Actualizado: 22/10/2021 20:51
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En torno a la época helenística cubana

¿Corresponde el origen del totalitarismo a la fase ética de nuestra cultura o fue el comienzo de su decadencia?

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El recurso de la analogía para establecer un cuadro de la historia de la nación y proyectar su evolución, que puede remontarse a las tesis de Ostwald Spengler en La decadencia de Occidente, no creo haya sido muy frecuente en el pensamiento cubano contemporáneo. Sin tomar partido previamente por la idea, me propongo aquí desarrollarla, pues pudiera lograrse algún avance en la comprensión de lo que está sucediendo en Cuba.

Uno de los exponentes más recientes de esta tesis ha sido Emilio Ichikawa en su ensayo Cuba helenística: la fuente de una reconfiguración moral (Hacia un egoísmo entendido como “self love”). Según la analogía practicada en el mismo, el período que atraviesa la historia de Cuba en el momento presente corresponde al equivalente griego del helenismo.

El momento ético que pudiéramos situar, siguiendo la interpretación histórica de Nietzsche, en el camino de Sócrates a Aristóteles, fue resultado de un hastío de la especulación griega, que había llegado a su paroxismo con los sofistas. Allí donde todo parecía cuestionable, desde la verdad hasta la justicia, aparece Sócrates reclamando la importancia de la ética y reduciendo el conocimiento a ésta. De ahí que Nietzsche lo llamara (en realidad, a su discípulo Platón) tan cristiano antes de Cristo.

Si el período actual cubano, comenzado en los años 80, corresponde a los tiempos griegos en que una ética naturalista (estoica) y otra con su acento en el goce (epicureísta) coincidían en el abandono de la centralidad de la ética de la renuncia (socrática), que había dominado el momento anterior, ¿a cuál correspondió nuestra etapa ética?

Aquí habría que volver a Mañach en su ensayo La crisis de la alta cultura en Cuba. Es curioso que su autor exponga una filosofía de la historia cubana que es el precedente de la expuesta por Ichikawa. El momento ético podría corresponder al ejecutivo planteado por Mañach en su ensayo. Para el filósofo nacido en Sagua la Grande, la nación fue especulada entre 1820 y 1868, sus valores ejecutados entre 1868 y 1898 y ya en su presente (1923) se estaba en presencia de una crisis.

Sin duda, el recurso a la tríada en las filosofías de la historia es ya una tradición desde Platón y Joaquín de Fiore. Y siguiendo dicho esquema cabrían aquí dos posibilidades: o la crisis vista por Mañach es el comienzo de todo lo que ha sido Cuba desde entonces o hay que entenderla como un momento dentro de lo que el pensador republicano llamaba fase ejecutiva y prefiero denominar ética.

La fase ejecutiva, al abandonar la especulación sobre lo que la nación podía ser y concentrarse en lograrla, era ya un estado inferior a juicio de Mañach. La república independiente sólo pudo lograrse a costa de una merma en la imaginación política. De ahí que la plasmación de esa nación imaginada en el terreno jurídico, después de tantos pensadores durante el siglo XIX, fuera la constitución de 1901, casi totalmente olvidada por la mayoría de las élites cultas cubanas de nuestros días.

Ejecutivas y éticas serían la revolución del 30, la constitución del 40 ―en la práctica inefectiva―, la prédica de Chibás (“vergüenza contra dinero”) y la revolución cubana. Si este esquema fuese cierto, el marxismo-leninismo sería sólo una fraseología, que encubre una realidad sociológica más profunda que una aparente lucha de clases desvirtuada por una dirección dictatorial. La adopción del sistema totalitario habría sido el resultado de ejecutar a cualquier precio una idea de la nacionalidad, pero precisamente en dicha ejecución se habría llegado al agotamiento de toda capacidad ética posible, representando el totalitarismo el primer resultado de dicha apatía.

Lo que correspondería entonces a la filosofía es la búsqueda de esta idea y describir su despliegue. Sin embargo, la pregunta en torno a dónde situar el comienzo de la época helenística cubana quedaría en pie. ¿Corresponde el origen del totalitarismo a la fase ética de nuestra cultura o fue el comienzo de su decadencia, al cesarismo en términos de Spengler?

La primera es asumida por algunos pensadores de dentro de la Isla (pocos son los que no admiten una crisis de valores en Cuba) y el exilio. Para una visión más conservadora, sin embargo, todo el período revolucionario ha sido el triunfo de la apatía y el hedonismo ciudadano por lo que, paradójicamente, esta visión aspira al regreso de la ética. Entre ambas posiciones existe una disputa en torno al período ético que conviene aclarar. Quizá esto establezca un nuevo consenso teórico sobre nuestro presente y futuro.



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