Actualizado: 14/08/2020 10:52
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#MeToo, Biden, Acoso

Los demócratas y la acusación a Biden

En esta época de polarización extrema, la tan necesaria denuncia del acoso y el asalto sexual puede terminar en pretexto o absolución partidista

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El comportamiento con las mujeres del aspirante presidencial demócrata Joe Biden produjo críticas, reproches y declaraciones desde antes que este anunciara su candidatura. Ahora renace con incluso más fuerza. Pero cabe preguntarse hasta dónde llega la solidaridad con la presunta víctima.

La noticia primero apareció en un periódico del norte de California, antes de que Biden presentara oficialmente su candidatura. Al principio solo se refería a toques indebidos —principalmente en el cuello y hombros—, pero en la actualidad menciona un supuesto ataque sexual. Una acusación seria, aunque de momento difícil de demostrar.

Tara Reade, que en 1993 era miembro del equipo del entonces senador, dice que este le introdujo sus dedos en la vagina.

“Me penetró con sus dedos”, afirma Reade —quien rechazó el asalto y se marchó—, según entrevista aparecida en Politico.

“Cuando me alejé, la ira emanaba de él”, recalca. “Me señaló con el dedo en la cara y dijo: ‘No eres nada para mí. No eres nada’”.

Como suele ocurrir en relatos de este tipo, la verdad resulta difícil de atrapar. Reade afirma que le mencionó a su supervisor haber sufrido acoso —pero no asalto—, y que como consecuencia de su queja fue relegada a un segundo lugar en su trabajo, hasta que acabó por dejarlo. Por otra parte, no fue clara a la hora de aportar el nombre del responsable al que se quejó y que le aconsejó que pasara página, según el diario español El País.

En las indagaciones de la prensa sobre lo ocurrido, hay quienes alegan no conocer nada de lo ocurrido o escuchar queja alguna, y otros —entre ellos un amigo y el hermano de Reade— que afirman que ella les contó sobre el asalto.

No hay nada singular en las aparentes contradicciones, cambios en la narración, así como inexactitudes en sucesos traumáticos de este tipo sucedidos años atrás, y donde impera el temor a las represalias si se produce una denuncia a tiempo —sobre todo si el agresor es una figura poderosa. Suele ocurrir que el bochorno y las dudas conduzcan al silencio de las víctimas. Precisamente el movimiento #MeToo lucha por darles voz y ayuda a quienes se han visto en dichas situaciones.

Con anterioridad, Biden no ha estado libre de recriminaciones por su trato con las mujeres. El pasado año Lucy Flores y Amy Lappos se quejaron de los “acercamientos” del exsenador, que en el caso de Flores la habían hecho sentirse “incómoda, asqueada y confundida”, mientras que Lappos consideró no fue “nada sexual”. Biden buscó resolver el asunto con un video de dos minutos, en que en tono afligido afirmaba haber escuchado y comprendido, al tiempo que reconocer que las normas sociales estaban cambiando.

Y ahora entra la política.

Los partidarios de Trump se han aferrado al tema, denunciando hipocresía por parte de los demócratas (con referencia obligada al proceso de confirmación del magistrado Brett Kavanaugh); complicidad de la prensa “liberal” que ha buscado silenciar las alegaciones (falso, apareció en The Washington Post y The New York Times, así como en una investigación realizada por la Associated Press).

Al mismo tiempo han tendido un piadoso manto de ignorancia sobre los antecedentes políticos de Reade, quien seguramente lo más lejos que quisiera ver de la Casa Blanca es a alguien como Trump. Partidaria de Bernie Sanders y Elizabeth Warren, durante la época de la vicepresidencia de Biden guardó silencio al parecer por simpatía al mandato de Obama.

Todo ello sin recordar el infame video de Donald Trump: “Puedes hacerles lo que quieras (a las mujeres) cuando eres una estrella”. Aunque la falacia del tu quoque (tú también) funciona en política, pero es inmoral.

Mientras, los demócratas anteponen el empeño por derrotar a Trump, y cierran filas en torno a su candidato.

Los objetivos políticos dividen hasta el #MeToo, y las actrices Alyssa Milano (partidaria de Biden) y Rose McGowan se insultan por Twitter.

Porque en esta época de polarización extrema, la tan necesaria denuncia del acoso y el asalto sexual puede terminar en pretexto o absolución partidista. Y eso debe preocuparnos más que los dimes y diretes de republicanos y demócratas.


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