Actualizado: 17/10/2017 10:31
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Periodismo

Hacer el ridículo

El órgano oficial del Partido Comunista es uno de los mejores ejemplos de la práctica del ocultamiento y la manipulación de la información en Cuba

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En Cuba la economía y la sociedad en su conjunto marchan mal. Paralelamente los valores se deterioran aceleradamente ante un futuro cada día más incierto. Lo único que crece es la doble moral y las contradicciones de todo tipo.

Recientemente en un artículo bajo el título “El derecho a la información” publicado en el periódico Granma el 8 de julio, se critica las dificultades que tiene la prensa oficial para poder acceder a la información, y al mismo tiempo se refiere al exceso de secretismo a que se ha habituado la sociedad cubana durante más de 50 años “de cerco enemigo”, con relación a palabras emitidas por el presidente Raúl Castro en su discurso de clausura del período de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular en diciembre de 2010.

La periodista Anneris Ivette Leyva escribe que “resulta increíble y hasta enervante que para entrevistar en su escuela a un pionero se reclame como algo imprescindible la autorización de un viceministro. O peor, que en un acto de inicio de curso donde muchas familias van con sus propias cámaras fotográficas, el órgano oficial del Partido no pueda hacer fotos porque en algunas escuelas aducen la necesidad de un permiso ministerial”. También pregunta: ¿Qué secreto estatal puede entrañar un reportaje sobre el cumplimiento de los planes de recape de neumáticos…? Y pone ejemplos de otras cuestiones de interés público sobre las cuales la burocracia se niega a ofrecer información.

Realmente estas preguntas de la periodista son insólitas, porque precisamente el órgano oficial del Partido Comunista es uno de los mejores ejemplos de la práctica del ocultamiento y la manipulación de la información en Cuba. Podrían hacerse volúmenes sobre asuntos de gran interés que se han ocultado durante años al pueblo o innumerables campañas para engañar o tergiversar la realidad, sin que la ciudadanía pueda tener acceso a fuentes alternativas de información. En estos momentos la cantidad de hechos sumamente importantes ocultados es enorme.

En el campo económico, por ejemplo, fue aprobado el pasado año el Plan de la Economía para 2011-2015, pero no se han publicado sus objetivos y sus indicadores fundamentales. Se conoce que el Plan de este año fue revisado ante los incrementos de las cotizaciones internacionales de los alimentos y combustibles, pero nada se ha informado sobre los resultados de los ajustes y sus consecuencias para la población. El colmo es que no se sabe el volumen de la zafra azucarera recién terminada, pero más todavía, no existen datos sobre el volumen de la correspondiente a 2009-2010. Ni que hablar de cuestiones tan importantes como la situación de la balanza de pagos, la deuda externa, el volumen del dinero circulante y una gran cantidad de indicadores que se ocultan o, en algunos casos, se manipulan. Se alega el consabido pretexto de la “fortaleza sitiada” y otras desgastadas mentiras, pues muchas de esas informaciones pueden estimarse desde el exterior en un mundo muy interconectado, donde el ocultamiento de la información resulta una maniobra ridícula.

El secretismo y la mentira únicamente han obtenido el descrédito internacional para el país, y el tratamiento diferenciado a las informaciones aportadas a los organismos internacionales. Un ejemplo de ello, puede verse en el Informe de Desarrollo Humano 2010 del PNUD, en el que las cifras de Cuba se ubicaron en una lista de “Otros países y territorios”, junto a naciones fallidas y sin credibilidad.

Pero esto no solo ocurre con cuestiones económicas, importantes asuntos sociales o internacionales son soslayados y ocultados. Jamás Granma ha publicado que organismos de Naciones Unidas y la reconocida revista The Economist ubican a Cuba entre los primeros 6 países del universo con mayor población penal en relación con la población total del país, algo vergonzoso que denota el fracaso de un proceso que prometió todo y no ha cumplido nada. Por supuesto, el órgano que se dedica constantemente a ver la paja en el ojo del vecino, sin ver la viga en el propio, no solo ha ocultado ese terrible dato, sino que también silencia la abrumadora proporción de jóvenes, mulatos y negros existente en la población penal; elemento que por sí solo denota los niveles de desigualdad existentes en Cuba.

En temas internacionales, la prensa cubana, en primer lugar el Granma, ha sido ejemplo de mentiras, ocultamientos y tergiversaciones. Así, la matanza más bárbara cometida en Europa después de la Segunda Guerra Mundial, en Srebrenica, Bosnia, con 8.000 personas asesinadas en una noche, ha sido prácticamente silenciada en los medios. Igualmente ocurrió respecto a la matanza de Katyn, cometida por los soviéticos para eliminar la mayor parte de los oficiales del ejército polaco. Incluso aún no se ha proyectado en Cuba el film que expone este abominable genocidio, lo cual ya han hecho hasta los rusos. Tampoco se ha hablado sobre los crímenes de Sadam Husein en el Iraq kurdo, donde aplicó gases venenosos a la población civil, con el resultado de aldeas enteras aniquiladas.

Asimismo podrían citarse el encubrimiento de las atrocidades de Corea del Norte, donde decenas de miles de personas mueren por hambre, o los asesinatos cometidos durante años por Gadafi, incluido el derribo de aviones civiles con la muerte de cientos de viajeros, equiparables con la atrocidad del atentado al avión de Cubana de Aviación en Barbados. Ahora mismo otro cubano de 23 años ha muerto en el compartimento de aterrizaje de un avión en España, procurando escapar del “paraíso”, pero no se ha informado a la opinión pública nacional y mucho menos se ha analizado por qué los hijos de Cuba desesperados quieren abandonarla en masa, aun a costa de perder sus vidas de forma tan atroz.

Como puede apreciarse, el artículo de Granma es totalmente contradictorio. Se queda en la superficie sin ir al fondo del problema, que es la existencia en Cuba de un sistema totalitario con un absoluto control de la información; basado en la mentira y siempre listo a proclamar la deficiencias de los demás, pero renuente a reconocer la calamitosa situación en que ha sumido a la sociedad cubana.


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