Actualizado: 07/12/2022 17:02
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Disidencia, Represión, Derechos Humanos

Las Damas de Blanco necesitan ahora nuevas estrategias

Paradójicamente, la victoria de las Damas de Blanco puso en peligro su propia existencia

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En meses recientes las Damas de Blanco, con su constancia, consiguieron lo que tiempo antes parecía imposible: la excarcelación de todos los prisioneros de conciencia de la Primavera Negra de 2003. Además, lo que inicialmente no estaba en los planes de estas valerosas mujeres, el régimen excarceló y deportó otros prisioneros políticos vinculados a acciones no tan pacíficas, para un total de más de cien cubanos excarcelados, la mayoría de los cuales salieron del país con sus familiares.

Paradójicamente, la victoria de las Damas de Blanco puso en peligro su propia existencia: al no quedar en prisión ninguno de sus familiares encarcelados por motivos políticos, aparentemente no habría razones para mantener sus actividades. De manera que, o diseñaban nuevas estrategias para mantenerse en el candelabro político, o deberían disolverse tras haber logrado sus objetivos primordiales.

En otras palabras, las Damas de Blanco necesitan “reinventarse”, en el mejor sentido del término, como se utiliza en la teoría del management, para mantener su vigencia. Y lo primero que deben considerar para convertirse en formación defensora de los derechos humanos en general, en vez de reclamar la justa libertad ya lograda de sus familiares, es que en estas contiendas políticas, que son pura realpolitik, como en casi todo en la vida, no basta con tener razón para lograr el triunfo, puesto que todo comienza con un problema de percepciones.

Y ¿cuál es la percepción generalizada en eso tan difuso que se llama “la opinión pública internacional” y un conjunto de gobiernos extranjeros? Muy sencillo: que el Gobierno cubano liberó a “todos” los presos políticos cubanos tras un acuerdo con la Iglesia católica cubana y el Gobierno español del PSOE. De manera que no se entendería por qué esas dignas señoras insisten en mantener una propuesta que ya, a estas alturas, estaría desfasada en el tiempo.

No me digan que esa percepción es errónea, pues está claro que lo es, y yo no estoy “del otro lado”. Sin embargo, lo que yo piense tiene mucha menos trascendencia que lo que pueda pensar esa “opinión pública internacional” que comenta el tema entre tapas en el Madrid Viejo, entre tacos al pastor en la Zona Rosa de Ciudad México, o entre hamburguesas con cerveza en Union Square, New York. Y, para muchísimas de esas personas, en Cuba ya fueron liberados los presos políticos. Las detenciones de veinticuatro horas o más o menos no son vistas como “encarcelamientos” de disidentes, y por eso el régimen ha pasado a esta modalidad creativa de la represión.

Ergo, la primera batalla de las Damas de Blanco debe ser demostrar a esa difusa “opinión pública” la existencia de muchos más presos políticos que los que fueron liberados y muy publicitados recientemente, y de continuas violaciones de derechos humanos. Mientras no se gane esa batalla, sus esfuerzos no serán totalmente comprendidos y sus opciones serán más limitadas.

La segunda batalla debe basarse en comprender que los acuerdos de 2010 se han cumplido por la dictadura, aunque no sea muy agradable tener que reconocerlo. Desde entonces no ha habido represión a Las Damas en sus visitas dominicales a la Iglesia de Santa Rita, en Miramar, ni en las subsiguientes marchas por la Quinta Avenida tras la misa.

Aunque el sábado 24 de septiembre hayan sido reprimidas para impedirles asistir a la Iglesia de Las Mercedes, en La Habana Vieja, patrona de todos los presos, a dar gracias por las excarcelaciones. El régimen nunca se comprometió ni a terminar totalmente con la represión en Cuba ni a permitir cualquier marcha de las Damas de Blanco por cualquier lugar ni cualquier día.

Más que lamentarnos por una arbitrariedad más de la dictadura, aprendamos la lección: al no concentrarse todas Las Damas en la casa de Laura Pollán, para de ahí partir a la Iglesia de Las Mercedes, otras Damas que fueron directamente hacia la Iglesia burlaron el acoso de las turbas y pudieron participar en la misa y cumplir el cometido. Moraleja: la unidad no significa andar todas juntas siempre, sino definir los objetivos y las estrategias para poderlos cumplir.

La tercera batalla, entonces, no debería ser lamentarse de que al régimen no le interesa ya cumplir sus compromisos con la Iglesia, puesto que en realidad los cumplió, sino solicitarle a la Iglesia, pública y abiertamente, que trate de lograr un nuevo compromiso con la dictadura para las nuevas realidades. Y teniendo en cuenta que ya el Gobierno socialista español parece ser historia dentro de muy pronto, que fuera un acuerdo entre cubanos solamente, y que el destierro no fuera alternativa incluida en la negociación.

Finalmente, Las Damas deben ser absolutamente transparentes y claras con sus finanzas. No hay nada malo en que reciban ayuda del exterior cuando el régimen les impide a ellas y sus familiares ganarse la vida honradamente. Sin haber tenido esos impedimentos, los hoy actuales gobernantes no tuvieron escrúpulos para recibir cuanta ayuda financiera fuera posible cuando luchaban por sus objetivos. Pero estas dignas señoras deben demostrar, más allá de toda duda y de la manipulación informativa de la dictadura, el uso y destino limpios de los dineros que puedan recibir. Como la mujer del César, además de ser castas deben parecerlo. No porque haya dudas entre nosotros de su honestidad, sino para limitar las embestidas del régimen, escaso de argumentos para enfrentarlas, en esta dirección.

En lo que personalmente me corresponde, seguiré admirando a las Damas de Blanco, y solidarizándome abiertamente con su digna y valerosa lucha. Pero si no se ponen a la altura de los requerimientos de estas (sus) nuevas realidades, solamente nos quedará, aunque nos duela, admirarlas por lo que fueron, pero no por lo que serían.

No perdamos el optimismo. Ya ellas lograron una vez lo aparentemente imposible. ¿Por qué pensar que no serían capaces, ahora, de tomar el cielo por asalto otra vez?


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