Actualizado: 22/11/2019 16:09
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Cinco Espías, Exilio, Represión, René González

El espía, su permiso de salida, y la libertad condicional de los cubanos

¿Por qué dejar, una vez más, que el régimen gane la batalla de la propaganda?

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El estadounidense por nacimiento y espía cubano, René González, que cumple tres años de libertad provisional en Estados Unidos, ha solicitado autorización para viajar a Cuba en lo que normalmente se califica como un “caso humanitario”: visitar a un hermano que padece cáncer de pulmón y un tumor maligno en el cerebro.

Se trata, en efecto, de una situación humanitaria. Y una vez más, un régimen totalitario hurga en los resquicios de una sociedad democrática para beneficiarse con reglas del juego diseñadas para instituciones libres y utilizarlas en su provecho con fines de propaganda, como evidentemente haría si el espía viajase a Cuba. A la vez, se crea una situación donde lo que más le convendría al Gobierno cubano es que tal viaje no fuese autorizado. Es decir, en cualquiera de los resultados posibles la dictadura se beneficiaría con la propaganda.

El hecho de que miles de exiliados, ante casos humanitarios similares, no hayan recibido autorización del régimen para visitar a sus familiares por unos días, no puede ser argumento para la decisión con relación al espía: muchas diferencias tienen que haber entre la conducta de una sociedad democrática y un régimen totalitario, y el razonamiento de “ojo por ojo, diente por diente” es válido para el escándalo de esquina y café con leche, o para los talibanes y todos los fundamentalistas, pero no en un Estado de Derecho.

Lo peor de todo es que, en esta “batalla de ideas” pasamos por alto algunos puntos que serían sólidos argumentos a favor de la democracia y contra el totalitarismo.

Uno de ellos, la absoluta y total independencia del Poder Judicial en una democracia. El Gobierno de Estados Unidos, que a pesar de comprender la naturaleza humana de la petición preferiría que tal visita no se autorizara, alegando “preocupaciones de seguridad”, no puede tomar ninguna decisión al respecto, ya que eso corresponde a los tribunales, que decidirán teniendo en cuenta lo que consideren apropiado, y nada más.

¿Se imagina alguien una situación similar, no solamente en Cuba, sino en cualquier país de América Latina, con excepción tal vez de Uruguay y Costa Rica? Sin embargo, mientras el Gobierno de Estados Unidos sabe que no puede inmiscuirse en decisiones que corresponden a un Poder Judicial independiente, realidad que el régimen cubano esconde en su propaganda sobre el caso, muchos cubanos “duros” y “durísimos” consideran apropiado indicarle al juez lo que hay que hacer, basándose en que son dueños en exclusiva de la verdad y del dolor.

Otro aspecto interesante de la situación es que el gobierno de EEUU “respetuosamente solicita” al tribunal, en caso de aprobarse la petición del convicto, que se le establezcan determinadas condiciones para el viaje, tales como presentar a su oficial de probatoria un detallado itinerario del viaje, números de los vuelos, ruta, lugar donde estará y contacto de información. Además de prohibirle reunirse, consultar o comunicarse con personal o agentes de Inteligencia de Cuba; tendría que mantener contacto con su oficial de libertad supervisada por teléfono; y cumplir con todas las leyes y regulaciones de los Gobiernos de EEUU y Cuba sobre los viajes entre ambos países.

Parece una gran candidez suponer que tales restricciones se cumplirían estando el espía en Cuba, aunque formalmente aceptara tales regulaciones, o que el Gobierno norteamericano podría tener conocimiento si se violaran estas normas. ¿Quién se lo informaría?

¿Quién podría impedir que el “héroe”, por ejemplo, fuera recibido por Fidel Castro? ¿Cómo podría garantizar el Gobierno norteamericano que el espía, alegando que se reúne con médicos que le explicarán sobre la salud de su hermano, no conversaría con oficiales de la inteligencia cubana vestidos con batas blancas en vez de charreteras de teniente-coronel? ¿Cómo podría el Gobierno norteamericano controlar los movimientos del señor González en territorio cubano las veinticuatro horas del día, saber con quién conversa, dónde, y sobre qué?

Finalmente, algo interesante que no podemos dejar de destacar: lo que “respetuosamente solicita” el Gobierno de Estados Unidos a una jueza federal en caso de autorizar, por razones humanitarias, un viaje de un espía convicto a territorio enemigo, no se diferencia demasiado de lo que nada respetuosamente exige la dictadura a los cubanos para otorgarles permiso de salida del país o autorización para regresar temporalmente a la Isla: itinerario de viaje, números de vuelos, ruta, lugar donde se estará y contactos de información. Además, no reunirse, consultar o comunicarse con “el enemigo”; no hacer declaraciones que no gusten en La Habana; renovar (y pagar) periódicamente el permiso de estancia; y cumplir con todas las leyes y regulaciones de los Gobiernos de EEUU y Cuba sobre los viajes entre ambos países.

Entonces, aunque les duela a los defensores a ultranza del régimen totalitario y a sus brigadistas de respuesta rápida digital que saltarán de inmediato, hay que reconocer que, en lo que se refiere a viajar al extranjero o regresar a su país de nacimiento, con relación al Gobierno cubano, los cubanos dentro de la Isla, así como la “emigración”, están a un nivel de libertad similar y comparable al de un espía convicto que se encuentre en libertad condicional en Estados Unidos.

Curiosa manera de ser libre bajo una dictadura que alega tener el apoyo casi unánime de su población. Porque esos millones y millones de cubanos si son, de verdad, héroes prisioneros del imperio de los Castro.


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