Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Eusebio Leal, Cuba, La denuncia de hoy

Eusebio ¿Leal?

En Cuba “nunca ha habido un sentimiento antiestadounidense, sino antiimperialista”

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Con su pasión por el trabalenguas castrocomunista que lo caracteriza, su tendencia al arrastre, su verborrea somnífera, esa aptitud que posee para hablar hora y media sin decir nada, Eusebio Leal, historiador de la Habana y uno de los más notables lamebotas de la dictadura, ha declarado a la agencia noticiosa EFE, entre otras vacuidades, que en la Isla nunca ha habido un “sentimiento antiestadounidense, sino un sentimiento antiimperialista”.

Miente. Lo sabe. El pueblo cubano, debido a la desgracia comunista que ha asolado al país durante más de medio siglo es, quizás —y lamentablemente— uno de los más pro estadounidenses del planeta.

Si no, que este gran musarañero se baje un momento de los andamios de “las mieles del poder” y le pregunte a cualquier niño cubano promedio en dónde quisiera vivir. “En la yuma, mi socio, en la yuma”, sería la respuesta. Ese mismo niño cubano que, en las mañanas, en los “matutinos” implantados en las escuelas cubanas, debe jurar “¡Seremos como el Che!”. Aunque luego, ya crecidito, se ponga a armar una balsa para abandonar la Isla.

No hay ningún “sentimiento antiimperialista” en la Isla. Leal lo sabe. A la población lo mismo le da el “imperialismo yanqui” que el Imperio Romano; solo quiere salir de la tragedia en que los ha sumido la dictadura, aupada siempre por salamandras zurdas como Leal.

Ha afirmado asimismo el historiador en la entrevista citada: “Nosotros, los agraviados, porque el bloqueo sigue intacto todavía, fuimos los primeros en ir allí a levantar nuestra bandera”, y agrega que la relación entre ambos gobiernos debe estar basada en el “respeto y siempre a partes iguales”.

“Los agraviados”, dice, y se incluye, cuando él, miembro de la élite, no ha sentido ni un rasguño del “bloqueo”.

Y el “bloqueo intacto”, aclara. Sabe el escultor de frases de humo que el bloqueo —el embargo, diríamos— no está “intacto”, que ya son muchos los beneficios que recibe el régimen —no el pueblo— a partir de varias medidas de apertura aplicadas por el gobierno estadounidense. Entre ellas, el envío de remesas, que ha crecido hasta límites insospechados, pero hasta ahora no ha beneficiado a la población, según se nota, sino al robustecimiento de la dictadura, y ha tenido, entre sus destinos, sufragar los viajes y la buena vida de manganzones como Leal.

No menciona el verborreico el bloqueo cierto: ese que ha aplicado el castrismo a la población, el cual incluye la falta de derechos para la libre expresión, para la libertad de viajar, para recibir otra opinión que no sea las que emite el régimen a través de todos los medios de comunicación, sin excepción suyos; etcétera.

No menciona Eusebio Leal “El bloqueo hacia dentro”, que ha llevado al país a la mayor crisis económica, política y social de su historia; incluidas penurias y penumbras sin límite.

Sobre las próximas elecciones presidenciales de Estados Unidos, avisa Eusebio Leal —qué paradoja de apellido— que realiza “campaña para evitar que las partes más reaccionarias y conservadoras, que han aborrecido hasta la sangre que llevan, puedan en un determinado momento predominar”.

Yo diría, variando el contexto, que no hay mayores aborrecedores “de la sangre que llevan” que Fidel Castro y su séquito, quienes traicionaron a un pueblo, a una revolución, y quienes lamentablemente han contado con cómplices de baja talla como el parlanchín historiador de La Habana.

“La corriente actual en esta parte del mundo favorece esto, que se mantenga el cambio; se mantenga lo sensato, lo positivo”.

De eso no hay dudas, no debe preocuparse este magno farolero: habrá cambios, en Cuba, porque contra la corriente se podrá nadar por mucho tiempo, pero no toda la vida. Porque, ¿alguien sabe de una dictadura que haya sido eterna?

En este sentido, es, decir, en cuanto a los cambios, recordémosle a Eusebio Leal cuando Fidel Castro, hace unos 20 años, sentenció: “Del imperio, ni una aspirina”.

Ya ven. Así van las cosas.


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