Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Felipe Calderón, México

La visita de Felipe Calderón: cuatro ejes de la relación México-Cuba

Al calor de la campaña electoral mexicana de 2012, la visita de Calderón a La Habana es pura ganancia. Pero el panorama electoral del país azteca es solo un aspecto de un vínculo complejo e histórico que ahora se busca incrementar

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Con la visita de Felipe Calderón a Cuba retorna una larga tradición mexicana de visitas presidenciales a la Isla en el último año del sexenio. La ocasión es propicia para evaluar el estado de las relaciones bilaterales y sus perspectivas inmediatas. En el actual acercamiento converge el redimensionamiento por el presidente Calderón de la política mexicana hacia América Latina con la correspondiente intención de Raúl Castro de crear un ambiente internacional amigable a las reformas que están teniendo lugar en la Isla.

Frente a la coyuntura cubana actual, la diplomacia mexicana enfoca la relación con la Isla a partir de cuatro ejes:

1) En el eje histórico, México procura restablecer la relación privilegiada de intercambio cultural y educacional, comercio y cooperación que existió con Cuba por toda la segunda mitad del siglo XX. Con la visita del presidente Calderón, ambos países buscarán resolver los problemas de la deuda cubana y el acceso cubano a créditos frescos a cambio de oportunidades a grupos empresariales mexicanos interesados en aprovechar las aperturas que tienen lugar en la Isla. Permitir la participación de PEMEX en la explotación conjunta de los recursos petroleros cubanos es una vía apropiada, no la única, para esos propósitos.

2) En el eje estratégico y de seguridad, México y Cuba comparten una larga frontera marítima común. El interés nacional mexicano favorece la estabilidad regional, evitando situaciones de crisis en sus vecinos que puedan derramarse hacia su territorio. México favorece las aperturas graduales que tienen lugar en la Isla. Para ello, Calderón y Raúl Castro procuran recuperar la presencia mexicana en Cuba, coordinar respuestas a problemas comunes como la inmigración y el enfrentamiento al delito, y usar la cercanía geográfica y cultural entre ambas sociedades para incentivar preferencias de las elites por una asociación estratégica.

El segundo gobierno del PAN reemplazó las visiones ideologizadas de la administración Fox por una evaluación realista sobre las capacidades exiguas de la oposición interna y el exilio de derecha para liderar las transformaciones inmediatas en la Isla. Esto no equivale a que Calderón retornase al esquema priista de relaciones exclusivas con el Gobierno cubano (Ya abandonado parcialmente por Salinas y Zedillo), como ha sugerido el ex canciller Jorge Castañeda. Calderón ha usado la separación partido-estado para desentenderse de la relación del PAN y los seminarios mexicanos de la Fundación Adenauer con sus homólogos ideológicos cubanos. Desde los Pinos, prioriza el vinculo intergubernamental y los intereses estratégicos y económicos. A diferencia de Fox y Castañeda, renegado de posiciones juveniles de izquierda, el actual inquilino de Los Pinos no ha considerado un deber de identidad exhibir simpatías por los opositores cubanos que se deducen de su trayectoria e ideología.

3) En el eje regional, Calderón enfatizó, desde su discurso al cuerpo diplomático mexicano en enero de 2007, la condición mexicana de “puente”, “país orgullosamente latinoamericano que está ubicado en América del Norte”. Con ese “proyecto de inserción internacional”, para usar una expresión de Peter Hakim, Calderón busca capitalizar su alianza estratégica con Washington para empujar con discreción —¡otra vez, México!— a favor de una distensión en el conflicto entre Cuba y EEUU.

Para tal fin, la canciller Patricia Espinosa no disimuló una ruptura con el diseño Fox-Castañeda que absolutizó la relación con EEUU, perdiendo “presencia e interlocución” en América Latina y el Caribe. Sin abandonar la relación privilegiada con Washington, Tlatelolco fue artífice con Itamaraty de la creación de la CELAC y de la inclusión de Cuba en ella. Una relación madura con La Habana fue parte de una nueva estrategia regional para rebajar antipatías y resolver los diferendos diplomáticos heredados de su antecesor con los gobiernos de la izquierda radical, como Venezuela y Bolivia.

Para que México pueda ser puente en la relación triangular con Washington y La Habana, es necesario que en su vértice converjan relaciones cordiales con los dos contendientes. El presidente Calderón combina vínculos afables con el presidente Raúl Castro, con ser el líder latinoamericano más cercano al presidente Obama. La reciente cumbre de América del Norte, a inicios de abril, en Washington se focalizó en las relaciones trilaterales pero sirvió también de preludio a la VI Cumbre de las Américas, donde la exclusión de Cuba del conclave es el tema más dramático. No es impensable que Calderón porte un mensaje de Washington a Cuba o viceversa. Una segunda administración Obama dispondrá de mayor flexibilidad para cambiar la política norteamericana hacia Cuba, e incluso resolver las espinosas detenciones de Alan Gross en Cuba y los cinco cubanos arrestados en Miami en 1998.

4) En el eje de la política interna mexicana, Cuba es un tema simbólico. Al decir del ex embajador norteamericano en México Jeffrey Davidow, Fidel Castro “es parte del escenario local, y en ocasiones, se convierte en el protagonista”. La expedición del yate Granma se preparó en Ciudad México. En cincuenta años, Fidel Castro desarrollo relaciones históricas con todos los partidos, la intelectualidad y hasta el aparato de seguridad mexicano, incluido el temido Fernando Gutiérrez Barrios. Jesse Helms, el senador que convirtió al embargo contra Cuba en ley, fue, por sus ataques racistas a México, el político norteamericano más odiado por los nacionalistas mexicanos.

El estilo personalista de Vicente Fox y Jorge Castañeda agravó los problemas ya de por sí difíciles de la transición del PRI al PAN en las relaciones bilaterales. El conflicto a propósito de la retirada abrupta de Fidel Castro de la cumbre de Monterrey reflejó una visión amateur. ¿Cómo pensó Fox que con cortesías personales iba a pagar lo que en esencia era un favor político? Si aquella crisis entre La Habana y Fox demostró que Cuba tiene capacidad ofensiva al interior de México, el incidente Ahumada en 2006 ratificó que el precio a pagar allí por un conflicto con los Castro no es menor.

Al calor de la campaña electoral mexicana de 2012, la visita de Calderón a La Habana es pura ganancia. No hay disputas entre los principales candidatos del PRI, el PAN o el PRD sobre la conveniencia de elevar el perfil de las relaciones con Cuba. La visita, concluye el descongelamiento confirmado de las relaciones bilaterales postergado por la suspensión de los vuelos en 2009 a raíz de la epidemia AH1N1, y la posposición del viaje de Calderón a La Habana. Al viajar a Cuba, Calderón, que es un hombre de partido, afirma la credibilidad del PAN frente a acusaciones de subordinación al Gobierno de EEUU. El viaje también es un respaldo a su candidata, Josefina Vázquez Mota. La visión panista de las relaciones con Cuba no es la política de Fox sino el consenso tripartidista a favor de la cooperación con La Habana.

¿Y si ganara Enrique Peña Nieto, candidato favorito según todas las encuestas? Calderón no tiene nada que temer. En el PRI, las posiciones de su ex presidenta Beatriz Paredes Rangel, activísima en promover una relación distendida con Cuba, son la norma. En ese caso, quedaría el merito panista de haber restablecido una relación viable con la Habana.


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