Actualizado: 20/04/2018 10:20
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Liberta, León XIII, Iglesia Católica

León XIII, el postmodernismo y la libertad

Con una vehemencia convincente y extraordinaria, León XIII fustigó con el látigo de Cristo al comunismo/socialismo

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Vincenzo Gioacchino Raffaele Luigi Pecci, mejor conocido como León XIII, fue el motor humano que más colocó a la Iglesia Católica en los asuntos del mundo moderno. En adición a ser el autor de la mayor cantidad de encíclicas por un margen amplio (85 encíclicas en total), una proporción generosa de ellas fueron seminales y contienen una vigencia en nuestros días importante. Siendo éste uno de los más eruditos y relevantes entre los 265 sucesores de San Pedro, conviene traer a colación su observación y crítica a corrientes tóxicas prevalente en la era intelectual en que vivimos, el postmodernismo, y la visión enaltecida de la libertad de León XIII.

Con una vehemencia convincente y extraordinaria, León XIII fustigó con el látigo de Cristo al comunismo/socialismo. No necesitó que llegaran al poder para probar que cualquier sistema sustentado por ideas y doctrinas impías y antinaturales, sólo podría traer ruindad de todo tipo. Sin embargo, su análisis penetrante de la modernidad lo llevó a hacer otras críticas adicionales. Señaló como el iluminismo y el racionalismo, al darle supremacía a la razón humana, abrió la puerta a la obscuridad. El espíritu naturalista y antimetafísico de esta corriente filosófica, implicó que se colocara al humano en el centro del universo. Dado la proclividad al subjetivismo por parte de los humanos y la primacía delegada a la razón, quedó apuntalada la quiebra de los parámetros morales que ofrecía una racionalización omnicomprensiva sobrenatural. Quedó minada la humanidad a partir de ahí.

Rousseau, Marx, Nietzsche y sus profetas, Lenin, Hitler, Mao y otros, se ocuparían de que expresiones humanas prácticas como el comunismo, el nazismo y un nihilismo secular florecieran. Es cierto que la democracia y otras nociones modernas fueron fruto de la Ilustración también. Sin embargo, la lucha entre las luces y las sombras que brotó de dicha era, persiste aún en nuestros tiempos. El sistema democrático fue aplaudido por el 256º Obispo de Roma y él vio la necesidad de recetar herramientas a este sistema de autogobierno como medida rescatadora para evitar su colapso ante malévolos que buscarían el poder político para imponer doctrinas materialistas perversas.

León XIII nos advirtió con igual insistencia, sobre las amenazas a una sociedad, como ente orgánica al fin, de un sistema socio-económico cuyo propósito exclusivo sería el lucro. Defendió con absolutismo la propiedad privada y el sistema capitalista, sin dejar de reconocer sus defectos inherentes que obligaba aplicaciones éticas para aliviar sus deficiencias y frenar posibilidades de su autodestrucción. Esa muchedumbre que percibía que se había quedado atrás con la revolución industrial, guarda mucho en común con los muchos que hoy se sienten abandonados por la revolución electrónica y el subsecuente modelo de globalización comercial internacional. La observación del problema y el recetario ofrecido por León XIII, tiene aplicabilidad en el siglo XXI.

Como agente defensor de estas amenazas a una sociedad libre, abierta y justa, León XIII apuntó a la libertad, entendida y ejercida correctamente por los ciudadanos. En su encíclica Libertas (1888), el papa más longevo, elevó el concepto de la libertad, como fenómeno proveniente de la Ley Natural y la Ley Eterna, a estándares de constituir consubstancialmente ésta, deberes morales a quién lo ejerce como derecho. Esta facultad moral ofrece una brújula imperativa para empoderar racionalmente al ciudadano para que éste pueda resistir la ley convencional cuando su dictamen lo coloca en rebelión contra Dios y su orden divino. Libertad sí, pero una moderada, a priori, por la obligación moral de obedecer leyes superiores y sobrenaturales y rechazar normas convencionales por poderes que refuerzan gobiernos espurias o corrientes filosóficas amenas.

La virtud y el ciudadano virtuoso permanecen en guerra contra el postmodernismo y su forjador y cobijador, el marxismo cultural. Regímenes despóticos que se benefician de semejante marco intelectual, siguen en el poder cometiendo barbaries impunemente. León XIII, entre otros, nos percató. Seamos libres, pero con la libertad que nos ata a un accionar en conformidad con los propósitos del Autor del universo y la naturaleza.


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