Actualizado: 03/12/2021 11:36
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Sprint, Cuba, Che

Fotos rigurosamente vigiladas

Cuando el empresario Marcelo Claure tuiteó una foto turística con la efigie de Che Guevara, resucitó en Miami un viejo y repetido chantaje político emocional

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Al empresario Marcelo Claure lo pusieron a correr en Miami. Sus negocios telefónicos le iban tan bien en La Habana y se puso tan contento allí, que mandó un tuit vía Sprint (Marcelo es el presidente de Sprint) que decía “¡Hola Cuba. Contento de estar aquí!”. Pero no satisfecho con la infamia de sentirse feliz en Cuba, Claure tuiteó también una foto turística con la efigie de Che Guevara. Eso desató el escándalo.

Prestos en la defensa de la patria, dos de nuestros congresistas le salieron al paso metiéndose en su tuit: Ileana Ros-Lehtinen y Carlos Curbelo; y en la refriega algún que otro convocado al tuiter de repudio amenazó con un boicot. Porque para complicar las cosas Claure es socio de David Beckham en la construcción de su estadio en Miami. ¿Y cómo es posible que un constructor en “nuestro” Miami le tire una foto al Che?

El hecho mereció titular en la primera plana del Nuevo Herald: “Foto del ‘Che’ crea fricción entre socio de Beckham y líderes cubanoamericanos de Miami”. Sabemos que nadie puede sentirse feliz en La Habana (aunque también la policía castrista pudiera forzarte a eso), pero hacer un tuit con una foto turística de la efigie de Ernesto Che Guevara es definitivamente intolerable.

Así quedó resucitado esta semana el mismo chantaje político emocional a que nos tienen acostumbrados desde siempre políticos como Ros-Lehtinen y Curbelo, los comentaristas radiales del resentimiento, y esa estela de las eternas víctimas del castrismo que proclaman su dolor como si fuera un triunfo. Existe una hermosa experiencia con varios presos políticos cubanos que cumplieron largas condenas bajo Fidel Castro: fueron valientes enfrentándose al poder; fueron valientes después en sus condenas y son valientes ahora no explotando para su beneficio el dolor de los cubanos.

Hace poco, comentando con un colega periodista la historia de la confrontación de ideas entre el exilio y el gobierno de Fidel Castro, recordábamos la gran audiencia que Radio Martí tuvo alguna vez. Su importancia. Sin embargo, a medida que la emocionalidad y la propaganda fueron adueñándose de sus ondas, aquella audiencia fue desapareciendo hasta convertirse en lo que es hoy: nada. Alguien diría que algo similar le sucede a la clase política cubano americana, sobre todo desde el pasado 17 de diciembre.

Pero volvamos a Marcelo. Su mega compañía Sprint no anda muy bien últimamente; incluso tal vez tenga que despedir a miles de empleados. Por eso se fue a Cuba, buscando nuevos horizontes, para poblarlos de millones, tal vez miles de millones de mensajitos, e mails y llamadas telefónicas por el roaming que ciertamente pactó con Etecsa (la malvada compañía telefónica cubana); así traería moneditas frescas desde ese nuevo Eldorado que para muchos despistados millonarios norteamericanos ya existe en Cuba o existirá en breve. Sería precisamente envuelto en esos paisajes de ensoñación, que Marcelo se sintió feliz y le tiró la foto al Che. Mientras tanto en Miami, alguien que estaba muy bravo de que el presidente de Sprint estuviera en La Habana negociando el viscoso asunto de los mensajitos telefónicos, seguramente le avisó al par de congresistas, a otros verticales cubanoamericanos y todos juntos pusieron a gozar a Marcelo.

De alguna forma (en la que no se excluye la autopromoción de los convocantes al twitter de repudio), el periódico se enteró y apareció en primera plana el titular. Entonces Marcelo, derrotado en su breve felicidad cubana, aunque confortado por lo de los futuros mensajitos telefónicos y sobre todo ansioso por no perder estadio de futbol de Beckham, retiró inmediatamente la foto y pidió disculpas: “Yo no tuve intención de hacer daño a nadie”, tuiteó y jerimiqueó mientras le decía adiós al Che.

Hay que explicar a los queridos lectores que durante muchos años nuestros congresistas cubanoamericanos y comentaristas radiales combatieron verticalmente a los viles empresarios extranjeros que comerciaban con el gobierno cubano: canadienses, españoles, mexicanos sintieron el peso de la moralidad. Pero también hay que explicar que existen dos tipos de viles empresarios. Los extranjeros y los israelíes. Por ejemplo Rafi Eitan, “el apestoso”, jerarca del célebre Mossad, desde el 1992 tuvo grandes negocios de cítricos en Cuba —y tal vez todavía los tenga— pero nunca Ileana Ros-Lehtinen, ni ninguno de nuestros verticales políticos cubanoamericanos lo denunció. Marcelo, qué le vamos a hacer, no eras más que un empresario bolivianoamericano.

Jorge Dávila Miguel es analista político de CNN en Español y columnista de CNN en Español y el Nuevo Herald.

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