Actualizado: 19/11/2019 9:12
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Las fugas y regresos de Lucio Gaitán

Texto que se debate entre la crónica, el ensayo, el apunte, la viñeta, el poema en prosa y la narración, el nuevo libro de Manuel Pereira es un derrame de anécdotas que posiblemente algunos lectores ubiquen en el ámbito de lo absurdo

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Viaje: (del lat. viaticu, via, ‘camino’). Ida de un lugar a otro. Cambio de ubicación. Traslado. Expedición. Periplo. Derrotero. Peregrinación. Huida. Travesía. Ronda. Andanza. Caminata. Partida. Exploración. Fuga. Itinerario. Rumbo. Emigración. Inmigración. Excursión. Exilio. / Viaje Interno: recorrido a nivel intelectual o espiritual. Cambio dentro del ser humano. Modificación del ser. Inxilio / Viaje y literatura: el viaje, necesidad de contarlo. Viaje ficticio. Grecia, libros de itinerario. Edad Media, guías de peregrinos. Siglo XIV, libros de viaje (realidad y ficción). Siglo XVIII, libros de viajes ilustrados. Odiseo y su regreso a Ítaca. Marco Polo y la ruta de la seda. Cristóbal Colón y el mar. Hernán Cortés y las naves

Manuel Leonel Pereira Quinteiro (La Habana, 1948) es un viajero literario incansable. Peregrinación que asume en los riesgos de una escritura que se abalanza sobre las rendijas de la reminiscencia para entregarnos un cosmos desbordado de insólitas metonimias iconográficas. El Comandante Veneno (1977), exploración por la aventura de la campaña de alfabetización en la Sierra Maestra de Cuba, 1961; El Ruso(1980), ronda, revisión política, que se convierte en una suerte de indagación de los entusiasmos juveniles que despertó la revolución de Fidel Castro; Toilette (1993), periplo, marcha alucinada y extravagante en busca de un retrete que se vislumbra en El Jardín de las delicias de El Bosco; Insolación (2006), itinerario de la tragedia cotidiana —desvalorización humana y moral de la Cuba castrista— que desemboca en el periodo especial desde la mirada del joven Joaquín Iznaga que se niega a aceptar una beca del Comandante. Cuatro novelas de pujas autobiográficas que son viaticu, camino, andanzas: testimonio de las mutaciones y acosos padecidos por varias generaciones de cubanos.

Manuel Pereira con Gabriel García Márquez.Foto

Manuel Pereira con Gabriel García Márquez.

Pereira es un novelista de casta. Desde los 70 se empeñó en un proyecto narrativo de absoluto rigor. Nunca olvido sus premuras y afanes, su disciplina. “La literatura es un destino, una encrucijada, un derrotero. Aquí te entrego El Ruso, pero esto no termina. Ya tengo la que sigue, El 231, en la que trataré el tema del servicio militar y así completar una tetralogía que cuenta hasta cierto punto, mi formación, un poco de mi vida, mis avatares”, me dijo en conversación que sostuvimos mientras caminábamos por San Juan de Dios, La Habana Vieja, 1980.

Circula en librerías de México Un viejo viaje (Textofilia Ediciones, Colección Lumía, 2010), el alucinado protagonista de Toilette, el pintor Lucio Gaitán, reaparece “extraviado entre la selva y el zoológico”, en el vestíbulo de Barajas: “bolsa salchicha en bandolera y dos maletas abultadas como cadáveres inflados de fuego fatuos”. Después de transitar por comarcas demoníacas y placenteras —y en fuga fantasmagórica: entradas y salidas del tríptico de El Bosco—, Lucio Gaitán se enfrenta a la disyuntiva de “si debía o no subir el avión de regreso a La Habana”. Hijo Pródigo que vacila. Hijo Pródigo que regresa, desde su vagabundeo en la geografía de las evocaciones, para rehacer lo que fue en la impostergable presencia del hoy.

“Pertenezco a una generación muy acusada. Me interesa el carácter, la psicología de esa generación… la fase utopista, sueño e idealismo, Unión Soviética y período especial: el proceso cubano es mi tema; siempre estoy escribiendo sobre eso”, explica el autor de Biografía de un desayuno.

Manuel Pereira con Julio Cortázar.Foto

Manuel Pereira con Julio Cortázar.

Texto que se debate entre la crónica, el ensayo, el apunte, la viñeta, el poema en prosa y la narración en un derrame de anécdotas que posiblemente, algunos lectores ubiquen en el ámbito de lo absurdo. La “marisma surrealista” de las circunstancias sociales y políticas de la Cuba actual, se convierte —en la caligrafía de Pereira—, en inventario tasado por fulgores de un espejo penitente. Sombras humorísticas de acuciante tristeza.

Estos viajes del pintor Gaitán revitalizan y confirman la pujanza de la obra del autor de La quinta nave de los locos. Un Manuel Pereira vital, sarcástico, paródico, ineluctable: fincado en las coordenadas de los mejores acuses de la narrativa cubana.


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