Actualizado: 10/12/2019 14:39
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Los nuevos dialogueros

El denominado exilio radical de Miami ha 'descubierto' la vía pacífica para superar el castrismo de la mano del Partido Republicano.

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Súmese a esto la combinación de pragmatismo jurídico y simbolismo político que representa que Luis Posada Carriles (terrorista patriota o revolucionario nacionalista) esté terminando su vida con un legado muy cercano al pacifismo. Pero no sólo eso.

Según dice el defensor de Posada Carriles, Eduardo Soto, citado por Curt Anderson (Associated Press) en el artículo "Abogado dice Posada no quiere violencia contra Cuba" ( El Nuevo Herald, septiembre 12, 2006), "…el cubano (Posada Carriles) aceptaría cualquier condición, incluida la prohibición de mantener contactos con exiliados cubanos en Miami que promueven el derrocamiento de Castro por la fuerza". Es decir, que no sólo se desmarca políticamente del exilio radical, sino incluso ciudadanamente.

Sin Posada Carriles, sin la Fundación Nacional Cubano Americana, sin el exilio histórico (radical, derechista, combatiente o como quiera se adjetive), ¿quién queda en Miami como partidario de una confrontación violenta, incluso enfática con el castrismo?

Si no existen, hay que inventarlos

Ni Alpha-66, más centrada en rescatar su historia que en la planificación de desembarcos costeros; ni Vigilia Mambisa, que pertenece más al folclor miamense que a la política real; ni los comandos F-4 de Rodolfo Frómeta, ex rebelde antibatistiano, a quien el dolor de sus familiares muertos lo conduce más a la impaciencia mediática que al entrenamiento paramilitar en una finca de Homestead, bastan para avalar la consideración de un Miami que quiere un encontronazo violento con el castrismo.

Mas, seguro sucederá lo de siempre. Lo que le pasó a Lavoisier y Laplace con Dios, a Castro con la invasión yanqui, a López Obrador con el fraude electoral: si no existen, hay que inventarlos. El exilio histórico, la derecha belicista de Miami, es ya más una hipótesis de trabajo que necesitan algunos periodistas paleoizquierdistas que una realidad a considerar. Incluso si existe, es tan leve que no amerita ser pensada.

Al igual que Manes, que tuvo que contentarse con el dualismo (más cómodo pero menos brillante que el monismo metafísico), sobrevivirán algunos enajenados que para pensar necesitan inventar una Cuba escindida entre un exilio radical y un castrismo radical también, que deberían ser lo mismo pero al revés; sólo con esa premisa falsa pueden asirse al adhocismo mentiroso de una racionalidad intermedia por la que transitarían ellos mismos, asépticos, libres de los pecaminosos extremos.


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