Actualizado: 26/11/2020 16:04
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Necesidad de un presidente

¿De qué sirven relaciones exteriores de excelencia, si los ciudadanos no cubren las necesidades básicas?

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Hace un año del nombramiento oficial del general Raúl Castro como presidente de los consejos de Estado y de Ministros en Cuba, y siete meses más de aquel discurso en el que el menor de los Castro anunció la necesidad de emprender "cambios estructurales" en la Isla.

Pero, amén de las "libertades" para comprar celulares y para albergarse en hoteles que antes fueran sólo para turistas extranjeros, y de la tierra que el Estado le ha prestado —no otorgado o vendido— a individuos y cooperativas, los cubanos siguen esperando por las reformas prometidas. Reformas que traducidas al lenguaje del ciudadano de a pie signifiquen comida, vivienda y salarios para sufragar las necesidades familiares. Nada espectacular ni superfluo, más bien básico.

Curioso resulta, sin embargo, cómo algunos periodistas extranjeros y renombrados "expertos en Cuba" continúan adjudicándole a Raúl Castro el mérito de haber hecho cambios en el país. No obstante, a muchos les resulta difícil ya, a estas alturas, continuar elaborando teorías sobre las supuestas reformas en Cuba basadas en el modelo chino o el vietnamita. De eso vivieron durante unos dos años, incluso antes del célebre discurso del 26 de julio de 2007, cuando los buenos amigos del régimen castrista llenaron internet y publicaciones académicas con sus esperanzas puestas en los militares de las FAR.

Aparecieron libros sobre las bondades del sistema empresarial de las Fuerzas Armadas, el "prestigio" de los militares cubanos y artículos en Foreign Affairs, que como la Coca Cola, a fuerza de ser citados y recontracitados, se convirtieron en "verdades", y a la vez, algunos ingenuos y otros sin mucho interés en averiguar las realidades de los habitantes de Chambas, Songo o Guanabacoa, santificaron sin cuestionamiento alguno. Tal parecía que los militares cubanos y Raúl Castro pertenecían a un régimen otro, enclavado en una isla distinta, libre de escasez, totalitarismo y violaciones de los derechos humanos.

Teorías adaptadas

Pero ahora no hay reformas que mostrar. Entonces las teorías se adaptan y metamorfosean. El campo de acción de los "expertos" se traslada —porque de algo tienen que seguir viviendo después que se montaron en el tren de la expertise on Cuba— a la política exterior. Para ello toman como referencia las visitas a La Habana de mandatarios latinoamericanos y otras regiones.

Dirigentes de China, Rusia, Ecuador, Chile, Argentina y Guatemala han pasado por Cuba y se anuncian los de Honduras, República Dominicana y México. Cada uno tiene sus propios motivos nacionales para ese acercamiento. Sus razones —aun en casos como los de Colom, Zelaya y Bachelet, amén de Rusia y China— tienen poco o nada que ver con el sostenimiento del régimen de los Castro en su actual formato estatista y totalitario.

Pero para algunos de estos "expertos cubanólogos" eso es irrelevante. Sin prudencia ni excesivo pudor, se suman a la versión del Departamento Ideológico del Comité Central que le presenta las visitas al pueblo cubano como el espaldarazo de la solidaridad antiimperialista mundial. A fin de cuentas, nunca se verán obligados a contrastar sus teorías con los ciudadanos de a pie en Cuba.

Hace poco dijo uno de estos neosabios sobre asuntos cubanos que Raúl Castro ha demostrado durante estos meses de mandato su marcada inteligencia. "El alcance de la política exterior de Raúl Castro es verdaderamente impresionante", dijo otro. Otros más se han aventurado a pronosticar que "Cuba se abre al mundo", como pidió el difunto Papa Juan Pablo II.

Y de ahí parten para elaborar teorías acerca de las alianzas internacionales de Cuba como contrapeso a la ausencia de relaciones con Estados Unidos, etcétera. La nueva administración en Estados Unidos proporciona un caudal de posibilidades en este campo. Los cambios… bueno, ahora se muestran como "graduales" en una escala de tiempo que nadie se atreve a definir.

Para eso y mucho más

Pero, por muy válidas que pudieren ser estas valoraciones, Cuba no necesita a Raúl Castro de ministro de Relaciones Exteriores. Se necesita su acción como presidente —o más bien su deposición— al frente de un aparato de gobierno eficiente que tome decisiones clave en la economía y la política nacional. Se supone que un gobierno ejerza su mandato sobre los habitantes de un país determinado, y no exista sólo para recibir visitas y sostener buenas relaciones con los múltiples países del globo terráqueo.

El período de debates de finales de 2007 e inicios de 2008 proveyó a los mandatarios de un caudal enorme y variado de opiniones ciudadanas acerca de los males del país y los derroteros a emprender. ¿De qué sirve que las relaciones exteriores de un país sean de excelencia si sus ciudadanos no tienen cubiertas las necesidades básicas y los servicios de educación y salud están seriamente dañados?

Los famosos expertos en Cuba no saben —ni en realidad les interesa mucho saber, porque no les duele— la situación del cubano. Aun los que han visitado la Isla en varias oportunidades o han residido allí por períodos más o menos largos, lo han hecho bajo su condición de extranjeros. No han tenido que comer por la libreta, devanarse los sesos para "resolver" jabón o leche en polvo para los hijos, zapatos para el nuevo curso escolar, y mucho menos han sufrido de un derrumbe de vivienda, o la falta total de ella.

Tras cada visita, nuestros expertos regresan a sus lugares de origen, sea en Dupont Circle, Ottawa, Miami o Barcelona, con sus arcas repletas de estadísticas aportadas por el Estado cubano, entrevistas, y vivencias sui géneris, prestos a elaborar nuevas teorías. Después de todo, mientras dure, el castrismo corriente da para eso y para más.


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