de una encuesta del Miami Herald publicada la semana pasada, en la que el margen era de 56 %-36 %, a favor del embargo, entre los votantes cubanos entrevistados.

El estudio de FIU fue realizado por los profesores Guillermo J. Grenier y Hugh Gladwin, con una muestra de mil cubanos residentes en el condado, sin diferenciar si eran votantes registrados o no. La empresa encuestadora a la que el Miami Herald encargó su estudio, Bendixen & Amandi International, trabajó con una muestra más pequeña, de 305 votantes cubanos, y un margen de error de 4.6 puntos.

Aunque en ambos casos se trata de encuestas telefónicas, donde se seleccionó al azar a los entrevistados, la de Bendixen & Amandi tomó como muestra la lista de votantes de Miami-Dade, mientras que FIU llamó aleatoriamente a residentes del condado y les pidió autoidentificarse como ciudadanos o no, y luego como votantes registrados o no registrados.

Sobre la creciente oposición al embargo, los investigadores de FIU señalaron que esta responde no solo a “la frustración de los exiliados sobre la incapacidad de esta medida de generar cambios en la Isla” sino también “al profundo cambio demográfico” en la composición de la población de origen cubano que reside en Miami, de acuerdo a lo publicado en El Nuevo Herald.

Actualmente más de un tercio de todos los cubanoamericanos residentes en el condado de Miami Dade llegaron a partir de 1995, pero solo el 31 por ciento de estos son votantes.

Se trata de una “recubanización de Miami”, que según Grenier, profesor de sociología de FIU, traerá cambios importantes en la política, una vez que los recién llegados puedan votar.

El estudio de FIU fue financiado por el Grupo Trimpa, una firma consultora con sede en Denver que promueve el cambio social, y Open Society Foundations, que financia causas de políticas públicas.

Grenier ha indicado que los resultados podrían llevar al Gobierno de Barack Obama a revisar la política de EEUU hacia Cuba, permitiendo más viajes y actividad comercial para ayudar al emergente sector privado.

“No hay razón para seguir temiendo a la reacción política sobre la política hacia Cuba”, dijo Grenier a la agencia Reuters en una entrevista.

Disminuye el apoyo al embargo

El apoyo al embargo ha ido disminuyendo casi hasta la mitad desde la primera edición de la encuesta de FIU en 1991. En ese año el 87 % de los encuestados estaba a favor de esta política. Sin embargo, a partir de 2008 crece la tendencia opuesta, cuando el apoyo disminuyó hasta el 45 %. La cifra escaló al 56 % en noviembre de 2011, pero volvió a descender hasta los números actuales.

Un patrón histórico similar sigue el apoyo a los viajes sin restricciones.

En esta edición del sondeo, el 69 % de los encuestados —y entre ellos el 58 % de los votantes— favorece la eliminación de las restricciones de viaje a todos los ciudadanos y residentes permanentes en EEUU.

Por otra parte, el 63 % de todos los encuestados y el 70 % de los votantes registrados también está de acuerdo en mantener a Cuba en la lista de los países que apoyan el terrorismo.

Solo la mayoría de los jóvenes, entre 18 y 29, el 65 %, cree que Cuba debe ser eliminada de esta lista que incluye a Irán, Sudán y Siria, lo que según los investigadores responde a que los cubanos quieren incrementar los contactos pueblo a pueblo sin dejar de hacer presión al Gobierno.

La actual política migratoria hacia los cubanos cuenta también con un amplio respaldo. La política de “pies secos-pies mojados”, que da entrada al país a quienes pisan su territorio pero la impide a quienes son interceptados en el mar, es apoyada por el 63 % en total, el 77 % de los más jóvenes y el 71 % de los ciudadanos que no están registrados para votar.

La Ley de Ajuste cubano obtuvo cifras aún más favorables, del 86 %. Los resultados son consistentes en los distintos grupos pues tanto el 92 % de los inmigrantes más recientes como el 64 % de quienes llegaron entre 1959 y 1964 la respaldan, así como el 80 % de los votantes registrados.

Las cifras muestran como actúan ciertas palabras y conceptos, que tienen una carga política y hasta emocional en la comunidad cubana. No hay igual implicación política entre declararse en contra o a favor del embargo y manifestar que se está de acuerdo con los viajes a la Isla y el envío de medicinas. No cabe duda que desde criterios políticos hasta el temor en una comunidad tan polarizada, y con una carga ideológica y política tan intensa, como es el exilio de Miami, ha influido en las respuestas.

Se puede afirmar entonces que se mantiene una diferencias entre los aspectos prácticos y del día a día, en la relación entre los cubanos que viven en ambas orillas, y las posibles implicaciones de declararse a favor o en contra del embargo, aunque sea a través de una llamada telefónica.

Los candidatos políticos y su posición con respecto a Cuba

El 64 % de los votantes consideró “muy importante” o “moderadamente importante” la posición de un candidato político hacia Cuba, a la hora de decidir su voto. No obstante, Grenier explicó que no se preguntó sobre otras prioridades, por lo que es posible que la significación del tema cubano para los votantes varíe en dependencia del contexto de las preguntas.

Según esta encuesta, el 53 % estaría dispuesto a votar por un candidato que propusiera restablecer las relaciones diplomáticas con Cuba.

La distribución de las respuestas varía ostensiblemente por edad y año de llegada: solo el 41 % de los votantes que llegaron en los primeros años de la década del 60 del siglo pasado y el 34 % de los mayores de 65 años dijeron que era “muy probable” o “algo probable”, frente al 62 % de quienes salieron de Cuba después de 1995 y el 75 % de los más votantes más jóvenes.

Asimismo, los votantes cubanoamericanos estarían dispuestos a apoyar candidatos que propusieran reemplazar el embargo con otras medidas, como el apoyo a los trabajadores por cuenta propia (57 %) o mayor presión sobre el gobierno cubano en materia de derechos humanos (81 %).

Según Grenier, las respuestas indican que los cubanos en el sur de la Florida están a favor de intentar nuevas políticas hacia Cuba, siempre que incluyan medidas de presión sobre el gobierno cubano para lograr cambios en el país.

De acuerdo con los datos del estudio, solo el 34 % de los votantes cubanos encuestados manifestaron haber votado por la reelección del presidente Barack Obama en 2012, lo que contradice a otros encuestadores que sitúan esta cifra alrededor del 48 %.

En las dos últimas elecciones presidenciales, Obama ganó el condado Miami-Dade.

Los resultados publicados no permiten conocer cómo varían estas opiniones en dependencia de si los encuestados nacieron en Cuba o en EEUU, pues estos datos no han sido tabulados.

Cambios en Cuba

Acerca de la posibilidad de cambios políticos en Cuba, el 34 % de los encuestados cree que nunca ocurrirán. La generación que salió de la Isla entre 1959 y 1964 es la más escéptica: la mitad cree que nunca verán los cambios. Sin embargo, también la mitad, pero de todos los encuestados, sí prevé cambios en el futuro, en un período comprendido entre los dos años hasta una década, lo que ilustra la incertidumbre que rodea a la realidad política del país.

Con respecto a los datos de 2011, se nota una mayor disposición a invertir en la Isla, si hubiera la oportunidad. En ese año, solo el 19 % respondió que invertiría en Cuba, frente al 52 % en esta edición.

La encuesta también confirma los resultados de otros estudios acerca de la distribución de los envíos de remesas. Solo el 48 % respondió que envía dinero o tiene familiares que envía dinero a Cuba, pero quienes más remiten (65 %) son los emigrados más recientes y que tienen menos recursos.

Esta encuesta incluye preguntas semejantes en cada edición, por lo que permite seguir la evolución de las tendencias políticas de los cubanoamericanos en el tiempo.

Sobre el financiamiento que la encuesta recibió, por parte de Trimpa Group y la Open Society Foundation, Grenier negó que estos grupos influyeran en los resultados de la investigación, como se ha dicho en esta ciudad.

“Nosotros íbamos a hacer la encuesta de cualquier forma y estamos contentos de haber recibido el financiamiento. Siempre hacemos las mismas preguntas, así que sugerir siquiera esta influencia es un insulto”, concluyó.

Resignación y desencanto

Los hallazgos de las encuestas de FIU siempre han generado la polémica y el rechazo del sector de “línea dura” del exilio, ya que una y otra vez demuestran la ausencia de un exilio monolítico e intransigente. Aunque los resultados son tan diversos que cada grupo político puede esgrimir cifras en apoyo de sus planteamientos.

Lo que denuesta esa diversidad en las respuesta es una especie de “esquizofrenia”, usual en las encuestas —la cual señala Sebastián Arcos, subdirector del Cuban Research Institute (CRI) de FIU—, pero también la existencia de un exilio donde cada vez imperan más la resignación y el desencanto sobre un posible fin inmediato del régimen de los hermanos Castro, además del aumento en el apoyo a la ayuda hacia quienes viven en la Isla y las medidas que permiten la venta de alimentos y medicinas.

Voces en contra

Como se esperaba, la más fuerte reacción contraria a la encuesta vino de voces emblemáticas del llamado “exilio histórico”.

La representante federal Ileana Ros-Lehtinen declaró que la encuesta era “engañosa” y agregó que “levantar las sanciones al régimen totalitario de La Habana no ayuda a la causa de la libertad de los cubanos”.

Ros-Lehtinen no entra en las razones por las cuales considera “engañoso” el sondeo, al menos de acuerdo a lo aparecido en El Nuevo Herald, mientras que su conocida posición a favor de las sanciones al régimen de La Habana es una convicción política —y hasta de fe— que se puede compartir, pero que no anula la existencia de criterios divergentes, como muestra el estudio de FIU.

Por su parte, la comentarista radial Ninoska Pérez Castelló expresó su desacuerdo con esas cifras y afirmó que “en Miami, no existe un solo político que diga que se opone al embargo y salga electo”.

De acuerdo al último sondeo del Miami Herald, el aspirante a la candidatura demócrata a la gobernación del estado, Charlie Crist, ganaría el condado por un margen de 12 puntos, por encima del actual titular republicano Rick Scott, si las elecciones se celebraran hoy.

Crist no solo se ha manifestado en contra del embargo sino ha expresado su interés en viajar a Cuba.

Diferencias y semejanzas

Sin embargo, lo que más claro evidencian estas dos últimas encuestas no son las diferencias entre los exiliados llegados entre 1959 y 1964 y los que arribaron después de 1985, que por supuesto existen.

Las discrepancias fundamentales no radican en el rechazo o el apoyo al embargo, la inclusión de Cuba en la Lista de Países Terroristas y la mayor presión sobre el gobierno cubano en materia de derechos humanos, sino en el restablecimiento de relaciones diplomáticas (Washington no solo tiene vínculos con países amigos sino también con otros que no lo son), el mantenimiento o ampliación de las relaciones de negocios entre ambos países, y en especial la venta de medicinas y de alimentos (77 %).

Cuestiones más cotidianas: las remesas, los viajes a la Isla, las ventas de alimentos y medicinas y los conciertos en Miami de artistas residentes en la Isla son desde hace años lo que más interesa a las nuevas generaciones de cubanos que llegan al sur de la Florida.

No se trata de un enfrentamiento ideológico entre sectores del exilio, sino de puntos de vista divergentes en aspectos magnificados por el sector más intransigente. Solo en la posibilidad del restablecimiento de relaciones entre EEUU y el gobierno cubano estas disimilitudes adquieren una clara dimensión política.

El estancamiento de la situación en la Isla. La renuencia total a cualquier tipo de solución negociada, por parte del gobernante cubano, hace que el mantenimiento del embargo mantenga aún vigencia dentro de una parte del exilio, pero frente a esta actitud cobra cada vez mayor fuerza tanto la imposibilidad real e inmediata de que este embargo se materialice con mayor fuerza, como el hecho de los resultados pobres o nulos de la medida, en lo que se refiere a un logro de un cambio democrático en Cuba.

Es también esta falta de una alternativa la que permite entender el apoyo con el que aun cuenta el mantenimiento del embargo, aunque a través de diversos sondeos se ha ido reduciendo la cifra de los que creen que éste ha funcionado.

¿Cambio generacional?

La clave en esta compleja situación no la resuelven estos dos últimos sondeos —ni fue su objetivo— y radica en si de verdad se materializará en fuerza política la actitud, los planteamientos y los intereses de las nuevas generaciones de cubanoamericanos, en especial los llegados a este país y que no han nacido aquí.

En este sentido, es importante distinguir entre crecimiento de presencia demográfica y aumento de poder político. Hasta el momento, el cambio demográfico en el exilio ha tenido poca incidencia en la política hacia Cuba por parte de Washington.

Tanto por el hecho de que los recién llegados cuentan con un lógico poder económico limitado en cuanto a los trabajos que desempeñan –y a los cuales han tenido que adaptarse en un país con otro idioma y al que llegan con una preparación profesional y académica diferente a la necesaria aquí para desempeñar labores más especializadas, y por lo tanto más lucrativas, y sin recursos para convertirse en empresarios—, como por el hecho de que es un sector del exilio que revierte parte de sus ingresos en la Isla y no en el país que los acogió, su poder de cabildeo es prácticamente nulo.

A esto se debe agregar que, en cuanto a figuras políticas, el relevo generacional se ha producido dentro del llamado “exilio histórico”, no con la entrada en la política local, estatal y nacional de representantes del exilio más reciente.

Esto reduce al poder del voto la posible influencia que el nuevo exilio podría tener. Hasta ahora todo hacía pensar que esta incorporación al país, como ciudadanos estadounidenses —y por supuesto, como posibles votantes— era limitada y a pasos lentos.

Sin embargo, una información muy interesante aparecida en el blog Café Fuerte, y que no ha tenido la repercusión que debiera, muestra otro panorama.

“Más de 30 mil cubanos obtuvieron la ciudadanía estadounidense durante el pasado año, elevando a un cuarto de millón la cifra de inmigrantes de la Isla que consiguieron naturalizarse en EEUU en lo que va de siglo, según estadísticas oficiales”, informa la periodista Ivette Leyva Martínez en Café Fuerte.

“De acuerdo con el Informe Anual sobre Naturalización (Annual Flow Report 2013), publicado por el Departamento de Seguridad Interna (DHS), un total de 30.482 cubanos se naturalizaron en el año fiscal 2013, lo que los sitúa como el sexto grupo nacional con mayor cantidad de ciudadanías alcanzadas en el período”, agrega el artículo de Leyva Martínez.

La cifra de naturalización de personas de origen cubano el pasado año es la tercera mayor desde 2008, cuando 39.871 nacidos en la Isla cumplieron con los requisitos de ciudadanía. Este número supera ampliamente el promedio de inmigrantes legales que anualmente viaja a EEUU bajo los acuerdos establecidos entre La Habana y Washington en 1994 y 1995. Adicionalmente, más de 10 mil cubanos llegan cada año a través de la frontera mexicana o en operaciones marítimas ilegales hacia las costas de Florida, siempre de acuerdo a Café Fuerte.

El número de cubanos que recibió la ciudadanía desde 2001 se eleva a 250.906, llegando a un cuarto de millón en los primeros 13 años del presente siglo.

De acuerdo con el Censo 2012, hay 1,8 millones de cubanos residentes en EEUU, de ellos 1,2 radicados en el estado de Florida, agrega Café Fuerte.

Esto revela que los cubanos que llegan a EEUU no solo regresan en poco tiempo de visita a Cuba y envían remesas, sino también se hacen ciudadanos estadounidenses y han adoptado a este país como su lugar de residencia permanente.

Por supuesto que las cifras no permiten definir cuántos de ellos votarán en las próximas elecciones, el número que elegirá a cada candidato de los dos partidos tradicionales o la cantidad que favorece o se opone al embargo, pero sí indica que el cambio demográfico también tendrá, a largo plazo, un significado político.

Cambios dentro del “exilio histórico”

Por lo pronto, el factor que ha incrementado el debate sobre el embargo y los vínculos entre Washington y La Habana no obedece a un cambio demográfico, producto de los recién llegados, sino a otro dentro de lo que se podría llamar el exilio tradicional.

Es la insistencia creciente, por parte incluso de conocidas y poderosas figuras dentro de la comunidad cubana, de explorar nuevas vías que vayan más allá del vetusto embargo.

En este sentido, estas dos encuestas se constituyen en referencia estadística que dicho sector incorporará de inmediato a sus demandas.

Así las encuestas actuarán como caja de resonancia —y es lo que más molesta a sus detractores—, pero es muy difícil que se conviertan en factores de cambio por sí mismas.

Como en ocasiones anteriores, tendrán un alcance limitado y no hay muchas posibilidades de que vayan más allá de propiciar el debate sobre el embargo, mayormente en esta ciudad.

Esto no disminuye un ápice el hecho de que una vez más sale a relucir una realidad que distintos factores de poder en esta ciudad tratan de detener o al menos opacar. Los cambios en Cuba son pocos, limitados y se reducen a ciertos aspectos económicos, pero los del exilio son cada vez más diversos.


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