Actualizado: 26/11/2020 16:04
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La culpa de los otros

Admitir que en el ejército existen individuos dispuestos a sacudirse la asfixia social develaría una gran debilidad.

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Es un recurso viejo, manido, ese del gobierno cubano de atribuirle a Estados Unidos cuantos males y sucesos dramáticos ocurren en la Isla. Puede resultar eficaz para esa masa de seguidores de la todavía llamada "revolución cubana" que viven en cualquier ciudad del globo terráqueo, desde Ciudad del Cabo a Halifax, Barcelona o Nueva York, participantes asiduos de encuentros de solidaridad con La Habana, contra la globalización o el Tratado de Libre Comercio para las Américas, organizados en Cuba.

Es eficaz para los que no se detienen a averiguar mucho y aceptan como verdad las notas oficiales de La Habana, o las interpretaciones —superficiales e interesadas— que de ellas hacen los periodistas de algunos diarios y agencias de noticias. Me pregunto si el recurso sigue siendo eficaz para la inmensa mayoría de los cubanos que viven en la Isla, cuando no contraproducente.

No se trata de que Estados Unidos no haya utilizado a lo largo de varias administraciones herramientas violentas en su política para deshacerse del régimen de Fidel Castro. No. Washington no estuvo ajeno a la organización de Bahía de Cochinos, la instrumentación del plan Mangosta, o la tolerancia de grupos armados anticastristas que por años radicaron en la Florida, por mencionar sólo algunos ejemplos conocidos.

Cada quien debería asumir lo que le toca, por aquello de que "al César lo que es del César". Se trata de la manipulación que con fines políticos hace el gobierno —ahora el de Raúl Castro— de lo que no se genera en Langley o en la Casa Blanca, ni siquiera en los Everglades, sino en las barracas de una remota unidad militar en el pueblito de Managua; a partir de las frustradas expectativas de vida de tres reclutas oriundos de Camagüey, quienes además de haber tenido que presentarse al Servicio Militar Obligatorio, ahora deberán ser juzgados por deserción y, además, por asesinato.

Algo anda muy mal

El título de la nota oficial sobre el reciente intento de secuestro del avión no pudo ser más revelador del miedo que experimenta el actual gobierno: "Acto de terror promovido por Estados Unidos". Tiene que tener mucho miedo ese gobierno a admitir las verdaderas causas de los sucesos, cuando recurre a la imagen diabólica del "enemigo" como culpable de estos hechos de violencia. Mucho miedo ante un acontecimiento, nada aislado, que tiene sus orígenes en la cada vez más difícil y asfixiante situación nacional.

Algo anda muy mal, también bajo el régimen de Raúl Castro, cuando a tres jóvenes se les ocurre escapar armados de una unidad militar con el propósito de "irse" del país; cuando miles de cubanos siguen llegando a Cancún, a las costas de Honduras, Islas Caimán, la Florida, cuando se arriesgan a fracasar en el intento, como los náufragos encontrados al sur de Batabanó recientemente, o a perecer en las aguas del Golfo.

Muy desestabilizador para el general de Ejército y su régimen sería admitir que las cosas no andan bien en Cuba. Sobre todo cuando no se han evidenciado siquiera intenciones de revertir la situación imperante con simples reformas, no ya con cambios urgentes y necesarios.

Admitir que estos tres reclutas y los cientos de miles de balseros han actuado desesperados, debido a la cada vez más difícil situación social y económica para los ciudadanos de a pie, y por el clima de represión que en diverso grado cada individuo experimenta allí, habría sido un indicio de que el actual gobierno "temporal" de Raúl Castro y sus militares están dispuestos a emprender las reformas que muchos vienen anunciando desde dentro y fuera de Cuba, pero no se ven por ningún lado. Es mejor culpar a la Ley de Ajuste.

¿Se lo creen los cubanos?

De igual manera, admitir que entre los reclutas de las muy flamantes Fuerzas Armadas de Cuba —presentadas por muchos en los últimos tiempos como institución sólida, popular y de "prestigio", garante de la estabilidad en la "transición"—, existen individuos que están dispuestos a sacudirse la asfixia social, a rebelarse, como demuestran los hechos recientes y otros denunciados por la prensa independiente de Cuba, sería develar una gran debilidad del pilar sobre el cual, se dice, descansa el sistema hoy.

Podrían catalogarse de excepcionalidad los sucesos protagonizados por estos tres muchachos; no así el sentimiento de frustración y desesperanza que de común anida en la inmensa mayoría de los reclutas del Servicio Militar Activo, base de la pirámide del ejército cubano.

Por eso es mejor culpar "al enemigo". Aunque, ¿se lo creen los militares?, ¿se lo creen los miembros del Consejo de Estado que deberán sancionar las sentencias sumarias? Más importante aún, ¿se lo creen los cubanos?