Actualizado: 25/09/2020 0:20
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Represión, Disidencia

Esta es la hora de la verdad

Lo único decente que puede hacer cada cubano es trabajar cada día un poco más para apartar de sí el miedo psicológico que nos ha sido implantado durante cincuenta años

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La lógica más elemental nos dice que si 500 mil personas enfrentan a 10 millones, la minoría tiene la batalla perdida de antemano. Pero en estrategia y política no siempre esta ley se cumple. Es así sobre todo cuando no existen divisiones entre los poderes ejecutivo, legislativo y jurídico. Un grupo que controle estos tres poderes más las fuerzas armadas y todos los medios de comunicación es prácticamente invulnerable. Este es el caso de Cuba.

No es solo una dictadura al estilo Pinochet o una tiranía como la de Fulgencio Batista este nuevo sistema de gobierno autoritario más elaborado y abarcador se conoce como totalitarismo y no es posible derrocarlo mediante el levantamiento popular. Todos los sistemas totalitarios han terminado cediendo el poder como consecuencia de los cambios que han efectuado sus propios líderes.

No fue el pueblo soviético el que terminó con el comunismo, fue Mijaíl Gorbachov el que emprendió la liberalización política en la Unión Soviética a través de la glásnost. El mejor ejemplo en estos casos lo brinda China. El pueblo se levantó desde el 14 de abril de 1989 en la Plaza de Tiananmen. Querían poner fin al régimen totalitario chino pero como sus líderes no estuvieron dispuestos a dar ese paso sencillamente no se respetó la voluntad popular y enviaron el 4 de junio al ejército que terminó literalmente aplastando a los obreros y estudiantes con sus tanques, fue una masacre. Solamente se hicieron algunos cambios y ajustes en el modelo económico chino y nadie puede prever cuando se instaurará un sistema de gobierno democrático en el gigante asiático.

Salvando las diferencias, en Cuba se están operando los cambios necesarios para instaurar un sistema parecido en el futuro cercano. Solo que los tanques pensantes de la Isla aprenden muy bien de los errores ajenos y nunca se van a permitir una situación tan bochornosa como la de la Plaza de Tiananmen. Si algo sabe la Seguridad del Estado es cuando y donde reprimir.

Ya sabemos que un levantamiento popular no puede derrotar a un sistema totalitario pero sí puede dejarlo mal parado en cuanto a su imagen a nivel internacional. Cuba depende mucho de la opinión pública para sostenerse a flote. Occidente no pueden darse el lujo de prescindir de China pero sí pueden prescindir de cualquier relación diplomática y comercial con la Isla sin graves consecuencias para sus economías. Los Jerarcas del Partido Cubano lo saben y no quieren ponerse la soga al cuello como han hecho sus camaradas de Corea de Norte, así que en estos momentos prevenir cualquier manifestación popular es el principal objetivo de los órganos de la Seguridad del Estado. «Hay que evitar un escenario de confrontación entre las Fuerzas Armadas y el pueblo que deje como resultado numerosas víctimas civiles».

¿Pero como lograr un clima de aparente calma en sistema tan hostil hacia la dignidad de la persona humana? Ellos saben muy bien como, porque en su momento se enfrentaron clandestinamente a la dictadura de Fulgencio Batista. Por eso mantienen un férreo control sobre todos los medios y espacios de acción que ellos emplearon en su momento.

Saben que un movimiento popular necesita de líderes, organización y comunicación. Los Jerarcas del Partido han elaborado un sistema metódico y abarcador mediante el cual captan a los jóvenes más inteligentes y carismáticos hacia sus filas. A los que excepcionalmente se niegan los estigmatizan cerrándoles cualquier oportunidad de prosperar en sus estudios o en sus trabajos por talentosos que sean. Recuerdo que en mis años de estudio nunca me destaqué por mi entusiasmo hacia las tareas políticas pero como era un estudiante sobresaliente a la temprana edad de catorce años recibí la invitación para militar en la Juventud Comunista. No acepté y desde luego he pagado el precio.

En Cuba la sociedad civil ha sido reducida a la mínima expresión. Iglesias como las cristianas y fraternidades como la Masonería han sido penetradas por agentes del la seguridad para monitorear constantemente sus actividades.

Las organizaciones estudiantiles, el sindicato (CTC), y las asociaciones gremiales pasan por el férreo control de Partido Comunista (PCC) y de su cantera júnior, la Juventud Comunista (UJC). Habitualmente el Partido y la Juventud ubican a sus principales cuadros y militantes en los cargos medulares de esas organizaciones.

Otros partidos políticos, sociedades secretas o sindicatos son invariablemente declarados ilegales y perseguidos constantemente por las autoridades del régimen.

Los medios de comunicación como la prensa la radio y la televisión son todos estatales y solo pueden mostrar al público la versión oficialista de los hechos. Su programación es sometida permanentemente al escrutinio de las comisiones políticas que filtran el contenido ideológico de cada artículo o programa antes de ser presentado. No hay margen de error. Cuando un programa humorístico o un reportaje noticioso señala determinado problema social o institucional (nunca político) se trata de una estrategia muy bien planificada para crear la sensación de que efectivamente no hay censura y se respeta la libertad de expresión. Los Jerarcas del Partido han comprendido después de muchos años que la mejor forma de ejercer el control sobre los medios es pasando ligeramente inadvertidos. En Cuba desde hace muchos años se aplica «La teoría de la válvula de seguridad». Cuando la represión, el hambre, o la pobreza alcanzan niveles muy altos crece el peligro de enfrentar una explosión social, al estilo del «Maleconazo» en el verano de 94. Por eso se toleran algunas voces contrarias a los intereses del estado entre ellos algunos artistas e intelectuales. Solo es un mecanismo de seguridad y una fachada de cara a la opinión pública internacional.

Reconozcamos que la estrategia ha funcionado brillantemente. Dos visitas papales y cientos de concentraciones en casi veinte años no han provocado mayores incidentes que los golpes de un camillero o los bastonazos de algún paramilitar vestido de constructor.

Sin líderes carismáticos que tengan la oportunidad de convocar al pueblo de manera pública o clandestina pasamos de ser una masa de 10 millones a dos o tres millones de grupúsculos familiares que es donde único podemos quitarnos la mascara y opinar sin miedo. Comparados con un Estado bien organizado somos lamentablemente una multitud de minorías.

Lo único decente que puede hacer cada cubano es trabajar cada día un poco más para apartar de sí el miedo psicológico que nos ha sido implantado durante cincuenta años. No permitamos que la autocensura guié nuestras palabras. No deje de actuar de acuerdo a sus principios éticos y morales solo para evitar que lo señalen. Les garantizo que esto casi nunca ocurre. No hay tantos chivatos como parece, a pesar de lo que nos han querido hacer ver, no hay un agente de la seguridad vigilándonos todo el tiempo desde la ventana de enfrente a menos que usted sea un connotado disidente y no su caso.

Los cubanos que no asistimos a las votaciones no recibimos un tratamiento diferente al resto. Por mis cálculos casi un millón no asistieron a las urnas este año y nada pueden hacer contra eso. Si usted es trabajador por cuenta propia, ¿qué necesidad tiene de pertenecer al sindicato que es una farsa? Pague puntualmente sus impuestos y la seguridad social pero renuncie al sindicato, a la federación y si es posible a los comités. Estas tres organizaciones son parásitos de la sociedad y del Estado.

Si aún no tienes la seguridad para actuar contra la opresión que ejerce el sistema sobre ti, al menos no le hagas el juego, abstente de participar, nadie puede afectarte a ti y a tu familia por eso. Rebélate en silencio pero hazlo. La alternativa es el miedo y la sumisión eterna ante un grupo de políticos corruptos.

Lee artículos como éste y pásaselo a tus amistades de confianza para que tengan noción de lo que ocurre en el país. Si tienes computadora o acceso a una, infórmate sobre la historia de Cuba y de otros países comunistas mediante fuentes neutrales como la enciclopedia virtual Wikipedia en su versión portable y multitud de documentales donde se narra de forma objetiva los hechos que el Partido ha tratado de mantener ocultos.

No dejes de preguntarte ―¿Qué puedo hacer desde mi entorno para conquistar nuevos espacios de libertad?― verás como en muy poco tiempo se desarrolla en ti una personalidad crítica, segura y menos paranoica al momento de expresar tus opiniones.

La única forma de construir un país libre es comenzar por liberar tu mente. Así en el momento que las condiciones estén dadas tú podrás aportar tu granito de arena para construir la nación libre en la que tus hijos merecen vivir.

Si vives fuera de Cuba tus acciones pueden ser aún más importantes. Ayuda a tu familia pero sin excederte porque tu dinero al final sirve para sostener al régimen. Sería preferible que ayudaras a tu familia a emigrar, cada emigrante definitivo debilita la dotación de esclavos que posee el régimen y es una razón menos que tienes para enviar dinero y visitar la Isla.

Es imperdonable que sirvas a los intereses de los Jerarcas del Partido en el extranjero, allí no hay mecanismos de presión o chantaje sobre ti y si lo haces es por tu libre y espontánea voluntad. Apoyar la opresión y los crímenes del estado contra el pueblo habla muy mal de ti.

Denuncia públicamente la realidad de Cuba, no le hagas el juego a las campañas publicitarias de la industria turística cubana. «Tu sabes que no vienen a Cuba porque es un país bonito, esta es la tierra de los mangos bajitos». Internet es un arma poderosa ayuda a desenmascarar el verdadero rostro de la «solidaridad», si tu estás allá y no regresas será por una buena razón, divúlgala. No solo envíes a Cuba pacotilla y dinero, trae libros, laptops, cámaras digitales, celulares, antenas Wi-Fi, documentales y filmes censurados por el régimen. Ayuda a crear redes de comunicación alternativas para que tus familiares y amigos salgan de la ignorancia y el miedo psicológico en que los mantiene el sistema.

Cada cubano puede hacer algo para impulsar el cambio y este es el momento, no podemos permitir que el totalitarismo se perpetúe en Cuba como está pasando en Asia. Los viejos líderes están muriendo o saben que su final está muy cerca pero se están ocupando de arreglar bien su testamento. Esta es la hora de la verdad.


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