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Relaciones exteriores, Educación, República Dominicana

El funcionario, el relevo y la Manzana de Gómez

Eso de que un funcionario cubano visite un país y ventile en la prensa sus indelicadas ignorancias resulta muy poco apropiado

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Una de las extravagancias políticas de República Dominicana es una alianza de pequeños partidos que apoyan la gestión derechista del Partido de la Liberación Dominicana. Lo curioso de este bloque que se autodenomina “Progresista”, es que en él anidan representantes de una derecha intratable junto a algunos remanentes de una izquierda desnaturalizada.

Esta última está formada por antiguos maoístas y acérrimos partisanos de la lucha armada que han encontrado una mejor forma de realización participando en los programas gubernamentales de administración de la pobreza, donde encuentran empleos para sus pocos seguidores y salarios astronómicos para ellos mismos. Pero como “izquierda” está obligada a reclamar su espacio y revalidar su identidad donde menos costoso sea. Y lo hacen con mucha frecuencia clamando solidaridad con la revolución socialista cubana, es decir con una entelequia que nunca fue socialista y que hace medio siglo dejó de ser revolución.

Entre estos partidos se encuentra el llamado Movimiento de Izquierda Unida, que en realidad parece ser algo así como una pequeña empresa de relaciones públicas que los gobiernos peledeístas emplean para mejorar sus posiciones en Petrocaribe, mirar de reojo a China y Vietnam, y de vez en cuando hacer un viaje a los lejanos orígenes antiimperialistas haciéndoles señitas al Gobierno cubano.

Y ahora, cuando el recién estrenado gobierno de Danilo Medina ha hablado de una campaña de alfabetización, aparece en la prensa, y en cuanto lugar es posible, un funcionario del Partido Comunista de Cuba llamado Juan Carlos Frómeta, quien tuvo especial cuidado en promocionar el método cubano de alfabetización como alternativa, lo que podría aportar algunos centavos extras a la depauperada economía cubana.

Como siempre ocurre con los funcionarios cubanos, Frómeta se ha quejado del bloqueo/embargo norteamericano y ha ensalzado las muchas “conquistas revolucionarias” entre las que incluye la salud y el desparrame de médicos por todo el orbe. Pero sobre todo dijo dos cosas muy simpáticas. Casi que dos chistes. Y en aras del buen humor, me detengo en ellos.

Una fue el anuncio a todo bombo de que Cuba se encuentra en una “revolución de la revolución” debido a la voluntad de los actuales dirigentes de producir un relevo generacional en el liderazgo dentro de cinco años. Es decir, que el relevo se producirá cuando Raul Castro tenga 86 años, su vicepresidente 87 y el tercero en la línea la bicoca de 85. Estoy convencido de que Frómeta está en lo cierto, porque la biología se torna implacable después de ciertas edades, y aunque los dirigentes cubanos siempre han proclamado que el Partido Comunista es inmortal, no parece que eso a incluya sus endurecidos dirigentes. ¿No creen ustedes que los dirigentes cubanos deben tener más cordura cuando hablan de temas tan delicados?

El segundo chiste fue más ligero, como de sobremesa. En un arranque de entusiasmo, posiblemente pensando en la competencia por el programa de alfabetización, Frómeta y sus anfitriones llamaron al combate a todo el panteón dominico-cubano —el indio Hatuey incluido— para recalcar que siempre ha habido lazos entre ambas naciones, y que no hay motivos para que no los haya ahora que hay unos pesitos por el medio.

Y por supuesto que se refirieron a esa gran figura de la historia cubana que es el banilejo Máximo Gómez. En ese punto quiero citar textualmente la nota periodística aparecida en un periódico local:

“Frómeta dijo que los cubanos ven como un héroe cubano al general dominicano Máximo Gómez, razón por la que han remodelado la ‘Manzana de Gómez’ en La Habana, finca donde vivió el general…”

Creo que el señor Frómeta necesita ayuda: la Manzana de Gómez fue el primer centro comercial estilo europeo de la ciudad, edificada en el antiguo glacis de la muralla, donde por razones militares nunca pudo haber una finca. Y cuando las murallas fueron demolidas en 1863, la especulación inmobiliaria fue de tal magnitud que una finca hubiera sido un despropósito.

Su nombre proviene de su promotor, un empresario cubano de origen español, cuyos herederos son justamente los Fanjul Gómez Mena, dueños del central Romana en RD y frecuentemente implicados en noticias relacionadas con la super-explotación de la fuerza de trabajo haitiana.

Máximo Gómez nunca vivió en ese lugar, y murió cinco años antes de su construcción. En realidad durante su estancia en La Habana habitó en la antigua finca de los Capitanes Generales, a varios kilómetros de distancia y conocida como Quinta de los Molinos.

En fin que no es para morirse, pero eso de que un funcionario cubano visite un país y ventile en la prensa sus indelicadas ignorancias me parece muy poco apropiado para una nación como Cuba, que reclama una posición excepcional de sus planes educativos y de paso trata de venderlos.

Y los cubanos ¿qué hacemos, nos reímos o nos avergonzamos?


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