Actualizado: 26/09/2018 15:51
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EEUU, Trump, Melania

La chaqueta de Melania

Trump ha contribuido en buena medida a este auge de la estulticia en las redes sociales: ¿no fueron sus partidarios quienes hace unos meses formaron una algarabía porque Emma González apareció con una chaqueta verde olivo?

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Primero fue el gesto, luego la visita, por último, el detalle. Y en el detalle estuvo el problema. Tanto que las redes sociales no han hablado de otra cosa.

Melania Trump aprovechó el Día de los Padres para hacer un poco de crítica al padre de su hijo. A través de su portavoz y amiga, Stephanie Grisham, envió un mensaje sobre cómo odiaba ver a los niños separados de sus familias, que esperaba que ambas partes pudieran unirse para conseguir una reforma migratoria exitosa y que creía que necesitábamos ser un país que cumpliera con todas las leyes, pero también un país gobernado con el corazón.

En un primer momento el gesto pareció algo osado, al menos independiente, contrario a la puesta en práctica de la opción “cero tolerancia”. El que llegue a este país sin los papeles en regla va para la cárcel, aunque venga buscando asilo político. Delincuente de entrada. Es decir, sin entrada.

Luego vino el viaje a Texas para visitar a unos 55 niños en una instalación de inmigración —que no están presos, pero tampoco están libres— y la actitud ya no pareció tan espontánea y decidida, sino parte de una maniobra de propaganda.

La noche antes el presidente había firmado el decreto para por el momento mantener unidas las familias, al tiempo que expresado: “Creo que cualquiera con un corazón podría actuar de la misma manera”. Y ahí surgió la duda de si Donald Trump estaba copiando a su esposa o si esta, desde el principio, había jugado la carta del “policía bueno”.

Pero ocurrió el viaje —que debió haber sido planificado cuando Trump seguía repitiendo que todo era culpa de los demócratas— y surgió el detalle: tanto al subirse al avión de partida hacia Texas, como al bajarse de regreso en Washington, usó una chaqueta que a la espalda tenía un lema: “Realmente no me importa. ¿Y a ti?”. Entonces estalló el “escándalo” en las redes sociales y la chaqueta sustituyó al gesto, a todos los gestos anteriores.

Es de tontos pensar que Melania utilizó una prenda con tal lema a propósito. Si se fijó en algo, o si quienes la asisten se fijaron en algo, fue en que no llevara una prenda costosa. Y ese objetivo se cumplió: una sencilla chaqueta verde olivo de Zara, que cuesta unos $39.

Hay un empeño en Washington, desde hace muchas décadas, de recordar errores pasados para no repetirlos, al tiempo que se descuidan las posibilidades de caer en otros nuevos. Así que la atención se concentró en el precio y nadie miró el letrero, porque lo que todos estaban pensando era en los zapatos stilettos negros del otro viaje a Texas, durante el huracán Harvey.

Para una modelo —y Melania lo sigue siendo a diario, como cuanto participó en el recibimiento de los estadounidenses liberados en Corea del Norte y su rostro era un ejemplo a copiar por las concursantes a Miss Universo—, tantos problemas con el vestuario merecen una consideración a fondo.

Por lo demás, Trump ha contribuido en buena medida a este auge de la estulticia en las redes sociales, al alentar a sus seguidores en dicho empeño. ¿No fueron sus partidarios quienes hace unos meses formaron igual algarabía porque Emma González apareció con una chaqueta verde olivo? Así que, una vez más, Melania es víctima de su marido.

Más importante que la chaqueta fueron las palabras de la primera dama dirigió a los niños retenidos. “Sean amables y agradables con los demás, ¿de acuerdo?”, les dijo. También les deseó “buena suerte”.

Así de sencillo es el asunto para Melania. Con esa simpleza, poca importancia tiene la chaqueta que llevó al subir y bajar del avión. Y para la próxima, que traiga los stilettos.


Esta columna apareció el lunes en el Nuevo Herald.


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