Actualizado: 24/09/2018 10:46
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Cuba, Venezuela, Aviso oportuno

Muerto sin patria

Después de fallecer en Venezuela, el cubano Maikel Yacel Rodríguez Mendoza continuaba siendo un “desertor”, según le comunicaron en el consulado de la Isla a su pareja

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Como todo régimen comunista, el castrismo, desde sus comienzos, dividió a los cubanos en dos grandes grupos: los que de una forma u otra se plegaban a él, y los que no.

Algo propio del totalitarismo castrista, como la legítima “dictadura del proletariado” que resulta, ha sido adueñarse del himno, la bandera, el escudo nacional... y la patria.

Ellos, los castristas cubanos, son la patria. Los demás nacionales que piensan distinto resultan “apátridas” o “vendepatrias” o “traidores” o “desertores” y todo lo demás de este tenor.

De modo que la consigna que ha primado desde los primeros tiempos “revolucionarios” ha sido “Patria o Muerte”. Es decir, antes morir por la patria de ellos, los comunistas —que debemos inferir es la de los verdaderos cubanos—, que entregar esa, la Patria (decía el Maestro: “La patria es de todos”) al “enemigo”. El “enemigo” somos todos los cubanos “gusanos” —bueno, ya lo dije: ni cubanos somos, así que solo “gusanos”— el “imperialismo” y todo lo que no sea como ellos o no piense como ellos o en alguna medida se exprese contra ellos.

Así las cosas, no es de extrañar que las embajadas “cubanas” representen únicamente a los adeptos al régimen existente en la Isla.

De modo que si un cubano “gusano” o de alguna manera contestatario del régimen necesita ser representado fuera de Cuba para algún trámite; no tiene embajada, no tiene patria, no tiene nada. Aunque haya nacido en la Isla y se sienta tan o más cubano que cualquiera de sus coterráneos (no escribo “compatriotas” porque según los dictámenes castristas esta palabra, en el caso que nos ocupa, no procede).

¿Quién, que no sea Dios, debe tener poder para dictaminar que un hijo de su tierra ya no lo es porque opina distinto del gobierno que la detenta? ¿Quién, que no sea Dios, debe tener facultades para decidir quiénes sí y quienes no pueden regresar a la tierra, el barrio, la casa en que nacieron?

El cadáver del fisioterapeuta cubano Maikel Yacel Rodríguez Mendoza, de 34 años de edad, estuvo una semana en la morgue de Bello Monte, Venezuela.

Maikel era un “desertor”, le respondieron a su pareja, Mariela Márquez, cuando esta acudió al consulado cubano para que le facilitaran la “certificación de datos”.

O sea, Maikel era un “apátrida”, un “traidor”, etcétera. De modo que no era de ninguna parte. No había nacido en ninguna parte. Había resultado borrado del Registro Civil, de la Libreta de Racionamiento y de todo lo demás que pueda dar fe de que 34 años atrás había nacido en Cuba y allí en la Isla se había criado y crecido.

Maikel había llegado a Venezuela hacía siete años como parte de un programa intergubernamental entre Caracas y La Habana y “desertó” de la Misión Salud después de seis años. Llevaba casi un año trabajando por su cuenta en la casa donde vivía en la localidad de Carapita.

El único pecado de Maikel Yacel Rodríguez Mendoza fue ese de querer trabajar por su cuenta, apartarse del “colectivismo”, el “ideologicismo”, el “discursismo” que permea a toda delegación cubana que forme parte de una Misión solidaria.

Estas “Misiones solidarias” —entre las cuales sobresalen las de servicios de salud— representan, según el propio Gobierno cubano, la principal fuente de divisa para el país. En muchos casos, los profesionales que componen estos contingentes tienen limitada la libertad de movimiento y en todos los casos deben entregar al Gobierno, por lo menos, el 50 % de la paga recibida; si bien por lo general el aporte es mayor.

Maikel Yacel Rodríguez sufrió un infarto el pasado 2 de diciembre. Y poco después murió en el hospital adonde había sido trasladado.

Él permaneció durante una semana en la morgue: todavía muerto era un “desertor”, según le comunicaron en el consulado cubano a su pareja, Mariela Márquez, quien acudió a esta instancia en cuatro ocasiones; en vano: no le entregaron la “certificación de datos”.

Como resultado de las gestiones de Márquez, el pasado día 7 la medicatura forense decidió aceptar una carta enviada por el Consejo Municipal de Carapita.

El entierro se llevó a cabo al día siguiente, a las 2 de la tarde, en el Cementerio General del Sur.

Amigos de Mariela Márquez y del fallecido, realizaron una colecta que sumó 7.000 bolívares: la viuda no contaba con el dinero suficiente para solventar los funerales.

No debería ser así.

Pero es así.


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