Actualizado: 23/09/2019 16:12
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Las bondades del diablo

De guerrillero a cirujano en jefe: El afán por trascender una isla que siempre ha encontrado estrecha.

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Fue en julio y en 1998 cuando un taxista mexicano nos preguntó a Sara y a mi: "¿cubanos de Cuba o de Miami?", como si existiera un país dividido —al igual que Alemania después de la Segunda Guerra Mundial— o dos naciones que se habían apropiado de un mismo nombre.

Luego de saber la procedencia, el hombre se empeñó en ganarse nuestros dólares, y al tiempo que se mostraba solícito en llevarnos a los Jardines de Xochimilco, las pirámides y los mercados de artesanía del Distrito Federal, alababa los logros de la medicina en la Isla.

"Esta enfermedad, la curan en Cuba gratis", nos dijo mientras nos mostraba un brazo y se viraba para que pudiéramos ver mejor las manchas de su cuello y cara. A partir de ese momento, supimos que nuestra conversación marcharía cuesta arriba si hablábamos de política. Alguien que padece de vitiligo no es fácil de convencer. Sobre todo si en algún momento le han hecho una promesa de tratamiento gratuito —así nos hizo saber—, en caso de lograr las conexiones necesarias para emprender el viaje a la Isla.

De nada sirvió explicarle que la medicina para extranjeros en La Habana había que pagarla con esos mismo dólares —muchos más— que se empeñaba en ganar aquella mañana, que salvo por razones políticas —no existentes entonces y tampoco hasta el momento— los mexicanos de a pie quedaban fuera de la caridad castrista hacia los enfermos latinoamericanos, que los cubanos residentes en la única Cuba que en realidad existe geográfica y políticamente pasan mil trabajos para encontrar cualquier medicamento.

Ningún argumento tenía la fuerza necesaria para apartarlo de la esperanza. Aquel chofer debe seguir esperando todavía, aguardando quizá por el triunfo de López Obrador ahora, envidiando a venezolanos y bolivianos.

Dos males mayores

Miles de latinoamericanos han sido atendidos por médicos cubanos. Las cifras son impresionantes. No es fácil rebatir este esfuerzo. Y sin embargo, la existencia de una causa justa no le resta un ápice a un objetivo primordial de la campaña: el interés de Fidel Castro por mantener sin cambio su poder.

El sacrificio de miles de cubanos —en muchas ocasiones brindando asistencia médica en condiciones difíciles— contribuye al mantenimiento de un gobierno dictatorial. No de una forma elemental. No se trata de atacar o criticar la labor de los médicos, lo cual sería injusto. Cualquier alivio del dolor y toda cura de un padecimiento son meritorios en sí mismo.

Pero hay dos males mayores que este esfuerzo dilata: la permanencia de un gobierno que suprime las libertades individuales y el encubrimiento de la ineficiencia de varios gobiernos latinoamericanos —especialmente el de Venezuela— para resolver sus problemas.

El creciente envío de contingentes médicos a Latinoamérica no es tampoco la razón principal del renacer del régimen de La Habana, ocurrida en los últimos años. Más bien puede catalogarse de consecuencia. La razón fundamental del "segundo aire" —o quinto o sexto— que disfruta Castro es la presidencia de Hugo Chávez y el alza desmedida de los precios del petróleo.

Pero este efecto, beneficioso para miles de ciudadanos de otros países, también contribuye al reforzamiento de un gobierno perjudicial para millones cubanos. Es parte de la lógica de un sistema, que para perpetuarse necesita tanto un objetivo internacional como un enemigo externo: un modelo que se repite en diferentes escenarios —y con diversos medios, tanto pacíficos como violentos— y que siempre se empeña en subordinar el destino nacional a un factor extranjero.

Alivio momentáneo

La estrecha colaboración entre Chávez y Castro resulta onerosa para el pueblo venezolano. A la larga, quedará claro que el dinero que se le suministra a Castro engrosará la deuda nacional cubana, al tiempo que priva al país sudamericano de fondos necesarios para su desarrollo.

Sin embargo, de momento el precio del combustible permite pasar por alto esta cuenta. Mientras no se puede negar que los sectores más pobres de Venezuela son aliviados de sus males gracias a la presencia médica cubana, también hay que ver en ésta un empeño fundado en las limitaciones cotidianas que se enfrentan en Cuba, torcido por la guía de una voluntad política totalitaria y en gran parte motivada en cada caso por un afán de escape y la búsqueda de una fuente de ayuda para la familia que queda en la Isla, más que por un interés altruista.


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