Actualizado: 23/10/2017 19:18
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Evolución, Globalización, Revolución

¿Evolución o revolución?

En buena medida, lo que se rechaza en gran parte de las protestas actuales contra la globalización es que estamos siendo globalizados de manera incorrecta

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La humanidad está enfrentando un proceso cultural muy complejo, contradictorio, apenas entendido, en esta actualidad confusa y cambiante por horas que se ha dado en llamar globalización. El propio término globalización está siendo empleado por distintos emisores con significados que lo hacen difícilmente entendible por todos. Se trata de un cambio de escala en lo que el cerebro humano se enfoca, antes la aldea, luego la ciudad-estado, la ciudad, la megalópolis, hoy el planeta intercomunicado, la aldea global como le han llamado. Y no podemos entender en lo que estamos metidos. El pollito no entiende del huevo, como el niño no entiende a su abuelo, o el aldeano al globo terráqueo.

En el criterio que seguiremos, lo global es inherente a este planeta, que con frecuencia ha sido nombrado como globo terráqueo, pero rara vez sabíamos lo que ello no iba a marcar nuestras culturas de manera tan rápida y profunda.

Somos globales antes de ser seres humanos, desde la forma física de este planeta como un globo, pero ahora sabemos que además, la vida en el planeta solo es posible dada la profunda interacción entre sus partes, por lo que desde el origen de la vida conforma un sistema globalizado, una unidad que opera de manera muy interrelacionada, orgánica según algunos creencias religiosas ancestrales (budismo, Tao), teorías científicas recientes (Noosphera, Hipótesis Gaia) o una mezcla de ambas (Theilhard de Chardin, Carl Sagan, Einstein).

El aspecto inédito de la globalización como proceso de consciencia es la percepción generalizada de que somos globales. El budismo y Lao Tsé pueden haberlo sostenido desde hace miles de años, pero la sensación de que ya éramos un todo planetario, residía en elites. Hoy no, es la gran masa humana la que ve y percibe con medios tecnológicos (por ejemplo, una foto retrasmitida mundialmente desde una estación orbital, una vista Olimpiada por millones de televidentes) e intuye que somos globalidad.

Pero ello implica un gran cambio en cómo nos percibimos. Dejar en el pasado la manera de agruparse de los animales, el gregarismo. Dejar atrás la percepción animal sencilla, que se queda muchas veces en la piel de las cosas, es sensorialidad y cuando más intuición intelectual adelantada, para adentrarnos en una percepción alargada con medio tecnológicos, la prospección profunda del intelecto, que llega más al corazón del cosmos y nos ubica en nuestra verdadera dimensión.

Desde luego, gran parte de las protestas actuales contra la globalización, lo que rechaza es la consciencia de que estamos siendo globalizados de manera incorrecta, que primero se ha globalizado el mal que el bien, pero mucho de esta protesta implícitamente acepta que ya lo estamos.

Si aplicamos aquí a la vez la sabiduría de la frase en latín per aspera ad astra (el camino de los astros es áspero) y los planteamientos de Von Bertalanffy y su “Teoría General de Sistemas”, podíamos manejar la hipótesis de que el sistema terrestre, humanidad o global, como quiera que le llamemos a esto en que estamos deviniendo, para constituirse en una unidad funcional y orgánica más grande, eficiente y evolucionada, tiene que dudar, tiene que reconformarse, tiene que metamorfosearse. ¿Esas son nuestras dudas, nuestras cuitas, en el áspero sendero de la globalidad cultural?

En todo caso, es procedente la duda ¿es posible que la gran masa humana sea incapaz de percibir en toda su profundidad la unidad que somos, anule la genialidad de los visionarios y hasta una necesidad de la evolución, y aplace “por irracional” el sistema que algunos adelantados plantearon?

También es posible que en lugar de cumplir con aquello de “Hay que tener aspiraciones elevadas, expectativas moderadas y necesidades pequeñas” como planteara H. Stein, una educación equivocada, demagogia más que pedagogía, nos haya introducido en la tembladera cultural de ser una densa masa humana que no tiene aspiraciones sino ambiciones, un conglomerado de egoístas de expectativas desproporcionadas y necesidades que se comerían todos los recursos naturales en una lenta orgía final, sin poder contenerse.

Es muy sorprendente como el ser humano responde a lo que primero le educa, a lo que primero entendió. Lo demás, toma como referente lo que ya se cree y en ello, la humanidad misma, maniatada a sus biologismos, tribalismos o nacionalismos, simplemente puede estar aferrada a lo que primero constituyó su acervo cultural, su imprinting. ¿Lograremos desembarazarnos de este lastre?

No es posible pretender que lo que ocurrió en la historia humana es plenamente válido hoy. Media una evolución cultural, en que cambian premisas, circunstancias y resultados esperados. Lo que pasó en el tiempo de la dinastía Ming en China, o los Luises en Francia, se ajustó a las condiciones socio-históricas de cada período. Si en algún momento fue válido arribar a “soluciones violentas y revolucionarias”, que implícitamente conllevaron destrozos, ello correspondía a grupos humanos relativamente aislados, poco densos, con armas ineficientes y con un conocimiento muy fraccionado de sí mismos y sus propias circunstancias. En la modernidad y en el futuro, aceptar maneras violentas, que pretenden ser soluciones arrasando y rehaciendo sobre los escombros, no solo es inhumano e irracional, sino puede destruir el legado humano en un tsunami global. Tenemos misiles y la energía del átomo hacha arma.

A la Jerusalén bíblica la tomaron y arrasaron una y otra vez judíos, cristianos y mahometanos. Eso era un problema local y Jerusalén una aldea. La Jerusalén global del futuro, solo la podrá ocupar un ser humano sabio, bondadoso, que combata en las ideas y por las ideas y no detrás de murallas y por el territorio. Ello es el quid de la globalización.

En la globalización como está ocurriendo, al mismo tiempo, las barreras se hacen más altas (históricos intereses creados muy poderosos, políticas, ideologías, fidelidades culturales, la soledad en la multitud, mafias internacionalizadas), pero los límites son permeables, transitivos, evolutivos (integración en países continentes, intelectualidad global, cambio tecnológico, desarrollo sostenible, democracia, perspectiva multicultural, educación para amplias masas, internet y otras vías y tecnologías alternas y eficientes de comunicación y gobierno). ¿Continuaremos habitando Babel? ¿Llegaremos a encontrar “la ciudad” en la que se pueda hablar “un idioma” universal que facilite las relaciones y no que las dificulte? ¿Estará ese lenguaje amarrado a los constreñimientos de lo aldeano y tribal o será lengua no hablada antes, nunca hablada? ¿No será en la ciudad sino en los espacios abiertos, donde la comunicabilidad puede repotenciarse y hacernos renacer?¿La búsqueda del enriquecimiento humano será la tendencia que nos permita vaciar los almacenes de la incomprensión, postergar los obuses a los museos y construir la montaña cultural que besa a las estrellas? ¿Continuarán los sistemas educativos enfocados en clonar soldaditos de plomo mentales y la humanidad constituirá una manada muy mayoritariamente de Sanchos que se proyectan a corto plazo y se las arreglan para eliminar todo Quijote, lo que tienda al sueño y al largo plazo? ¿Emergerá la mente idealista y prospectiva o pereceremos tratando de alimentar los pequeños egoísmos y el materialismo miope de miles de millones de pensadores con el estómago? ¿Podremos contrapesar hoy la disyuntiva Revolución o Evolución?

Mi respuesta personal, la escribió Carl Sagan: “La historia humana puede ser vista como una lenta alborada del conocimiento de que somos miembros de un grupo mayor. Inicialmente nuestras fidelidades fueron para con nosotros y nuestra familia inmediata, a continuación a la horda, la tribu, pequeños asentamientos, ciudades estado, naciones. Se fue ampliando el círculo de los amados. Hemos ahora organizado lo que se ha descrito como superpotencias, que incluyen grupos de gentes de origen étnico diverso, trabajando en cierto sentido juntos. Si sobrevivimos, nuestras lealtades deben ampliarse para incluir la humanidad toda, todo el planeta Tierra”.

Sirva lo antes expuesto a Cuba, cerrada en su aldeanismo de alpargata. Y que se abra al mundo.


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