Actualizado: 17/10/2017 10:31
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Reza Pahlavi, Exilio, Oposición

La indigencia en el problema cubano

Millones de dólares invertidos en la transición a la democracia en Cuba no han conseguido arrastrar a millones de cubanos contra el castrismo

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La iniciativa del desamparado que aparece en la foto —tomada en la intersección de la carretera U.S. 1 y Kendall Drive— sobrepuja en racionalidad instrumental a tantas y tantas iniciativas que rebajan la militancia anticastrista a los ademanes fútiles y desatinados.

El último de grito de esta moda es un “acuerdo de cooperación” entre la Asamblea de la Resistencia y el imaginario príncipe iraní Reza Pahlavi, progenie del sha derrocado en 1979. Hace dos años, la misma asamblea constituyó un “frente unido por la libertad y la democracia” con rebeldes sirios. En busca de soluciones al problema cubano, las “iniciativas” llegan a forjar alianzas con banderías de la región más complicada y peligrosa del mundo, que ni siquiera atinan a resolver sus propios problemas.

Los fondos

Aquel pobre desamparado recaudó mucho más dinero del que pensaba tirando a relajo la línea dura ya caduca del anticastrismo. En contraste, los ademanes anticastristas presuntamente en serio no logran recaudar dinero suficiente entre cubanos y tienen que sobrevivir con fondos ajenos. El exilio parece haberse desencantado para siempre con el ingeniero José Elías de la Torriente pasando cepillo para invadir a Cuba. No en balde Orlando Bosch puntualizó: “El jugó con las esperanzas, las aspiraciones y el dinero del pueblo (…) Nadie más levantará una falsa bandera, por temor a perder su propia vida” (Réplica, 3 de julio de 1974, p. 13).

Bosch se refería a las banderas de guerra. Hoy se levantan por doquier falsas banderas pacíficas de oposición: paro nacional, plebiscito de una sola pregunta, llamado urgente, hoja de ruta, tal campaña o proyecto y hasta más cual partido. Así prosigue aquel juego, pero ya sin temor alguno a perder la vida, porque la guerra se acabó y el dinero no viene del pueblo.

Desde luego que todavía hay excepciones. Un empleado del restaurante Habana Vieja, en Coral Gables, prometió a Antonio Rodiles donar 10 dólares mensuales a la campaña Por Otra Cuba —quizás la única que no levanta falsa bandera y procede con racionalidad de medio a fin— y, como buen conocedor del paño cubiche, precisó que nada pedía a cambio.

Sin embargo, el quid radica en que la acción política no debe discurrir de modo privado y ocasional, con un premio Sajarov por aquí y unas cuantas becas por acá, sino movilizar a millones personas. La situación estriba en que millones de dólares invertidos en la transición a la democracia en Cuba no han conseguido arrastrar a millones de cubanos contra el castrismo.

Y lo peor es que ahora mismo en el exilio, la coalición de unas 40 organizaciones denominada curiosamente Comité Pro Defensa de la Dignidad convocó a protesta que acabó congregando “aproximadamente 300 personas” (El Nuevo Herald) o “unos 500 exiliados” (AméricaTeVe), aunque uno de los organizadores había soltado ante las cámaras que vendrían “diez mil”.

Los medios

El abordaje en Miami algo tan serio como el espionaje castrista dentro de EEUU ilustra cómo los ademanes anticastristas fútiles y desatinados incluso caen en la olla de la indigencia por la golosina de una cebolla mediática.

El mismo día de la mencionada protesta, los titulares del noticiero vespertino del telecentro de Hialeah Gardens (Canal 41) arrancaron con que un bloguero había puesto al desnudo a ciertos agentes de la Dirección de Inteligencia (DI) castrista vinculados al espionaje dentro del mundo académico estadounidense. Esta “noticia” no debió darse en dicho espacio, sino reservarse como libreto para algún sketch del programa que venía a continuación: Happy Hour, conducido por el comediante Carlucho.

El blog Cuba al descubierto colgó una foto de grupo en la Universidad de Minnesota con el primer secretario de la Sección de Intereses de Cuba en Washington, Jesús Diosdado Perz (sic) Calderón, al centro y marcado con círculo rojo. El texto encima rezaba: “Espía cubano con las manos en la maza (sic)”. Debajo se explicaba que estaba “reclutando agentes”. No se trata de que un bloguero cuelgue lo que le venga en gana, sino de que un espacio informativo difunda su insensatez y así desinforme. Ningún oficial de inteligencia recluta en público.

Y lo peor es que la insensatez se arropa hasta con atuendo académico. El 13 de junio de 2010, la Casa Bacardí cobijó la conferencia “Cuba espía en Estados Unidos”. Por esa denominación tan sonsa de algo tan consabido puede intuirse que pasó allí, pero así y todo resultaron sorprendentes los retruécanos del ejercicio del periodismo como labores de agentes de opinión al descubierto, agentes encubiertos y agentes pasivos dentro de los medios de prensa.

La función por antonomasia del reportero, detallada en el decálogo profesional (1960) de Phillippe Temporal, se allanó al nivel indigente de que “cuando un reportero está de alguna manera ligado a un servicio de seguridad se aprovecha, se apropia de la noticia lo más pronto posible.” Y el declive prosiguió con la caza de agentes fantasmagóricos en un reportaje sobre la industria petrolera en Cuba y en torno a una serie sobre Fulgencio Batista.

Coda

El pasado 2 de septiembre, el FBI largó un informe de cinco páginas sobre el espionaje castrista en la academia estadounidense. La gula mediática del anticastrismo irracional provocó que el informe se engullera sin advertir que, simplemente, reciclaba y resumía la monografía que un desertor de la DI había publicado hace más de una década: El servicio de inteligencia castrista y la comunidad académica norteamericana (2002).

Las derivaciones alocadas a partir de este informe sobre lo trillado agudizan la situación descrita por el teniente coronel (retirado) de la contrainteligencia militar americana Chris Simmons: la DI “no puede reclutar a todos los que quisieran espiar [ni] tiene bastantes oficiales para atender la oferta de voluntarios a favor de Castro en el mercado del espionaje, [porque] hay muchísima gente ingenua que todavía profesa amor a la revolución cubana”.

Todo parece indicar que hay también muchísima gente que todavía profesa el cambio en Cuba con papelitos, en vez de con votos, y dan pábulo noticioso a las cosas más insensatas tan solo porque se enfilan contra el castrismo. Así, estos servicios de contra inteligencia —insulto al sentido común— anticastrista complementan a los servicios de inteligencia castrista y, salvo raras excepciones, la racionalidad de medio a fin del anticastrismo se arrincona en aquella intersección de Miami donde un indigente pide dinero para matar a Castro.


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