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Payá, Represión, Cuba

Muerte de Payá: otra vuelta a la tuerca

Para conocer la verdad hay que empezar por que la ley cubana no autoriza a los particulares para presentar sus propias acusaciones, salvo en los delitos de injuria y calumnia

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El circo mediático promovido por la familia del finado Oswaldo Payá junto con Ángel Carromero, confeso del accidente y convicto de la muerte de Payá y Harold Cepero, prosigue con reciclajes de episodios tan implausibles como el cuento que acaba de largar Carlos Payá al periódico El Mundo, bajo el título “El Gobierno [español] nos propuso aceptar la version cubana.” Aquí vuelve a sonar la matraca que se escuchó tras aterrizar Carromero en Madrid y apareció así en “Allegados a Carromero desmienten pagos a Cuba por su libertad,” (El Nuevo Herald, primero de enero de 2013):

“Carlos Payá también afirmó que el Ministerio de Asuntos Exteriores español, en un momento, ofreció ‘una indemnización’ a la viuda, Ofelia Acevedo. Bajo la ley cubana, ella podría haber presentado su propia acusación contra Carromero, y tal vez evitado un cargo por parte de los fiscales.

‘El plan era así de simple: Ofelia Acevedo acusa, Ofelia Acevedo recibe una indemnización, se cierra el caso y en 72 horas Ángel está en casa’, dijo el hermano. La familia se negó, porque quiere que se conozca toda la verdad.”

La verdad y la toga viril

Para conocer la verdad hay que empezar por que la ley cubana no autoriza a los particulares para presentar sus propias acusaciones, salvo en los delitos de injuria y calumnia. En todos los demás, la fiscalía ejerce el monopolio de la acción penal. La viuda de Payá no habría podido acusar a Carromero aunque hubiera querido.

Así que no es plausible que el Secretario de Estado de Cooperación Internacional y para Iberoamérica, Jesús Gracia, haya podido bajarse con ese plan tan simple ni siquiera “en un lugar no oficial,” como dice Carlos Payá, quien endilgó semejante pacto a Gracia sin saber de qué estaba hablando.

Igual viene sucediendo con el reciclaje de la excusa pueril que Carromero dio al ocurrir el accidente y quedó registrada en el mensaje original de Modig: “Dice Ángel que un carro lo empujó fuera de la carretera.” Tras ser desmentido por el examen pericial del Hyundai que conducía, Carromero no recurrió nunca más a esta excusa ni ante el cónsul de España, que lo visitó varias veces en prisión, ni antes sus abogados defensores, coordinados por el bufete madrileño Lupicinio.

No obstante, la defensa impugnó otros dictámenes periciales, sobre la velocidad con que venía Carromero y la señalización de la vía. Incluso las deficiencias de esta última se alegaron como causa determinante del accidente y así la defensora Dorisbel Rojas descargó la culpa sobre el gobierno de Cuba y pidió la absolución de Carromero. No pudo descargarla sobre otro auto porque nunca lo hubo.

Y para hacerlo no tenía por qué meterse en camisa de once varas con que el carro era de “los servicios secretos.” Con que hubiera sido otro carro bastaba para exculparse, pero ya se había acreditado inobjetablemente lo contrario.

Coda

Así como la alegación mediática de Carromero contra la Seguridad del Estado se desmiente con solo ver el parachoques trasero del Hyundai, la de Carlos Payá contra Gracia se destruye con sólo leer Ley de Procedimiento Penal cubana, que no admite acusación a instancia de parte en delitos de homicidio (Artículo 272). Sin embargo, Carlos Payá dirá que quien no lo sabía era Gracia, quien se apresuró a desmentir a Carlos Payá nada más que sonó la misma matraca en El Mundo.

Y Carlos Payá mantendrá a toda costa que Gracia le propuso aquel pacto absurdo, porque de lo contrario se acabaría esta función del circo, que continuará de seguro aun después de que la Audiencia Nacional española pronuncie el fallo cantado en el trámite de la querella delirante del Movimiento Cristiano Liberación contra la Seguridad del Estado por delito de lesa humanidad: no ha lugar.


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