Actualizado: 25/10/2021 18:08
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Lo que 'Granma' olvida

Cinco décadas de 'Revolución' constituyen el mayor fraude que ha sufrido pueblo alguno en este continente.

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Ninguna dictadura es buena. Ni de derecha ni de izquierda. Ni laica ni teocrática. Ni del proletariado ni de la oligarquía. Se sabe que el poder corrompe, por eso es droga que hay que otorgar diluida, contrapesada y por tiempo limitado.

En su edición del pasado primero de enero, el periódico Granma trató de justificar la razón de ser de 51 años de inamovilidad gubernamental. El artículo en cuestión se basa en los crímenes del dictador Fulgencio Batista y hace un recuento de los muertos y esbirros de aquella triste dictadura que sirvió de pretexto a la actual, además de hablar de injusticias sociales y de la indolencia de terceros países en aquella época.

Pero una injusticia no se remedia con otra. Granma menciona los asesinatos de aquel dictador, pero, obviamente, calla los del actual. Al igual que no podemos olvidar a José Antonio Echeverría y Frank País, tampoco puede borrarse de la memoria a Pedro Luis Boitel, César Páez y mucho menos los genocidios, como el hundimiento del remolcador "13 de Marzo" o la masacre de Río Canímar, en 1980.

Del mismo modo que existieron Wayler, Machado y Batista, que torturaron y asesinaron por pensar diferente, en estos 50 años también ha habido esbirros que el diario oficial del Partido Comunista omite expresamente, como el general Ramiro Valdés, tenebroso ex ministro del Interior y actual sucesor del general Raúl Castro, y el fiscal Juan Escalona, entre otros, sin excluir a los Castro. Sobre sus hombros pesan cientos de crímenes de lesa humanidad. Algunos, usando el disfraz de supuestos juicios para tapar macabras ejecuciones en el paredón.

Recuerda Granma en su editorial las injusticias sociales que existían en la República, pero calla las creadas por esta dictadura apodada "Revolución". Nadie niega la necesidad de reformas que el país requería entonces, pero los males se remedian con medidas justas y efectivas, no simulando hacer el bien para cometer otras injusticias. Se refiere el diario a la educación y la medicina, y parece bien tener un pueblo educado y sano, pero no es justo que, por décadas, a los niños se les haya obligado a trabajar gratis en el campo para beneficio del Estado-patrón, lo que se conoce como explotación de menores. Tampoco Granma habla de la discriminación en la medicina, donde existen hospitales de alto nivel para jerarcas y extranjeros, mientras los ciudadanos no tienen una aspirina y la asepsia del resto de los centros hospitalarios brilla por su ausencia.

Tampoco dice nada sobre la ineficiencia congénita de un sistema que desmotiva la productividad del trabajador. Lejos de abrirle vías de prosperidad y bienestar, lo hunde en la miseria y lo obliga a resignarse con un salario miserable, por lo que debe recurrir a las formas "ilícitas" —o mejor dicho, heterodoxas— de supervivencia, al trabajo clandestino en constante zozobra para burlar a los opresores.

Cita Granma fragmentos (escogidos) de La Historia me absolverá, pero calla lo que ahora es un documento confidencial, si no proscrito: la Plataforma Programática del Movimiento 26 de Julio. En este documento se habla de dar apoyo al capital nacional, el mismo que fue sustituido por una rígida estatización; de un salario justo; de igualdad, cuando la actual oligarquía gobernante ostenta los mayores privilegios tras crear un gobierno de los mismos, por los mismos y para los mismos.

Granma tampoco menciona que el desarrollo económico, tan cacareado en los discursos tempranos de la "Revolución", ha dado paso a una economía subsidiada, primero por la URSS, y luego por las limosnas de Venezuela. Lo triste es que el país subsidiado tiene que rendir culto y pleitesía al patrocinador. Mientras el discurso reivindicaba la soberanía nacional, el país se entregó a los dictámenes de la URSS, y el pago en vidas de jóvenes cubanos, muertos en guerras ajenas y lejanas. Ahora el régimen reverencia al otro régimen, el de Hugo Chávez. Una declinación de la soberanía que sólo tiene un nombre: traición a la Patria.

El cinismo cobra dimensiones de insulto cuando Granma alega: "Jamás defraudaremos a nuestro pueblo". Cinco décadas de "Revolución" constituyen el mayor fraude que ha sufrido pueblo alguno en este continente.

Por suerte, no hay régimen eterno. La gerontocracia consumirá su tiempo. Ojalá que las nuevas generaciones hagan realidad para todos los cubanos la esperanza de un futuro mejor, lleno de libertad, bienestar y prosperidad.


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