Actualizado: 19/10/2017 11:37
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Cuba, Exilio, Emigración

¿Los emigrados son de Venus y los exiliados son de Marte?

Los exiliados abandonan su patria, casi siempre por sentirse excluidos, marginados o acosados por una ideología o poder de turno

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Parafraseando el famoso libro de John Gray, Los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus, me atrevería a decir que hay una profunda diferencia entre emigrados, refugiados, y exiliados cubanos, que tal vez no alcanzarían los nueve planetas del sistema solar, para clasificarlos.

El emigrado es aquel que sale de su país por razones económicas, familiares, profesionales, sentimentales, y hasta aventureras, mientras que los exiliados son aquellos que salen de su tierra, mas por razones políticas, o de conciencia, y, muchas veces, en contra de su voluntad.

Los exiliados abandonan su patria, casi siempre por sentirse excluidos, marginados o acosados por una ideología o poder de turno, y por una profunda antipatía hacia sus gobernantes.

En algunos casos extremos, los exiliados han sufrido cárcel, persecución, represalias, y sienten un fundado temor por su integridad física o emocional, de permanecer en su patria.

Los refugiados son como una categoría intermedia entre exiliados y emigrados, porque aunque generalmente son víctimas de un conflicto, una guerra, una persecución étnica, religiosa, de orientación sexual, o cualquier otra causa de discriminación, no manifiestan una identificación marcada en favor o en contra de una ideología, aunque por lo general rechacen el gobierno de turno de su país que abandonan.

Los cubanos que “salimos” de la Isla para residir en otro país, hemos sido clasificados indistintamente en las tres categorías anteriores.

Los exiliados cubanos se caracterizan por su anticastrismo militante, su amor a una Cuba del pasado, o ideal, según su experiencia. Generalmente los exiliados, no vuelven a Cuba, ya sea por temor, imposibilidad o convicción, y padecen, de una profunda certeza, de que en Cuba no se ha producido nada bueno en todos éstos años que llevan exiliados.

Los exiliados cubanos comparten también el criterio de que en la Isla se han perdido casi todas las virtudes y valores del pasado, y que pasarán muchos años, después de la liberación, para que esos valores se puedan recuperar. Existe un sector del exilio, que ya perdió toda esperanza, y se ha quedado con una patria imaginaria como consuelo. Son como la generación de judíos exiliados en babilonia, que no quiso regresar, cuando el decreto de Ciro, rey de Persia, les dio ese derecho, y prefirieron quedarse con su recuerdo.

Los emigrados cubanos, por el contrario, suelen volver y mantener vínculos familiares y hasta profesionales con su patria. Hay emigrados cubanos pro-revolucionarios, y los hay profundamente anticomunistas, pero, a diferencia de los exiliados, generalmente, ni los uno ni los otros, ponen trabas a regresar a Cuba, o tener vínculos con ella, si las condiciones se lo permiten.

El tercer grupo que conforma la diáspora cubana, el de los refugiados por status migratorio (pies secos, parole, ajuste cubano..) es en realidad una mezcla de todo. Los hay que salen por todo tipo de razones, y adoptan después todo tipo de posiciones. Por ejemplo, están los que salieron por razones económicas (mejorar, prosperar), pero cuando “entran” en contacto con el imaginario anticomunista y anticastrista del exilio, se vuelven militantes ideológicos de este grupo, e hijos adoptivos de los mismos. Hay muchos otros tipos de “refugiados-emigrados” que, aunque se declaran anticastristas, siguen vinculados con Cuba por razones culturales, religiosas, familiares, y hasta económicas. Vuelven a “la tierra”, por diversas razones: desde ir a recrearse a un hotel, hacerse “el santo”, o babalawo, encontrar novia, hasta poner una “paladar” con un familiar que reside en la Isla. Por último están los refugiados y emigrados cubanos desarraigados: estos son los que emigran muy pequeños, o con lazos muy débiles de familia o identidad cultural con la Isla. Pronto asimilan las virtudes y defectos de su nuevo ambiente, y comienzan a ver a Cuba como un país atrasado, extraño, mediocre, y hasta vergonzoso para ellos. Sienten poca afinidad con la historia de Cuba, su naturaleza, cultura, y hasta sus costumbres, aunque sigan comiendo pasteles de guayaba y arroz con frijoles.

Hay un cuarto grupo, de cubanos por genética, que no sabría cómo clasificarlos. Son los descendientes de cubanos emigrados, exiliados o refugiados, que “regresan” en cuerpo o alma, a encontrarse con sus raíces, y se quedan conectados con la Isla. Los descendientes de cubanos asumen posiciones hacia la patria, y hasta hacia el gobierno-dictadura de la Isla, que sus padres, muertos o vivos, no comparten. Son esos descendientes de cubanos, que se sienten más cubanos que muchos “criados” o nacidos en la isla, suelen comprar todos los discos de Chucho Valdés o Buena Vista Social Club, comienzan a devorar libros y revistas sobre Cuba, la visitan, y hasta gritan en una manifestación: ¡Abajo el embargo!, aunque no les guste ni un poquito Castro o el comunismo.

Para concluir existe un quinto grupo de “exiliados-disidentes cubanos” que tiene similitudes y diferencias marcadas con los de su “especie”. Son los que no vuelven, pero respetan a los que lo hacen, creen se han perdido mucho valores, y que su generación fue especial, pero las actuales, que llegan o permanecen en la Isla, conservan valores positivos también, son los que se han arraigados a su nuevo país de residencia, pero sin desarraigarse de la cultura e historia de su patria de origen, los que creen que el castrismo es “diabólico”, en un seno subsisten “ángeles engañados” que han conservado, o producido, cosas buenas. ¿En que “planeta” de cubanos vives tú, o te crearías uno nuevo para ti? Cuba y su diáspora es un crisol, que se repite en todas partes y es único a la vez, es un arcoíris diverso de posiciones, que demuestra cuán incapturable es la libertad: un ave, que no puede ser jamás encerrada o destruida, y que puede sobrevivir, y aun “volar”, en una prisión, una canción, o una palma, a lo lejos.


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