Actualizado: 20/05/2019 15:52
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Cuba, Venezuela, Maduro

Mientras Arantxa Tirado Sánchez se muerde los labios con sus doritas

La suerte del gran país del Orinoco no depende de Estados Unidos. Hace rato que una creciente mayoría de su población está cruzando el río, y no precisamente un arroyuelo desaparecido por los siglos

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La habitual letanía de videos en las redes, descalificando al chavismo y su líder Nicolás Maduro, mostró una sacudida la pasada semana con el reportaje de Arantxa Tirado Sánchez, mostrando el ambiente insólitamente tranquilo de una Caracas donde la gente come McDonald’s y hasta se surte de variados productos en unos almacenes bien abastecidos.

Dice el discurso: “Y claro que hay carestía de medicinas, y hay grandes carencias. Faltan insumos, nadie lo niega, pero esta realidad —la beatitud de los consumidores— no la enseñan los medios.” Un paneo de la cámara sobre las estanterías y continua el discurso: “Aquí no parece que haya mucha crisis humanitaria. ¡Bueno! Doritas y todo…”.

No hay que exagerar, los venezolanos de vez en cuando sonríen.

El sarcasmo de la doble doctora en ciencias sociales se ha convertido en broma de mal gusto, ofendiendo en primer lugar a millones de venezolanos, tan lejos de ciertos mercados donde hay mucho para adquirir, pero suponemos que la turista Arantxa pagó su hamburguesa con la moneda de Trump o con euros de su Cataluña natal, porque el Bolívar Soberano, creación del presidente Maduro, perdió hace rato el atributo que lo nombra.

Ante la burla mordaz de la furibunda autora del mensaje audiovisual alguien escribió: “¡Gracias señorita Tirado! Me Voy a alimentar a base de doritas con mi sueldo de 6$ al mes”.

Lo que parece increíble tiene su explicación, hay una frase definitoria en este mensaje viral de gran revuelo: “Perdón por estos argumentos tan bajos y de tan poco nivel, pero es que los argumentos opositores son de este nivel.”

El malogrado intento de sarcasmo esconde toda una filosofía, sería igual a decir que si los bombardeos de la OTAN sobre territorios árabes ocasionaron miles de muertes, degollar seres humanos sin juicio previo, con toda la morbosidad de un espectáculo ante cámaras por parte del Ejército Islámico, es un acto moral plenamente justificado.

La doctora en Estudios Latinoamericanos por la UNAM se declara en Twitter “Orgullosa hija de la clase obrera”. ¿De qué izquierda nos están hablando?

Razón tuvo el fundador de la nación cubana, José Martí, cuando al criticar el proyecto socialista desde la perspectiva americana sentenció:

“Dos peligros tiene la idea socialista como tantas otras: —el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, —y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados”. (Carta a Fermín Valdés Domínguez, mayo de 1894.)

Entre tanto la dualidad de poderes se encamina hacia la inevitable ruptura que dará la supremacía a uno de los bandos, de un lado la mayoría popular, rebelde pero desarmada, del otro una minoría aún considerable por su número, pero apoyada por las instituciones armadas.

El sábado la ayuda humanitaria se convirtió en el detonante del asalto decisivo. Los desesperados del chavismo, acompañados por el coro de la decadente izquierda internacional, argumentan según sabias estadísticas que tal ayuda es irrisoria, inmoral porque un aporte muchísimo mayor sería eliminar las trabas impuestas al gobierno con la penalización de sus operaciones económicas.

¿Agua en canastos?

Las toneladas de medicinas y comida no son la clave del problema. Se discute quebrar definitivamente la autoridad de un gobierno irresponsable que ha llevado a una nación rica hasta la ruina.

Tras la decisión que impidió por la fuerza el paso de la caravana, y desde antes de que ocurriera este hecho, se ha comentado la posibilidad de una intervención militar para abrir las fronteras. Voces de diversos matices claman manos fuera de Venezuela, reclamo sensato y loable. Sin embargo, los llamados antiimperialistas, digamos con exactitud anti gobierno norteamericano porque suelen alinearse con el renaciente imperio ruso, hasta desearían convertir el problema nacional en crisis internacional y así echarle humo al desastre interno.

El otro argumento es la “ilegitimidad” de Juan Guaidó frente al presidente electo Nicolás Maduro. Cuando hay un pueblo en rebeldía lo único legítimo son las causas de tal rebeldía. Si hay dudas preguntarle a Rousseau, Washington o al mismísimo Fidel Castro, quien decretó el olvido de la muy legítima constitución cubana de 1940.

La suerte del gran país del Orinoco no depende de Estados Unidos. Hace rato que una creciente mayoría de su población está cruzando el río, y no precisamente un arroyuelo desaparecido por los siglos.

Vísperas del sábado definitorio hubo un concierto a las puertas de Venezuela. La izquierda azorada dice que los participantes fueron víctimas de la manipulación imperialista. El primer artista en tarima fue la venezolana Reymar, quien interpretó “Me fui”, considerado el himno de la indignación en su país. Luego fue el turno para José Luis Rodríguez “El Puma”. También se presentaron otros artistas como Chino, Danny Ocean, Paulina Rubio, Carlos Baute, Mau y Ricky, Fonseca, Carlos Vives y Lele Pons. “¡Maduro vete ya, Maduro lárgate ya!”, exclamó el español Miguel Bosé durante su presentación. “Sepan que no están solos”, dijo el puertorriqueño Luis Fonsi después de interpretar su éxito “Despacito”[1].

¿Todos estos nombres célebres están equivocados…?

¿Podría explicar esta conducta la doctora del Video?

No es tan fácil engañar a la gente, así lo demuestra un cubano comentando el mensaje de @tirado_sánchez:

“En Cuba también hay hoteles y buena comida para turistas y allegados a la dictadura castrista, pero la verdadera realidad siempre tratan de ocultarla…”.


[1] La información sobre los participantes en el concierto y sus comentarios ha sido actualizada por la Redacción de Cubaencuentro tras recibir el artículo. Los datos fueron tomados del servicio noticioso de la BBC.


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