Actualizado: 22/01/2022 2:37
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Minint, Payá, Represión

El martirio de Payá

Quienes favorecen la tesis del asesinato de Payá tienen ahora dos automóviles para escoger: el Lada rojo de Abra(h)antes o el auto azul de Carromero

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Oswaldo Payá Sardiñas (1952-2012) abogó por otra Cuba mejor y arrostró por décadas la represión política sin cárcel del castrismo, pero no es mártir de asesinato de Estado, sino del abuso desalmado, por Ángel Carromero y otros, de la tragedia que sobrevino al aventurarse Payá desde La Habana hasta Oriente en un Hyundai Accent, conducido por Carromero, quien andaba de estreno como turista por los campos de Cuba y rodó más de 650 kilómetros en menos de 8 horas, con tres paradas, antes de toparse con un tramo en reparación y mal señalizado de la carretera Las Tunas-Bayamo.

Ahora apareció el desertor Ortelio Abra(h)antes, quien declaró en Bahamas ser “mayor en la Dirección de Contrainteligencia (DCI) del MININT” y haber oído a colegas suyos contar en una fiesta cómo murió Payá: “agentes de DCI de la provincia de Holguín [que] conducían un Lada rojo modelo 2107 habían tratado de parar el vehículo de Carromero para registrarlo y en lugar de eso provocaron que se estrellara”. Eso sí que es noticia.

La contra inteligencia del MININT habría montado, contra toda inteligencia, un operativo de detención y registro de un vehículo en la provincia Granma con agentes de otra provincia, casi ocho horas y setecientos kilómetros después que el objetivo saliera de La Habana. Y esos agentes habrían sido tan, pero tan malos, que no pudieron practicar una diligencia tan sencilla sin causar colisión. Así y todo, lo mejor del caso es la percepción de colores.

Daltonismo informativo

Carromero declaró: “Cuando pasamos los límites provinciales, el vehículo que nos seguía cambió. Finalmente, era un viejo Lada de color rojo. Y luego otro auto, más nuevo, apareció y comenzó a acosarnos (…). Me dijeron que tenía que ser de “la Comunista”, porque tenía una placa azul (…) Oswaldo me dijo que no me detuviera si ellos no nos lo indicaban o nos forzaban a hacerlo. Conduje con cuidado, sin darles razón alguna para detenernos. La última vez que miré por el espejo, me di cuenta de que el auto se había acercado demasiado y de repente sentí un impacto estruendoso por detrás” (The Washington Post, marzo 5, 2013).

Vamos a olvidarnos de que ningún cubano se refiere a un auto con chapa azul como de “la Comunista”. Lo que no debe olvidarse es que Carromero describió también ese otro auto más nuevo que causó la colisión: “Un vehículo azul comenzó a perseguirnos. Oswaldo me dijo: ´Son de la comunista´. El coche nos embistió por detrás y nos sacó de la calzada” (El Mundo, mayo 8, 2013). Así que la bandería partidaria del asesinato de Payá tiene que escoger ahora con cuál de las dos mentiras quedarse: el Lada rojo de Abra(h)antes o el auto azul de Carromero.

Abierto por lluvia

Según El Nuevo Herald, el desertor agregó que “el MININT recompensó a los agentes con medallas y ordenó que el Lada fuera destruido para borrar toda evidencia de un choque de dos vehículos”. Eso es otro notición: el MININT habría condecorado por meter la pata en una diligencia de rutina y, además, mandado a destruir el Lada para suprimir la evidencia de colisión, como si tal evidencia no hubiera quedado también en el Hyundai Accent, del cual se mostraron fotos por los cuatro costados sin hayan podido desmentirse por la CIA ni por MI-5.

El agregado de policía de la embajada de España en Cuba, Vicente Cuesta-Macho, viajó a Bayamo, habló con Carromero en el hospital e inspeccionó personalmente el Hyundai Accent. No encontró indicio alguno de otro auto involucrado en el accidente. A la pregunta de si había pedido “un peritaje sencillo del parachoques”, Carromero respondió que sí, “pero [que] no se concedió ninguna prueba a mi defensa” (Diario las Américas, abril 3, 2014). Ni José María Viñals, coordinador de la defensa de Carromero por encargo del bufete madrileño Lupicinio Abogados, ni su asistente, ni la abogada cubana Dorisbel Rojas ni su asistente, pese a reunirse a solas con Carromero, recibieron jamás —ni siquiera por escrito en papelito (para evitar ser escuchados)— esta solicitud de prueba, pero sí solicitaron otras pruebas periciales que se practicaron tras ser admitidas por las autoridades.

Desde luego que es mejor no tirarle un vistazo al expediente de la defensa de Carromero en Madrid ni entrevistar a Cuesta-Macho ni a Viñals ni a su asistente para reportar en profundidad, porque entonces tendría que cerrarse el circo de Carromero y la función tiene que seguir con lluvia de mentiras. Detrás de Ortelio pueden desertar los chóferes del Lada rojo y del auto de “la Comunista”, el agente que clavó una jeringuilla en la ingle a Payá y cualesquiera otros que vengan a seguir martirizándolo post mortem.

Coda

Carromero ni siquiera fue perseguido de Las Tunas a Bayamo. El reglamento del MININT prescribe seguir de continuo en zona urbana; en zona rural se fijan puntos de control que avisan por radio el paso del objetivo. Es algo tan elemental que la bandería partidaria del asesinato de Payá no alcanza a comprenderlo. Desde que Carromero salió de Las Tunas y enrumbó a Bayamo, el seguimiento continuo se suspendió, ya que por delante no había más pueblo que el villorrio Vado del Yeso ni más entronque que a Cauto Embarcadero. Si acaso un infante avisó en uno y otro punto mientras un patrullero esperaba en Bayamo para reiniciar el seguimiento continuo. Porque lo que sí estaba claro es que Payá y sus acompañantes salieron de La Habana a hacer cualquier cosa menos alzarse en el monte.


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