Actualizado: 21/07/2019 2:08
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Embargo, EEUU

El bloqueo/embargo y el diálogo condicionado

El gobierno cubano es responsable de sus políticas exteriores e interiores. Si todas están dictadas como respuesta a la posición de EEUU, ¿de qué soberanía estamos hablando?

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La tendencia de la globalización hace pensar a muchos autores en una pérdida de soberanía de los Estados para manejar sus asuntos internos. Sin embargo, la otra cara de la moneda es que los gobiernos siguen siendo responsables de las maneras en que manejan la interdependencia con sus pares internacionales para defender los intereses nacionales. Si les sustraemos esta responsabilidad, la obsolescencia de los Estados y los políticos nos plantearía la necesidad de prescindir de ellos de manera definitiva y crear una ciudadanía universal carente de Estados. Algunos síntomas de esta tendencia se están dando en la práctica, pero nos queda largo tiempo con la estructura del Estado-Nación y por ello la responsabilidad de los gobiernos nacionales para gerenciar del mejor modo los intereses de sus ciudadanos seguirá siendo la demanda fundamental de sus poblaciones.

Lo que podemos constatar en el caso cubano es que la agenda del gobierno va en una dirección y la de la inmensa mayoría de la población en otra. Si revisamos las Encuestas de Freedom House de 2008, la del IRI de abril de 2011 y el resultado de las propuestas populares sobre los Lineamientos del VI Congreso del PCC, todas estas consultas populares muestran que los intereses más importantes de la población cubana están en los obstáculos a la reproducción de la vida cotidiana —salarios, comida, transporte, vivienda, educación y salud—.

La encuesta del IRI señala como sexto lugar en los problemas que más preocupan a los cubanos el embargo/bloqueo y sólo el 3,5 % de la población encuestada lo señala entre los problemas que más le afectan.

Una mayoría de los grupos políticos de orientación liberal y la totalidad de los grupos de izquierda en la Isla consideran inadmisible el embargo/bloqueo porque es una política injerencista en los asuntos internos de Cuba y porque, a la vez, es una política que castiga a la población pero no al gobierno. La diferencia entre el gobierno cubano y sus ciudadanos es que para el gobierno el punto uno de su agenda política es la normalización de las relaciones entre los dos Estados y el resto de la ciudadanía entiende que este es un problema en el cual no decide y, aunque injusto, no está en su prioridad.

Si los procesos de rendición de cuenta de los funcionarios públicos y de los elegidos en las elecciones en Cuba funcionaran, la ciudadanía podría pedir cuenta de las gestiones que se han hecho para facilitar un entendimiento entre las dos naciones. Pero esto forma parte de una agenda de democratización que no es prioridad del gobierno cubano. De esta manera se enajena a la población cubana para incidir en la política de enfrentamiento entre los dos países y la ciudadanía en respuesta lo coloca en algún punto de su agenda pero no es su prioridad.

Pensar que la historia del diferendo entre Cuba y Estados Unidos no lo han podido resolver los gobiernos cubanos desde 1902 a 2011, parece indicar que es un problema de largo aliento y que todas las élites políticas cubanas tendrán que rendir cuenta de sus avances y retrocesos.

Pero supeditar la resolución de este problema a los cambios internos y la discusión sobre ellos, sigue siendo una política errada del gobierno cubano, cada vez menos representativo de los intereses de sus ciudadanos.

El gobierno cubano es responsable de sus políticas exteriores e interiores. Si todas están dictadas como respuesta a la posición de EEUU, ¿de qué soberanía estamos hablando?

Algunos intelectuales orgánicos y otros en la emigración también entienden que la normalización de las relaciones debe ser el punto uno de la agenda política como condición de cualquier diálogo entre los ciudadanos cubanos dentro de la Isla y en el exterior. En este sentido, imponen a los ciudadanos cubanos la misma política imperial que el lobby republicano cubano norteamericano le aplica al gobierno cubano. Siempre es un diálogo condicionado, supeditado a las agendas de los que propician desde Washington o desde La Habana, el enfrentamiento desde hace más de medio siglo. De esta manera, entienden el diálogo alineado a las políticas de los gobiernos y de los cabilderos que las propician para desconocer los intereses de la ciudadanía.

El problema de esta posición es que tiene una lectura dicotómica de los ciudadanos. Todos los que no tengan en su agenda como número uno la normalización de las relaciones entre los dos Estados se convierten en plattistas por obra y gracia de esta visión maniquea de la realidad. Ya el asunto no es si se está a favor o en contra del bloqueo/embargo sino que la condición para no ser considerado plattista es que el punto inicial de la agenda política debe ser el pronunciamiento contra el imperialismo o la lucha contra el embargo/bloqueo.

Es la posición que nos plantea el intelectual Arturo López Levy en el orden de la agenda política: “En política el orden de los factores altera el producto. Elimínese el embargo y las medidas coercitivas externas y se hará más legítima y transparente la preocupación, el escrutinio y la denuncia sobre derechos humanos en Cuba”.

El intelectual orgánico Jesús Arboleya Cervera, en su artículo “El diálogo entre cubanos”, nos dice:

“Pero incluso los llamados ‘moderados’, aquellos que se dicen favorables al diálogo, lo hacen en la mayor parte de los casos partiendo de premisas que desvirtúan su naturaleza, toda vez que su principal argumento no es buscar un entendimiento, sino adoptar una táctica más eficiente para destruir al otro, y eso no es diálogo, al menos como lo define la Real Academia de la Lengua Española”.

En su artículo no hay separación entre los gobiernos y los ciudadanos, y por lo tanto, “los moderados” son sospechosos de conspirar contra la soberanía del país y esto sería así porque en el párrafo siguiente se refiere a la ley Torricelli. “Moderados” y gobierno norteamericano son lo mismo, y “el diálogo entre cubanos” sería igual al diálogo entre los gobiernos de EEUU y Cuba.

Siguiendo esta lógica, le exige a los moderados: “Se puede ser socialista o no serlo, pero para hablar entre cubanos hay que ser antiimperialista. Ese es el dilema de los moderados”.

Si continuamos el absurdo de esta confusión entre los ciudadanos y los gobiernos, si el gobierno de Estados Unidos fue el que aprobó la ley Torricelli, la condición para el diálogo entre los cubanos es que el gobierno de EEUU se pronuncie contra el imperialismo, una condición por la que deberemos esperar los cubanos para comenzar el diálogo entre nosotros.

Siguiendo la lógica de las prioridades en la agenda, en la cual, “en política el orden de los factores altera el producto”, parece ser que la ciudadanía cubana tendría inclinaciones plattistas porque en su agenda el problema del embargo/ bloqueo no está entre sus prioridades.

Resulta que ambas posiciones, hablando de diálogo, lo condicionan de tal manera que lo hacen imposible.


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