Actualizado: 21/08/2019 5:32
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Pinochet, Chile, Allende

La importancia de saber que pasó en Chile (Comentando a mis comentaristas)

Cargar las responsabilidades de la bestialidad fascista del 11 de septiembre por igual entre la Unidad Popular y los golpistas es absurdo

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En un artículo publicado la semana pasada expuse algunas ideas sobre los significados del 11 de septiembre, centrando mi atención en el que ocurrió en Chile cuando un golpe de Estado derechista derrocó al gobierno constitucional y democrático presidido por Salvador Allende.

El artículo motivó una veintena de comentarios. Una minoría opinaba razonablemente a favor o en contra, lo cual agradezco. Otros, la mayoría, eran exabruptos morbosos y ofensivos usuales en las reacciones políticas de una parte de la emigración cubana y de los lectores habituales de CUBAENCUENTRO. Entre ellos incluyo tanto a los anticomunistas primitivos que gastan sus resentimientos en ataques desconsiderados contra los que piensan diferente (regularmente con seudónimos) como el caso de un poco imaginativo vocero castrista (supongo que ad honoren) que ve en cada posicionamiento intelectual una ventaja oportunista, imagino que aleccionado por su propia existencia.

A estos últimos no me refiero en este comentario, sino para sugerir a CUBAENCUENTRO, una revista digital valiosa, que impida estas manifestaciones, lo cual es posible que afecte un ejercicio menos democrático que de chusmería y plebeya. Y que ayudaría a crear un clima de debate respetuoso y plural que todos necesitamos. Y en cambio quiero referirme a los comentarios críticos razonables, y que, desde mi punto de vista, no por razonables fueron acertados.

  1. Cargar las responsabilidades de la bestialidad fascista del 11 de septiembre por igual entre la Unidad Popular y los golpistas es absurdo.
  • Es cierto que el gobierno de la UP cometió errores, pero muchos de ellos se cometieron en el marco de una escalada violenta oposicionista que comenzó incluso antes de que tomaran el poder.
  • Es cierto que había elementos extremistas dentro del gobierno de la UP, pero eran menores y no marcaron la ejecutoria principal que se caracterizó por el apego a la legalidad democrático liberal existente.
  • Es cierto que la UP confrontó dificultades económicas, pero ello no fue simplemente el efecto de la mano invisible del mercado, sino la confluencia de dos factores: el agotamiento de un modelo de crecimiento que ya fue visible durante el gobierno reformista democristiano de Frei (1964-1970) y la huelga empresarial subversiva.
  • Es cierto que la UP ganó en 1970 con 36 % de apoyo, pero es también cierto que en 1971 obtuvo 51 % en las municipales, y en 1973 el 43 % en las parlamentarias. A pesar del boicot en todos los sentidos, siguió ganando apoyo popular.
  • Minimizar la intromisión estadounidense en este proceso como organizador y financiador de la oposición es un desatino absoluto. Yo admiro la lealtad de los cubano-americanos para con el país que los acogió, pero eso no puede llevar al extremo de desconocer la historia, y mucho menos de opinar desconociéndola. Espero que algún día la elite política norteamericana pida disculpas por haber apoyado el asesinato de tantos chilenos.
  1. Considerar que el 11 de septiembre chileno fue un hecho absolutamente local y que abrió buenas perspectivas para el país, es otro ejemplo de ignorancia e ideologización de la historia.
  • Tras el golpe de Estado, Chile se convirtió en un laboratorio de experimentación social de primer orden. El modelo neoliberal se aplicó sin contemplaciones en el país por primera vez, mostrando sus ventajas macroeconómicas y sus devastadores efectos sociales, lo cual fue parte de las mismas correcciones que tuvo que hacer el régimen golpista. Lo que vino después para América Latina —recordemos el fracasado Consenso de Washington— fue parte de una saga que hoy hace aguas y se cuestiona desde todas las esquinas.
  • Chile sirvió de escenario para la primera elaboración política de una nueva derecha que asumiera en sí la pasión mercantil del neoliberalismo con el tradicionalismo conservador. Fue tan convincente, que sirvió de referencia a su más elaborada versión europea, el Thatcherismo. Su arquitecto fue Jaime Guzmán, un adicto al poder pinochetista, asesinado años más tarde por un comando izquierdista.
  • Decir que los militares fueron buenos por el manejo económico, pero malos por la política autoritaria es un desatino. En la historia no se puede botar el agua sucia para juguetear con el niño, porque ambos son partes de la batea. Los resultados económicos del neoliberalismo son inseparables de la aberración política del pinochetismo, sencillamente porque se basaron en la destrucción del tejido social y político que sostuvo la vigorosa democracia chilena, el asesinato de líderes populares, la represión de las organizaciones reivindicativas y la derogación de la legislación social que los chilenos habían ido construyendo desde principios del siglo XX.
  • La herencia neoliberal no es solamente de desigualdad sino de marginación. Es cierto que Chile es un país de desigualdad creciente, donde el 1 % de la población retiene el 30 % del ingreso, pero es sobre todo de generación de más desigualdad, debido al precario acceso de la mayoría de la población a servicios sociales básicos medianamente aceptables, como son la educación, la salud y la seguridad social. La esencia del modelo económico chileno ha sido el beneficio desproporcionado de una elite económica emergida del ajuste neoliberal y protagonista del boicot económico al gobierno de la Unidad Popular.
  • La historia posterior al régimen militar es en muchos sentidos una historia positiva de realizaciones sociales y políticas desde una coalición de izquierda, todo lo cual analizo críticamente en un artículo reciente. Pero creer que la historia posterior ha sido un ejercicio pausado de realizaciones, es un error que desconoce el vigor de las luchas sociales y las falencias de un pacto político que respetó a sus genocidas, al punto que Pinochet continuó siendo jefe de las fuerzas armadas, y luego intocable hasta su muerte en 2006.

Finalmente, sí creo que existe una relación, digamos que argumental, entre los dos 11 de septiembre. Percibo uno como antecedente del otro, solo que el primero ha sido silenciado y reducido a una recordación parroquial no porque haya sido intrascendente (tuvo trascendencia global) sino porque es difícil asumir tanta agua sucia. El horrendo crimen perpetrado por los fundamentalistas islámicos en New York fue una reacción morbosa contra la hegemonía americana. La misma hegemonía que se vio retada en Chile en 1973, y que apoyó el golpe fascista contra la Unidad Popular y su proyecto socialista democrático. Y eso realmente no lo digo yo, Lean a Kissinger.


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