Actualizado: 25/11/2017 11:44
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Cuba, Trump, Disidencia

Estado de SAT-IRA

Ailer González y Antonio Rodiles siguen presentándose a sí mismos como “actores políticos”; no porque tengan respaldo popular dentro de Cuba, sino simplemente porque cuentan con algún respaldo financiero fuera de ella

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El artista tunero exiliado Geandy Pavón ha proyectado imágenes de las víctimas de la represión contra sedes diplomáticas cubanas, salió a fotografiar inmigrantes cubanos varados en Costa Rica y el año pasado inauguró su exposición personal Pliegues Políticos (Galería Mindy Solomon, Miami) con declaración expresa de enfilar su arte contra la dictadura castrista.

Su fotomontaje La conga irreversible y el violinista de Hamelín (2017) acaba de liberar el potencial de intolerancia de Ailer González, directora artística de Estado de Sats, contra la crítica de Pavón a la puesta en escena del New Deal de la administración Trump en el Teatro Artime de La Pequeña Habana. Así vemos también cómo el anticastrismo tardío de corte plattista conserva otro potencial del castrismo que desde 1968 el propio Fidel Castro describió con que “ellos hubieran sido como nosotros”. Desde luego que se refería a los mambises, pero al que le sirve el sayón que se lo ponga: Hay víctimas de la represión que, si tuvieran poder político, serían como la gente de la bandería de Castro[1].

La ira y la sátira

Ailer González reaccionó así: “Este montaje burlesco e indolente que tal parece hecho por Cubadebate lo posteó Geandy Pavon Aquí mi respuesta porque hay cosas que una mujer no puede dejar pasar. Geandy Pavon, eres tronco de hijo de puta. No se trata de ser de izquierda o de derecha; se trata de ser hijo de puta o no. Tú has demostrado serlo.” Esto da mucha tela por cortar, pero ningún sastre mejor que el propio Pavón al consumir el turno del ofendido:

  • Una sátira política es una sátira política, es una sátira política, es una sátira… Lo preocupante no es que por hacer una sátira política te llamen Hijo de Puta (con mayúsculas, pues ya que estamos en eso…) Lo realmente preocupante es que esa reacción venga de gente que pide el cese de los actos de repudio y democracia para Cuba. Si carentes de poder alguno esa es la reacción, no quiero ver que harían con un poquito de poder en sus manos.
  • Es preocupante, además, porque demuestra que la persistencia en el error es sistemática: Lo mismo que les hace pensar que Trump será el redentor de la libertad de Cuba o que Obama es el responsable del aumento de la represión, eso mismo los lleva a culpar a mi madre de mis actos y opiniones.
  • Mi sátira no es personal; es simple y llanamente mi versión grafica de un acontecimiento político. No respeto el argumento de que, para hablar de Cuba, de la dictadura o de los métodos de algunos exiliados o disidentes hay que estar en Cuba y tener la carne en el asador. Ese es también un argumento castrista.

El pretexto del contexto

A desfacer el entuerto vino aLfrEdo tRifF en tesitura salomónica: puesto que “Ailer no puede comprender esta realidad desde allá [y] Geandy no puede comprender aquella realidad desde aquí”, entonces “ambos tienen la razón”. Sólo que ningún contexto vital justifica que nadie tache a otro de hijoeputa por ejercer determinado criterio contrario al propio. Además, Ailer ha dado ya muchos viajes a esta realidad para que no atine aún a comprenderla cuando está allá.

El núcleo duro del asunto es mundano. Incapaces de movilizar al pueblo cubano con la campaña Todos Marchamos, Ailer González y Antonio Rodiles siguen presentándose a sí mismos como “actores políticos”. No porque tengan respaldo popular dentro de Cuba, sino simplemente porque cuentan con algún respaldo financiero fuera de ella. Así que no tienen más remedio que agarrarse, como el náufrago a la tabla, a la nueva administración, como si no supiéramos que ningún presidente americano —al igual que ninguno de los llamados actores políticos de la oposición— resolverá el problema cubano.

Al igual que la ofensa a Pavón, la acción política de Estado de Sats es de boquilla. La sátira gráfica de Pavón es menos aguda que la sátira político-teatral que Rodiles plasmó en libreto tras bajarse Trump del escenario pequeño-habanero: “Dijimos que se estaba tratando al régimen como un Gobierno legítimo, ahora el discurso ha sido muy claro, el régimen cubano es una tiranía, el Gobierno de Estados Unidos es legítimo y la solidaridad y los pasos hacia adelante deben ser con el pueblo cubano”.

Aparte de que la legitimidad de un gobierno no emana de ningún otro extranjero, sino de los propios gobernados, Trump fue muy claro en su discurso: “Our embassy remains open [and] we will respect Cuban sovereignty.” Así que reconoció plenamente al gobierno cubano, al mantener las relaciones diplomáticas, y se traga al Estado castrista, aunque sea a regañadientes, al respetar la soberanía de Cuba. Trump agregó: “We will never turn our backs on the Cuban people”, pero esa fue siempre la cantaleta de Obama y el sentido de su licencia comercial excepcional Ayuda al Pueblo de Cuba.

El problema que no pudo resolver Obama ni podrá resolver Trump, haga lo que haga y diga lo que diga, estriba en que el gobierno dictatorial se refiere hasta ahora a un pueblo visible, que marcha y vota por millones a su favor, mientras la oposición se cocina en su propia salsa con un pueblo en abstracto, que ni muestra la fuerza del número dentro a favor de la libertad y la democracia ni monta afuera nada parecido a los círculos patrióticos con contaron Martí y Castro. Y la fuerza visible del número es la única que cuenta en oposición pacífica. Todo lo demás es sátira, incluso estas proyecciones de identidad intolerante y agresiva contra los demás que revelan el talante castrista del anticastrismo tardo-plattista de ciertos opositores.


[1] Tal como se aprecia en los estudios estéticos de Walter Benjamin, el arte libera y conserva potenciales semánticos que estimulan proyecciones de identidad. Vid.: Habermas, Jürgen: “¿Pueden las sociedades complejas desarrollar una identidad racional?”, en La reconstrucción del materialismo histórico, Madrid: Taurus, 1981, 114.


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