Actualizado: 26/05/2022 12:27
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Errores de fondo

Mientras el gobierno cubano no se acoja a los mecanismos democráticos, el ALBA tiene una contradicción por resolver.

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Los mandatarios de los países de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), reunidos el pasado 17 de abril en la ciudad de Cumaná, en Venezuela, adoptaron un documento que declara la inexistencia de consenso para aprobar el Proyecto de Declaración de la V Cumbre de las Américas, que comenzó ese mismo día en Puerto España (Trinidad y Tobago).

La ignorancia de esa realidad conduce al intento quimérico de vivir de espaldas a los nuevos tiempos. El ascenso al poder en América Latina de un grupo de gobiernos populistas, en especial el de Hugo Chávez, creó la falsa ilusión de que tras las fracasadas tentativas de acceder al poder por las armas, los postulados de la revolución se diseminarían por la región mediante victorias electorales. En efecto, los males acumulados y las malas administraciones en estos países prepararon las condiciones para que los partidos de izquierda capitalizaran el electorado a su favor.

El error consiste en la incomprensión de la radical diferencia que existe entre arribar al poder mediante la insurrección y hacerlo a través de un proceso electoral. En el primer caso, las revoluciones, al actuar como fuentes de derecho, garantizan su permanencia sin tiempo límite; en el segundo, aunque se logre instituir la reelección presidencial, gracias a los mecanismos democráticos los gobiernos electos quedan sujetos a la revalidación periódica. En este caso, como está ocurriendo en la región, los resultados prácticos de la gestión de gobierno tienen que trascender el populismo y las promesas de futuros luminosos.

El retorno a los escenarios cívicos impide, de un lado, cualquier intento de alcanzar el poder por las urnas para derivar hacia el totalitarismo, mientras, de otro, coloca al gobierno cubano en una posición incomoda para integrarse verdaderamente a la región sin acogerse a esos mecanismos democráticos presentes en el resto de los países latinoamericanos, a los cuales las autoridades de la Isla brindan un apoyo que niegan a sus ciudadanos.

Tal contradicción, al hacerse cada vez más flagrante e insostenible, se refleja en las relaciones con los propios socios de la izquierda latinoamericana, pues La Habana ha pasado a ser el único gobierno en la región que carece de los derechos civiles y políticos para la participación ciudadana, y eso le resta, quiérase o no, legitimidad a cualquier bloque de países.

Incumplimientos de La Habana

La recién concluida cumbre extraordinaria del ALBA es la mejor prueba de esta afirmación. En la declaración aprobada por los Jefes de Estado y de gobierno, entre ellos el cubano, se aprobó un documento en el que se declara la inexistencia de consenso para aprobar el Proyecto de Declaración de la V Cumbre de las Américas. En dicho documento, estructurado en 15 puntos, al menos cuatro de ellos son incumplidos por La Habana.

En el punto 9 se condena "la discriminación de los migrantes en cualquiera de sus formas" y se califica la misma como un "Derecho Humano". En consecuencia, se demanda "una reforma urgente de las políticas migratorias del gobierno de los Estados Unidos". Sin embargo, en Cuba no existe libertad de movimiento y los ciudadanos para salir del país tienen que solicitar un permiso al Estado.

En el punto 10, se dice que los "servicios básicos de educación, salud, agua, energía y telecomunicaciones tienen que ser declarados derechos humanos", pero resulta que el gobierno impide al ciudadano común el acceso a las redes informáticas y las telecomunicaciones.

En el punto 11 se plantea "fortalecer, como único canal legítimo para la discusión y análisis de las agendas bilaterales y multilaterales del Continente, la base del respeto mutuo entre los Estados y los gobiernos, bajo el principio de la no injerencia de un Estado sobre otro y la autodeterminación de los pueblos". En Cuba, la "autodeterminación" del pueblo es inexistente, debido a la prohibición del derecho de asociación, que es uno de los fundamentos para dicho ejercicio.

En el punto 12 se exige "poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero" impuesto por Estados Unidos al gobierno cubano, un reclamo además de todos los gobiernos de la región. Sin embargo, no se menciona la inflexión producida en la política norteamericana hacia Cuba con el presidente Barack Obama, la cual comenzó a materializarse en hechos concretos: la suspensión de las restricciones a los viajes familiares y el envío de remesas, unido a la disposición de avanzar en temas como las telecomunicaciones. Esas medidas constituyen, sin duda, el inicio de un camino que puede y debe conducir hasta la suspensión del embargo.

La oportunidad para negociar y trazar un nuevo rumbo en las relaciones entre La Habana y Washington no debe perderse. El resultado depende ahora en gran medida de hechos recíprocos de parte del régimen, pero principalmente de sus gestos con los ciudadanos rezagados en materia de derechos respecto al resto de la región. Las medidas en ese sentido eliminarían la contradicción actual entre Cuba y los propios países que integran el ALBA.


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