Actualizado: 25/11/2017 11:44
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Cuba, Medicina, Cambios

El último de los podólogos

¿Seguirán marcando el paso los añejos y fracasados moldes estatistas soviéticos al tiempo que el nuevo modelo busca ser “próspero y sostenible”?

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“Yo no sé por qué casi siempre
las cosas tienen que ser tan complicadas”.
James Fennimore Cooper

Efectivamente, cuando me fui de Cuba había todavía consultas médicas privadas. Pocas, pero las había. Una de ellas en la calle 19 esquina a 4 en el Vedado a la que acudí en aquel noviembre de 1982 en busca de consejo por mi hijo Jorge Carlos, muy pequeño, que tenía unas toses preocupantes y no sabía yo si podría volar hacia Madrid. El pediatra me dijo que no me preocupara. Antes me había preguntado ¿adónde viajan? Y yo le confesé —a pesar de la paranoia usual respecto a aquellas cosas— no solo nuestro destino sino la suerte de haber logrado “la salida” y por tanto nuestra condición de escorias. Todo contenido en una palabra sin que se me trabara la lengua: “España”. Y entonces se nos quedó mirando fijamente —a aquella parejita joven ya con un bebé que se aventuraba a sabe Dios cuántas vicisitudes en tierra extraña— y nos dijo no sin cierta admiración: “Los felicito, hacen bien”. Y en su rostro me pareció encontrar cierta nostalgia.

En efecto, el Dr. Aguilar nunca salió de Cuba, a diferencia de los 5.000 médicos que abandonaron la Isla a principios de la revolución. Nunca sabré por qué; hay tantas complejidades en la vida que no tienen que ver con lo aparente. Nos despedimos. No quiso cobrarnos.

Y ahora Andrea Rodríguez de AP nos cuenta sobre Serafín Barca, el último podólogo privado en Cuba y casi seguramente el último de todos los profesionales privados de la medicina en Cuba. Cincuenta y cuatro años después de que en 1963 el Gobierno cubano, recién inaugurado socialista, cortara la posibilidad a galenos y sus adláteres de aliviar al prójimo mediante contrato médico privado. Era entendible. Por entonces se organizaba el Servicio Nacional de Salud cubano, gratuito y precursor para muchos otros países incluso desarrollados; servicio que pervive hasta hoy en la Isla y donde existirán decenas y decenas de podólogos estatales gratuitos que al menos los clientes de Barca prefieren no visitar, aunque no les cueste un medio.

El tema trae, y en este caso no por los pelos sino por los pies, el escabroso tema de la libertad laboral y profesional dentro de la Cuba actual y su futuro. En la trabajosa “actualización del modelo socialista cubano”, donde no se sabe muy bien de qué tipo de socialismo estamos hablando, ni quiénes son los teóricos que le darán inspiración o los líderes que le darán vida, ¿seguirán marcando el paso los añejos y fracasados moldes estatistas soviéticos al tiempo que el nuevo modelo busca ser “próspero y sostenible”?

En muchos de los cambios instituidos por el Gobierno de Raúl Castro —inexistentes o insuficientes para muchos, pero que sin embargo han cambiado la dinámica y la autopercepción de la población cubana en los últimos años— se legalizó lo que era ya de uso. Y como dicen los que saben, la costumbre siempre precede a la ley cuando no tiene una fuerte oposición de la doctrina.

Una de las joyas de la corona del sistema político y social cubano es su sistema de salud, al igual que su sistema educativo. Lejos de ser perfectos, han preparado sin embargo a miles de profesionales, que tienen hoy un salario privilegiado en este país gracias a ellos. Muchos podrán negarlo, otros podrán denostarlos, “pero sin embargo se mueve”.

Pero ha pasado ya medio siglo desde aquel 1963 y los sistemas de salud nacionales y gratuitos habitan mucho más el mundo. Por ejemplo, el de Uruguay, que ocupa en calidad el segundo lugar mundial según la OMS[1]. Y una característica común con otros es que un sistema de salud puede ser nacional, muy bueno y asequible a todos, pero no ser completamente estatal como en aquella vieja y vetusta madre patria soviética. Porque no sólo en el tema de la salud —tan especialmente sensible— sino en todos los órdenes de la realidad cubana este es el dilema: hasta donde es eficiente la ingeniería social estatal y hasta donde es dogmática.

En Cuba no existe licencia de trabajo autónomo para profesión liberal alguna: ingenieros, arquitectos, abogados, economistas, médicos, etc. Pero en la silenciosa práctica ya muchos de esos profesionales venden sus servicios. Y el Estado lo sabe. Seguirán existiendo muchos podólogos privados en Cuba después que Sebastián Barca se retire. Clandestinos. Hasta que veamos quién triunfa en favor de la mejor calidad médica en Cuba, si la costumbre o la doctrina.


[1] Organización Mundial de la Salud.


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