Actualizado: 20/10/2021 13:39
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Los salarios y las pensiones en Cuba

Una dirección irracional de la economía, durante muchos años, ha traído como consecuencia la desmotivación laboral, la indisciplina y la improductividad

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Si algo sobresale en la economía cubana durante los pasados 51 años de totalitarismo es la falta de correspondencia entre el salario devengado por los trabajadores y la labor realizada.

Por muchos años el desorden salarial, las plantillas infladas y la desorganización en los centros laborables han sido factores determinantes en la desmotivación laboral, la indisciplina y la improductividad. Todo provocado por una dirección absolutamente irracional de la economía que ha causado un gran desastre.

Esta situación ha sido más apreciable a partir de la pérdida de las fabulosas subvenciones, provenientes de la Unión Soviética y los demás países del Este europeo, a fines de los años ochenta. Al carecerse de ese apoyo, cayó la economía en su conjunto y todavía no se han recuperado todos los niveles de principios de la década de 1990. Por el contrario, después de cierta mejoría con la aparición de un nuevo protector, Venezuela, a inicio de los 2000, a partir de 2009 se observa un renovado empeoramiento.

De esto no escapan los salarios y las pensiones. Al cierre de 2009, el salario promedio nominal mensual era de 429 pesos y la pensión promedio nominal mensual llegaba a 240,70 pesos, según el Anuario Estadístico publicado en 2010 por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE). Ambas cifras tienen un equivalente según la tasa oficial de 21,45 y 12 dólares, respectivamente.

Ahora bien, si a esas cifras se aplican las tasas de inflación anual existentes desde principios de los 90[1], resulta que el salario de 188 pesos en 1989, en términos reales se ha convertido en 48,64 pesos en 2009, o sea un 26% del año base. Las pensiones, tomando como base el promedio mensual de 1990 de 83,7 pesos se convirtieron en 28,12 pesos en términos reales en 2009 (La Economía Cubana. Reformas estructurales y desempeño en los noventa. Cepal, 2000), debido a la inflación acumulada durante los años transcurridos, muy superior al incremento nominal de las pensiones. Con ello, la pensión media mensual en 2009 representó el 33,6% del nivel medio mensual de 1990.

Hay que añadir que la inflación acumulada en 2009 fue 8,82 veces superior al nivel de 1989, año tomado como base de 1. En el mismo período, los salarios nominales aumentaron 2,28 veces, y la pensión nominal con respecto a 1990 se incrementó 2,87 veces. Posiblemente la situación sea mucho peor, dado que los datos de inflación anual brindados por la ONE en ocasiones no parecen reflejar la realidad y quedan por debajo de los incrementos de precios. Una prueba de esto es que en 2008 y 2009 se anunciaron tasas de inflación negativas (-0,1 en ambos), lo que es difícil sustentar cuando en 2008 entre otras cosas se incrementaron los precios de distintos tipos de combustible entre 16%, y 46%, alzas que si bien no rigieron todo el año, hacen imposible la tasa negativa anunciada.

Por otra parte, el salario y las pensiones se abonan en pesos —moneda nacional— que el propio Estado no admite en la mayoría de sus tiendas —recaudadoras de divisas. A la vez, el índice de inflación aportado no recoge los aumentos de precios en el área de moneda convertible ni toma en consideración las fluctuaciones en el mercado negro, donde los ciudadanos están obligados a concurrir para satisfacer necesidades esenciales.

El complejo problema de los salarios y las pensiones no sólo ha desestimulado la producción y engrosado los niveles de menesterosidad a grados insoportables, sino que ha favorecido el desarrollo de otros males, como el aumento de las diferencias sociales, pues el trabajo ha dejado de ser fundamental para tener una vida digna. Hoy, como señalara el presidente Raúl Castro en su discurso del 26 de julio de 2007, con el salario (ni con las pensiones) no se puede vivir en Cuba.

Por ello, hechos como recibir remesas, mantener una doble moral para emplearse en el turismo y otros trabajos relacionados con extranjeros y poder recibir dádivas de ellos, o dedicarse a actividades ilegales han tenido un papel cada vez más predominante en la sociedad, con la consecuencia de la pérdida de valores morales y la degradación de las personas a niveles extraordinarios.



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