Actualizado: 23/09/2019 16:12
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Cuba, Cambios, Exilio

Jugando a la revolución

Llamar a un levantamiento popular en Cuba no es un videojuego

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La diferencia entre la vida real y los videojuegos es que cuando aparece el aviso “game is over” no basta con comenzar de nuevo, porque las consecuencias pueden ser muy graves e irreversibles.

Y cuando se trata de una campaña en redes sociales llamando al levantamiento popular en Cuba, vía Facebook, Twitter, mensajes de texto, o cualquier medio, la irresponsabilidad de convocarla desde la comodidad y tranquilidad del exilio, en el mejor de los casos es un disparate mayúsculo, para no ser mal pensado.

Dije “comodidad y tranquilidad del exilio” a sabiendas, porque disfrutamos de libertad, oportunidades y derechos. Quienes debimos abandonar la patria tenemos razones para la tristeza y la nostalgia, pero comparando con la represión, terror y calamidades que viven diariamente los cubanos en la Isla, el peor exilio es una panacea, sea en Manhattan, Lyon, Moscú, Port-au-Prince, Akkra o Cochabamba.

Quienes aspiran al Twitter-liderazgo lejos de la candela, llamando desde fuera de Cuba a un levantamiento popular, al influjo de los acontecimientos en el mundo árabe, deberían saber que en Cuba la historia enseña que para ser líder es imprescindible, además de una visión capaz de movilizar y arrastrar a los demás tras las ideas que se proclaman, mostrar “timbales” marchando al frente.

José Martí no se lanzó al combate en Dos Ríos, vestido de negro sobre un caballo blanco, por una abstracta vocación suicida, sino porque sabía perfectamente que para estar junto a Maceo y Gómez en la conducción de la guerra no bastaba verbo encendido y pluma privilegiada, sino que era ineludible mostrar suficiente coraje para merecerlo.

Rubén Martínez Villena, casi acabado por la tuberculosis, participó en la huelga general contra Machado, Pablo de la Torriente Brau murió luchando en la guerra civil española, Antonio Guiteras se movía por La Habana con ametralladora y pistola, Frank País dirigía la clandestinidad sin miedo a morir y José Antonio Echeverría no llamó a los cubanos a derrocar la dictadura desde el exilio, sino con una pistola a la cintura, en La Habana, minutos antes de morir bajo las balas.

Fidel Castro organizó el ataque al Moncada y llegó tarde porque su automóvil se perdió camino al cuartel, él precisamente, único de los atacantes que había vivido tantos años en Santiago de Cuba. Desembarcó en el Granma y huyó despavorido en Alegría del Pío tras el desastre, pero se las arregló para ser aceptado como líder guerrillero. En Girón entró al SAU-100 cuando la batalla estaba decidida, y apareció como que disparaba y hundía un buque invasor casi a pique. Sus historias heroicas son farsas y leyenda, pero en la percepción popular siempre estuvo al frente y dispuesto a morir.

Los líderes de las guerrillas anticomunistas del Escambray peleaban y morían al frente de sus “alzados”. Ernesto Che Guevara fracasó estrepitosamente en Congo y Bolivia, pero todo el tiempo combatió en ambas aventuras, y los jefes militares cubanos en Angola y Etiopía estaban en primera línea en los combates. Por eso todos ellos, de un bando y otro, tenían el respeto y el respaldo de sus subordinados.

La extraordinaria repercusión de Orlando Zapata Tamayo fue porque murió en su huelga de hambre sin claudicar, y la de Guillermo Fariñas porque convenció a todos, incluso al régimen, que estaba dispuesto a morir de igual forma. De lo contrario, ambos hubieran sido episodios intrascendentes.

Hace unos quince años un “iluminado” político miamense, posteriormente condenado por corrupción, hizo un llamado a una huelga general en Cuba, que sería secundada por una huelga general ¡de cinco minutos! en Miami.

¿Por qué pensar que, a pesar de las difíciles condiciones en que viven nuestros hermanos cubanos en la Isla, basta con llamar desde lejos a un levantamiento popular para que se produzca? ¿De verdad puede creerse que porque “la cosa está mala” los cubanos en la Isla seguirían a cualquier advenedizo jugando a la revolución?

No son llamados hechos por Antúnez, Biscet, o los que día a día reciben golpes, prisión, amenazas y chantajes de los órganos represivos, sino por personas cuyo denominador común es estar fuera del país y no sentir la candela bajo sus pies.

Este miércoles o jueves, según el jueguito, se produciría el levantamiento popular Twitter-promovido desde un lugar del mundo que no está al alcance de las brigadas de respuesta rápida.

Esos dos días puede haber protestas en Cuba por los aniversarios de la muerte de Orlando Zapata Tamayo y del derribo de las avionetas civiles de Hermanos al Rescate en aguas internacionales, pero nunca en respuesta a efímeros llamados al levantamiento de quienes pretenden jugar a la revolución.

Por fortuna tal locura no ocurrirá, porque los cubanos en la Isla tienen suficiente cerebro y corazón para no creer al primer tartufo que se le ocurra comenzar irresponsablemente a teclear en su aparatico digital llamando desde lejos a lanzarse a la calle como en Egipto. Que haya momias en ambos países no significa que basta con fotocopiar las soluciones.

Los Twitter-líderes a tan cómoda distancia de la candela mejor regresan a los videojuegos de verdad hasta demostrar “timbales” para aspirar a ser seguidos desde Cuba.



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