Actualizado: 07/12/2022 17:02
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Primeras Damas, Latinoamérica

Matrimonio democrático, democracia matrimonial

La “revolución de las Primeras Damas” apegadas al poder

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Primero fue Cristina Fernández en Argentina. Tras la presidencia del ahora fallecido Néstor Kirchner, se trataba de asegurar el continuismo en esas mieles del poder que tanto gustan a muchos de nuestros democráticos gobernantes latinoamericanos, que parecen llevar el virus de la reelección en su código genético, y nada más apropiado que la esposa del Presidente y entonces Senadora para garantizar que todo quedara en familia: matrimonio democrático, democracia matrimonial.

El experimento salió bien. Aunque muchos decían que la Presidenta era dirigida desde el calor hogareño por su esposo (aparentemente) retirado, en realidad Cristina desarrolló un estilo propio, que debió consolidar tras el repentino fallecimiento del ex presidente, y que le permitió ganar cotas de popularidad y respaldo para ser considerada ahora puntera en las preferencias presidenciales de los argentinos para las próximas elecciones.

En este sentido, dejó muy atrás la experiencia anterior con la incolora presidenta Isabel Martínez de Perón en los setenta. Podrán alegarse razones para el estrellato de Cristina, entre ellas la falta de opciones que representan actualmente los eventuales candidatos oposicionistas, pero la señora Fernández está pasando a la historia política de su país con luz propia, y ya no es simplemente la esposa (o la viuda) del Presidente.

Hace poco, las mieles del poder tentaron a otra pareja presidencial latinoamericana, esta vez en Guatemala, que lo único que realmente tiene en común con Argentina es la religión católica y el idioma español, que solamente habla parte de la población, pues muchos guatemaltecos recurren a la lengua maya para comunicarse.

Sin embargo, la dulzura de la miel del poder es universal y gusta a todos. Y entonces Sandra Torres, conocida como “Marta” en las guerrillas de los años ochenta, esposa del presidente guatemalteco Álvaro Colom, con quien se casó en 2003 en ceremonia maya, considera que, como no se admite la reelección, ella sería la mejor opción para gobernar a los guatemaltecos al terminar el mandato de su esposo en septiembre de este año.

Dicen las malas lenguas (en español y en maya) que la compañera Marta, a la que se le atribuyen acciones violentas en la guerrilla, nadalight como la ex guerrillera y presidenta brasileña Dilma Rouseff, es el poder tras el trono: de ser electa oficializaría su condición de gobernante.

No obstante, había un problema. La constitución guatemalteca prohíbe que una Primera Dama se postule, para evitar el favoritismo de participar en la puja electoral con el apoyo del presidente saliente. Eso sería problema en cualquier país donde el cumplimiento de las leyes fuera riguroso, pero, lamentablemente, en muchos países de “Nuestra América” algunas personas son más iguales ante la ley que otras. De pronto el presidente Colom y su esposa se dieron cuenta de que ya no se amaban hasta que la muerte los separara, y decidieron divorciarse. Sandra Torres no sería Primera Dama del país y podría postularse.

Ante el escándalo que recorrió el país, y los quince recursos legales presentados para impedir ese divorcio —que no prosperaron— la compañera Marta declaró: “Yo represento a los sectores más olvidados y humildes de Guatemala. Esta vez la gente tiene el derecho de ser representada, me critican por lo que hago y no hago, y me han criticado porque me estoy divorciando del Presidente, pero me estoy casando con la gente, con el pueblo”.

Seguirá casada, aunque esta vez con “el pueblo”, en lo que podría considerarse el mayor matrimonio colectivo de la historia. No se aclaró si representar “al pueblo” con que ahora está casada supondría un conflicto de intereses para un gobernante que debe representar a todos los guatemaltecos y no solamente “al pueblo”.

Finalmente, para no ser menos, República Dominicana informa que la Primera Dama Margarita Cedeño, esposa de Leonel Fernández, especializada en negociaciones y solución de conflictos en Harvard, Georgetown y Ginebra, competirá en las elecciones primarias del Partido de Liberación Dominicana frente a otros seis aspirantes por la candidatura del partido a las elecciones de 2012. Recibió el respaldo de 230 de los 371 miembros del comité central del PLD presentes en la reunión para inscribir candidatos.

El presidente Fernández se apresuró a declarar que sería “neutral” en la pugna, aunque ya muchos analistas dominicanos consideran que esa neutralidad es imposible de hecho, que la jugada puede dividir al PLD, y que a diferencia de Cristina Fernández en Argentina la señora Cedeño no tiene ni la formación ni la experiencia requeridas.

La maquinaría de Cedeño, que llama a Leonel Fernández “el león”, tiene ya slogan para la campaña por la democracia matrimonial: “a falta de un león, una margarita”.

La “revolución de las primeras damas” gana adeptos en el continente. Son contagiosas las mieles del poder. ¿Quién será la próxima? ¿Rosario Murillo, después de Daniel Ortega?

Cubanos y venezolanos, al menos en esto, tenemos ventaja: no hay primeras damas. En Cuba existe ahora una sucesión dinástica, y se corre el riesgo de que pueda repetirse, pero al menos no por matrimonio o divorcio.


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