Actualizado: 18/04/2019 9:42
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Disidencia, Represión

Infaustas estaciones

El Gobierno cubano arremete contra la posibilidad del manejo y expansión de Twitter o de Facebook, por eso temen a las tecnologías y al uso de ella

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Cuando te lees la novela 1984 del británico Georges Orwell, experimentas una sensación tan angustiante, que prefieres no involucrarte demasiado, la repasas impaciente, mas distanciándote para no quedar atrapada en la congoja y la impotencia de identificarte con Winston Smith, el personaje principal. Sin embargo, sabes de sobra que la realidad siempre supera la ficción. Los cubanos hemos estado por más de medio siglo sintiendo los mismos pánicos que el héroe de dicha trama, ya que hemos sido protagonistas de una adversa coyuntura social, donde los más elementales derechos cívicos, son vetados constantemente por los ucases del régimen totalitario impuesto en la Isla desde 1959.

Hace unos meses anda circulando un documento, denominado “Demanda ciudadana por otra Cuba”, que no es más que una iniciativa para fomentar un proyecto que abogue por reformas políticas en la Isla a favor de mayores libertades individuales. Y que a continuación adjunto:

Demanda ciudadana por otra Cuba
Como cubanos, hijos legítimos de esta tierra y parte esencial de nuestra nación, sentimos un profundo pesar por la prolongada crisis que vivimos y la demostrada incapacidad del gobierno actual para realizar cambios de fondo. Esto nos obliga desde la sociedad civil, a buscar y demandar nuestras propias soluciones.
Los ingresos miserables, la escasez de alimentos y vivienda, la masiva emigración por falta de oportunidades, la discriminación del pensamiento diferente, la ausencia de espacios de debate público, los arrestos arbitrarios, la falta de garantías ciudadanas, la corrupción y la inamovilidad de la elite gobernante son algunos síntomas de la difícil realidad que enfrentamos.
Queremos debatir públicamente sobre la doble moneda, las restricciones migratorias, los derechos del trabajador a un salario digno, el derecho de cualquier cubano, viva donde viva, a fomentar iniciativas económicas en su propio país, la crisis demográfica, el libre acceso a Internet y a las nuevas tecnologías. Queremos debatir sobre el ejercicio de la democracia. Sobre la base de que la Constitución de la República de Cuba establece
En su Artículo 3: En la República de Cuba la soberanía reside en el pueblo del cual dimana todo el poder del Estado.
Y en su Artículo 63: Todo ciudadano tiene derecho a dirigir quejas y peticiones a las autoridades y a recibir la atención o respuestas pertinentes y en plazo adecuado, conforme a la ley.
Demandamos al gobierno cubano:
Que ponga en práctica de inmediato las imprescindibles garantías legales y políticas concebidas en la Declaración Universal de Derechos Humanos y que ratifique el Pacto de los Derechos Políticos y Civiles y el Pacto de los Derechos Económicos Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, firmados por el Gobierno cubano el 28 de febrero del año 2008 en la ciudad de Nueva York. Esto garantizaría el pleno respeto a los ciudadanos sin importar cuáles sean sus ideas o su accionar político-social y que sean restaurados sus derechos a todos los que por sus opiniones, discrepen del gobierno. Consideramos estos derechos esenciales en la formación de una Cuba moderna, libre y plural, que nos acoja a todos por igual e inserte nuestra soberanía en un mundo dinámico y cada vez más global.
Nos sentimos comprometidos con una transformación democrática, donde todos puedan aportar sus visiones y contribuir a su materialización. Invitamos a todos los cubanos dentro y fuera de la Isla identificados con estas demandas, a sumarse a este reclamo justo y necesario. Nuestra esperanza de ser escuchados por el gobierno está casi agotada, aun así decidimos hacer llegar a las autoridades esta demanda, como un recurso impostergable para lograr un entendimiento eficaz. Estamos decididos a no aceptar el silencio institucional considerando como respuesta a esta demanda la ratificación de los pactos mencionados.

Cuando leí este pliego, inmediatamente recordé el Proyecto Varela, ideado por opositores al Gobierno de Fidel Castro en 1998 y que estuvo dirigido por Oswaldo Payá, quien le diera ese nombre en honor al presbítero Félix Varela. Este movimiento logró innegable repercusión internacional entre 2002 y 2003. Y se fundamentó en el Artículo 88 de la Constitución Cubana de 1976, que permite a los ciudadanos proponer leyes si 10.000 electores registrados presentan sus firmas a favor de la propuesta.

La Asamblea Nacional rechazó el pedido, a pesar que la organización reportó haber conseguido 11.200 firmas, más del número requerido para ser considerado. En el 2002, Payá presentó personalmente 11.020 firmas apoyando el Proyecto Varela a la Asamblea Cubana, y en el 2004 presentó 14.000 firmas adicionales. Sin embargo, la gestión no llegó a feliz término, por el contrario la reacción no se hizo esperar y la respuesta del Gobierno cubano se dio a través del Comité de la Constitución y Asuntos Legales de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba, proponiendo que la Constitución cubana fuera enmendada para hacer permanente el carácter socialista del Estado cubano.

La votación fue aprobada por el 98,97 % de los votos, que como todos saben fue resultado de presiones a los ciudadanos, así como al desconocimiento de la gran mayoría del por qué real de dicha enmienda, (no olvidemos que un porcentaje excesivamente grande de la población cubana carece de conocimiento efectivo de sus derechos civiles y que han sido víctimas de la manipulación de la información oficialista respecto a determinadas circunstancias).

El pueblo cubano ha sido programado solo para entender que cualquier manifestación de desafecto al sistema político puede ser muy cuestionada, al punto de acarrear graves inconvenientes como verse implicado en cualquier momento ante una acusación por incurrir en supuestos delitos atendiendo a las vigencias de leyes en virtud del artículo 91 del Código Penal, como la Ley No.88 de Protección de la independencia nacional y la economía de Cuba, más conocida como Ley Mordaza, la que fuera instaurada para justificar una la serie de arrestos y condenas contra detractores del Gobierno ocurridos durante el mes de abril del 2003 y a lo que se le ha dado en llamar como la Primavera Negra de Cuba, cuando 75 prisioneros de conciencia fueron sancionados a privación de libertad que oscilaban entre 10 y 20 años, después de haber sido sometidos a juicios sumarios. Los imputados en estos procesos fueron acusados de “…realizar actoscontra la protección de la independencia nacional y la economía de Cuba y actos contra la independencia o la integridad o estabilidad territorial del estado…”

Acciones estas, que como aluden las Damas de Blanco no fueron sino una respuesta al auge que empezaban a cobrar ciertos grupos de oposición en la Isla y al proyecto de reforma política Varela.

Las declaraciones del entonces Ministro del Exterior Felipe Pérez Roque en abril de 2003, fueron:

(…) El Proyecto Varela forma parte de la estrategia de subversión contra Cuba, ha sido concebido, financiado y dirigido desde el exterior, con la participación activa de la Sección de Intereses norteamericana en La Habana; forma parte del mismo esquema de subversión, no tiene el menor asidero en las leyes cubanas, es una burda manipulación de la Constitución y las leyes de Cuba”.

Agregó que “Se ha multiplicado el uso de la valija diplomática de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, para financiar, proveer de medios para ejercer su labor contrarrevolucionaria en Cuba a los grupos creados y financiados por el gobierno de Estados Unidos. En fin, se ha creado una situación de encrispamiento, de aumento de la labor subversiva, del irrespeto por las leyes cubanas, de franco desafío a la institucionalidad legal de Cuba, a la que toda representación diplomática debe respeto en su trabajo en nuestro país (…).

El Ministerio de Justicia, por su parte declaró:

(…) En abril 3, 4, 5 y 7, contrarrevolucionarios detenidos recientemente por su conocida participación en actividades mercenarias y otros actos contra la independencia y la integridad territorial del estado aparecieron en los tribunales de Crímenes contra la Seguridad del Estado, ligados a las cortes municipales del país, en una audiencia pública. Sus juicios se llevaron a cabo de acuerdo a los procedimientos establecidos en el Artículo 479 del Acto de Procedimientos Criminales, con amplio respeto por las garantías y derechos básicos de los acusados. Las sentencias impuestas por la Corte conllevaban términos de seis a veintiocho años y todos los acusados fueron debidamente instruidos sobre el derecho a apelar sus sentencias ante la Corte Suprema del Pueblo (…)

Por esta fecha y de forma coincidente aconteció el secuestro de la lanchita de Regla en La Habana, por lo que fueron procesados por actos de terrorismo y portación y tenencia ilegal de armas yexplosivos, 3 jóvenes a pena de muerte, 4 a cadena perpetua, 1 a 30 años y las mujeres a condenas entre 2 y 5 años de privación de libertad. Recuérdese que desde entonces y a causa de la postura internacional, donde los Gobiernos de la Unión Europea, el papa Juan Pablo II, organizaciones defensoras de los derechos humanos, Reporteros sin Fronteras o Amnistía Internacional e intelectuales y artistas de varias partes del mundo reprobaron estos hechos, fue que se declaró en moratoria la pena de muerte en Cuba.

Las autoridades aplicaron medidas de hostigamiento, arrestos, amenazas, multas, confiscaron firmas. La Seguridad del Estado infiltró voluntarios en los grupos de disidencia que denunciaron a los activistas que habían recogido firmas. Se instauró entonces el concepto de “peligrosidad” definido como la tendencia de una persona a cometer crímenes, demostrado por su conducta en contradicción a las normassocialistas. Lo que de acuerdo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, esta provisión es igual a un criterio subjetivo utilizado por el Gobierno para justificar violaciones a la libertad personal y el proceso legal correspondiente para aquellas personas cuyos único crimen es que tienen una opinión distinta a la opinión oficial.

Todo esto que hemos recordado, transcurrió hace nueve años, cuando por caldeados que estuviesen los ánimos, puede decirse que aún el Gobierno contaba con cierto respaldo. Me preguntaba, ahora que la impopularidad de la dirigencia ha alcanzado niveles sorprendentes, que las cotas de desacralización de sus preceptos son enormes y que la gran mayoría del pueblo ha tomado conciencia de lo descabellado que resulta insistir en modelos económicos y sociales ortodoxos que el Estado porfía en sostener. Ahora que prevalece esa suerte de paranoia que la oficialidad difunde utilizando en los medios una serie de reportajes y artículos con declaraciones de agentes encubiertos de la seguridad cubana, para hacer aparecer y reiterar nuevos conceptos como el de ciberdisidencia; la más nueva terminología cubana, creada a partir de la conjunción de las definiciones: cibernética y disidencia y que se refiere esencialmente a las personas que utilizan el ciberespacio para dar a conocer la realidad cubana, esa otra cara de la Isla que muchos desconocen tras la fachada del chovinista slogan del “más justo de los sistemas sociales”.

Hoy que la revolución informática, los teléfonos celulares y los satélites han quebrado los límites, que las nuevas tecnologías hacen posible que la multiplicación de la información acelere los procesos de análisis a niveles de velocidad tales que la inmediatez se ha convertido en un elemento ejecutante fundamental, el Gobierno cubano arremete contra la posibilidad del manejo y expansión de Twitter o de Facebook, por eso temen a las tecnologías y al uso de ellas. Por eso es que jamás se ha esclarecido qué pasó realmente con el famoso cable de fibra óptica. Por eso los cubanos no tenemos acceso a la Web 2.0. Por eso apelan a recursos tan bajos como llevar a cabo un censo solapado de ¿quiénes tienen y quienes no, teléfonos móviles o PCs? Todo esto responde al sobresalto que está experimentando el Gobierno, cuando siente que sobre él se cierne la amenaza de un ineludible desplome.

Ahora que el cambio en Cuba es inminente, que son mayores las probabilidades de repercusión de la Demanda ciudadana por otra Cuba, que la que tuviese hace años atrás el Proyecto Varela, ¿cuáles serán las respuestas del régimen, que pese a su obsolescencia se aferra en perpetuarse? ¿Será tan angustiante el panorama de la Isla como el más sombrío capítulo de la novela de Orwell? ¿Dejará incluso de estar en moratoria la pena capital? ¿Será que volverán veranos, otoños o inviernos aciagos? Han demostrado ser capaces de todos, así que no dudaba que estarían por venir estaciones negras para Cuba.

Todos mis temores quedaron confirmados, hace apenas 15 días, cuando tuve la noticia de la muerte de Oswaldo Payá en circunstancias aún del todo esclarecidas, pero la certeza de que un panorama no feliz es el que hemos de vivir todos aquellos que de una forma u otra nos resistamos a seguir aceptando la falta de libertad, fue ejemplificada con la detención y las represiones a muchos de los asistentes al sepelio de un digno ciudadano que luchó pacifica e incansablemente por una Cuba mejor y que la vida no le alcanzó para verlo. Ya sé que no les bastó una primavera negra, lamentablemente estamos teniendo un verano de duelo.


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