Actualizado: 23/09/2019 10:00
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| Opinión

Cubalex, Represión, Derechos

La represión llamativa y la nueva ola

La represión está siempre latente para todos y cada uno de los grupos opositores o disidentes

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El asalto a la sede de Cubalex, que es la propia casa de Laritza Diversent, sita en Lindero No. 169, El Calvario, y reconstruida con fondos del exterior, ha sido calificado como “llamativo” en virtud de que este llamado “centro de información legal” no es el tipo de organización reprimido usualmente por la dictadura, que venía dando preferencia a la represión contra “quienes andaban en las calles”. Tal enfoque refleja cierta incomprensión del castrismo tardío, que reprime a quién y cuándo le dé la gana. Nada previsible es llamativo si sucede realmente ni hay ola represiva novedosa en el flujo y reflujo continuo de una y la misma represión política como rasgo esencial del Estado totalitario.

Remember Primavera Negra

El presidente americano Jimmy Carter visitó Cuba en la primavera de 2002. Bajo la protección de la Seguridad del Estado, los disidentes a favor y en contra del Proyecto Varela se reunieron con Carter en tandas separadas y regresaron a sus casas frescos y bajitos de sal. A la primavera siguiente, la mayoría de ellos dio con sus huesos en la cárcel por actos que venían realizando no solo al reunirse con Carter, sino desde mucho antes.

Nada tiene de novedoso ni de llamativo que Cubalex sea hoy blanco de la represión, como antes fueron y también ahora siguen siendo UNPACU, las Damas de Blanco y otros. La represión está siempre latente para todos y cada uno de los grupos opositores o disidentes. Simplemente se desencadena conforme al principio de oportunidad, esto es: a la entera discreción de los órganos de poder, como ilustra ejemplarmente la Disposición Final Primera de la Ley Mordaza (Ley No. 88/1999): “La Fiscalía General de la República, respecto a los delitos previstos y sancionados en la presente Ley, ejerce la acción penal pública en representación del Estado en correspondencia con el principio de oportunidad, conforme a los intereses de la Nación”.

En trance de ingenuidad, Cubalex se describe como “agencia no gubernamental que se dedica a prestar servicios legales gratuitos (…) tratando de encontrar en la propia legislación cubana y en los pactos internacionales que Cuba suscribe, los resquicios legales mínimos para proteger los derechos de los desprotegidos”. Lo cierto es que ni una ni en otros Cubalex puede encontrar ningún resquicio para su propia existencia.

Prestar servicios jurídicos no es ocupación autorizada para ejercer por cuenta propia ni mucho menos con fondos procedentes del exterior, que suponen cierto tipo de inversión extranjera. Así que Diversent se mareó con los viajes al exterior si creía que podía nadar contracorriente sin riesgo de que el Estado cayera, con esa fuerza más, sobre ella y Cubalex.

Se sabe de antemano que Cuba no es un Estado de Derecho, pero tiene que saberse también que dura lex, sed lex. Las leyes cubanas no permiten nada parecido a Cubalex y para que eso deje de ser así hay que cambiar la ley, algo que solo puede hacerse cambiando al parlamento. Y así como la denuncia de este asalto como violación de derechos humanos no concitará apoyo del pueblo ni siquiera en El Calvario, tampoco la presión del exterior forzará al Gobierno a dar marcha atrás.

Noticias falsas

Más ingenuo todavía es blandir esta peripecia represiva como indicio de una buena noticia: “que el Gobierno cubano no sabe qué hacer”. Por el contrario, el Gobierno sabe que los centros de presión del exterior —Estados Unidos y la Unión Europea— no van a reaccionar eficazmente ni contra el asalto a Cubalex ni contra las demás violaciones que suenan y resuenan en los medios de prensa y en los incontables foros del exterior que dan espacio a los disidentes cubanos.

La represión ha llegado al colmo de que, como denuncian activistas en el Oriente cubano, los policías proceden a la entrada y registro forzoso en domicilio privado de madrugada, aunque la ley prescribe que tiene que hacerse entre las cinco de la mañana y las diez de la noche, amén de ocupar cosas que jamás devuelven, a pesar de que ni siquiera abren expediente investigativo ni mucho menos instruyen de cargos.

La ingenuidad se torna pueril con otra noticia: que Diversent “aterroriza [a los gobernantes] cuando trata de enseñar a los cubanos a ejercer sus magros derechos”. Ninguna víctima de la represión infunde terror. Diversent, como todas las demás figuras del jet set de la disidencia, son yoyos a los cuales el castrismo tardío da pita y recoge cuando le viene en gana, porque sabe de antes que la gente no saldrá a la calle por ella y ahora sabe también que la reacción exterior no pasará de meras declaraciones tan protocolares como hipócritas.

A fin de cuentas, el régimen puede demostrar que Diversent actuaba fuera del orden legal y si replicamos que ese orden es injusto, cruel e inhumano, la respuesta será que ese orden legal está convalidado por la inmensa mayoría del pueblo a través de su apoyo al Gobierno que dicta las leyes. Vendrían entonces los comentarios de que ese pueblo está realmente en contra del Gobierno y sus leyes, pero se comporta de manera inconsecuente por temor a la represión. Y esto desemboca en que ya no serían los gobernantes, sino los gobernados, quienes están aterrorizados.

Coda

Jamás podrá superarse el terrorismo de Estado contra el pueblo mediante el retruécano ilusorio de que tales o cuales gentes sin pueblo aterrorizan al Estado.


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