Actualizado: 22/10/2019 9:54
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Hermanos al Rescate

Hermanos al Rescate y un crimen sin castigo

A 16 años del derribo de dos avionetas civiles por aviones Migs cubanos, continúan las interrogantes sobre lo ocurrido

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Si condenar un crimen es un acto necesario, analizar sus causas y consecuencias es una tarea difícil, que nos expone al peligro de la injusticia y la duda. Dieciséis años han transcurrido del criminal asesinato de cuatro exiliados cubanos en dos avionetas de Hermanos al Rescate, y junto al dolor y la pena, aún hay muchas preguntas sin respuesta sobre lo ocurrido.

Tratar al menos de definir estas interrogantes es un deber que de alguna forma tenemos que enfrentar. ¿Resultó beneficioso o perjudicial para el régimen de Fidel Castro el derribo de los aviones? ¿Fue un acto irresponsable de Hermanos al Rescate, y su presidente José Basulto, salir a volar ese día? ¿Aumentó el repudio internacional al Gobierno cubano a consecuencias del hecho? ¿Fue correcta la respuesta de Estados Unidos ante el crimen?

No son respuestas fáciles, porque no estamos ante un hecho simple, sino ante un drama del que no se pueden desligar los factores humanos y éticos. Sin embargo, tampoco hay que olvidar que las guerras no las ganan los mártires y que las tiranías no se derrumban con víctimas, por doloroso y triste que ello resulte.

Es iluso y de una perjudicial ceguera política negar que el ganador de ese encuentro fue Fidel Castro. No se trató de una acción tomada en un momento de soberbia ni de un gesto impensado, sino de una decisión fríamente calculada, donde una vez más demostró sus conocimientos profundos de lo que puede esperar como respuesta de Estados Unidos a sus actos más osados.

En primer lugar, el crimen del que fueron víctimas los Hermanos colocó de inmediato en un segundo plano la represión contra los miembros de Concilio Cubano, la organización que en aquel momento representaba en buena medida a la disidencia y la oposición pacífica, y de la que pocos se acuerdan en la actualidad.

Luego, la aprobación de la Ley Helms-Burton como consecuencia del asesinato sirvió para volver a llevar la confrontación con el régimen cubano del terreno político al económico, y de dentro de la Isla al plano La Habana-Miami-Estados Unidos. En sus inicios, la Helms-Burton dio la impresión de que iba a significar el arrepentimiento de invertir en Cuba por parte de algunas empresas extranjeras, pero con los años el impacto de la ley, en este sentido, ha sido muy limitado. Otros inversionistas han venido a sustituir a quienes retrocedieron o no pudieron invertir en Cuba a consecuencia de la ley, la cual nunca ha logrado la amplitud internacional con que amenazó en un comienzo. De nuevo se impuso la estrategia de la acción económica contra el régimen de Fidel Castro. Han pasado 16 años desde aquel 24 de febrero de 1996 y se mantiene en pie la interrogante de cuántos más son necesarios para llegar al convencimiento de que cada vez que se aplica la estrategia de plaza sitiada se lleva la lucha al terreno más propicio para el régimen castrista. Desde entonces, ha vuelto a ocurrir de que cada vez que parece inmediato un acercamiento entre el Gobierno de Estados Unidos y el de Cuba, la cúpula gobernante en la Isla hace algo para impedirlo.

A su vez, la respuesta del Gobierno norteamericano al derribo de las avionetas no puede ser catalogada menos que de cobarde. No se trata solamente de que los pilotos derribados fueran residentes de ese país, tres de ellos ciudadanos estadounidenses, sino que la presidencia de Bill Clinton dedicó todos sus esfuerzos a demostrar que el derribo ocurrió en aguas internacionales. Si Estados Unidos demostró su convencimiento al respecto, ¿por qué no castigó el crimen de forma más enérgica? ¿Por qué no impidió antes las actividades de Hermanos al Rescate si quería evitar que en algunos de estos vuelos se violara el espacio aéreo cubano? El precario equilibrio entre neutralidad, simpatía con la causa del exilio y miedo a una confrontación actuaron en contra de la vida de los Hermanos. Y contrario a lo que suele pensarse, y el propio Fidel Castro solía repetir entonces, el estrecho vínculo entre la política nacional y la internacional de Estados Unidos respecto a Cuba siempre ha sido aprovechado como un signo de debilidad por el régimen cubano.

Por otra parte, desde el punto de vista de la acción política, fue un error táctico que los aviones de Hermanos salieran a volar el 24 de febrero, como también fue un error táctico anterior entregar públicamente $ 2.000 para Concilio Cubano, y dar pie a otro pretexto: el decir que Concilio estaba financiado desde Miami.

Si Hermanos desplazó su labor humanitaria a la lucha política pacifista y a la desobediencia civil, su presidente debió tener en cuenta que el 24 de febrero no era el día más adecuado para salir con sus aviones. No hay ninguna duda de que el Gobierno de Fidel Castro es el único responsable por las cuatro muertes, y de que las guerras se ganan cometiendo errores, pero lo que resulta difícil en muchas ocasiones es reconocerlos. Las razones que ha dado Basulto para explicar el vuelo de ese día invitan a pensar que entre sus motivaciones también estaba un ansia de participar en una situación cuya acción se escapaba por completo para quienes residían en Miami, un afán de protagonismo, si no político, al menos histórico.

Ahora se contemplan retrospectivamente los hechos, y se ve cómo todos los peones de la jugada de Fidel Castro se movieron hacia las casillas favorables para él: doble agente listo para aparecer en el momento oportuno y montar una operación de distracción (con pobres resultados, es verdad, pero de cualquier manera un elemento en su favor, reforzado por la ineficaz labor del FBI), una condena mediatizada en los organismos internacionales, una Ley Helms-Burton repudiada por medio mundo y un movimiento de oposición interna que requirió de un tiempo para recuperarse del golpe recibido.

Han transcurrido 16 años. La oposición en Cuba continúa activa. Ahora tiene un reconocimiento internacional muy superior al que se le otorgaba en febrero de 1996. Los crímenes del régimen castrista han continuado. También acaban de cumplirse dos años de la muerte, durante una huelga de hambre y sed, de Orlando Zapata Tamayo. Lo que no se justifica en caso alguno es la violencia con la que el régimen arremete contra cualquier ciudadano, residente en la Isla, exiliado o extranjero, que de alguna forma expresa su deseo o contribuye, aunque sea en una pequeña medida, en cualquier intento de cambiar de forma pacífica el destino del país. Una lucha por la democracia y los derechos humanos que por décadas se ha realizado en condiciones sumamente difíciles, bajo una intimidación constante y con una carencia casi absoluta de recursos.


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