Actualizado: 19/10/2017 11:37
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Emigración, Exilio

Nosotros ponemos el CAFÉ

Réplica al artículo ¿Gusta Café?, de Haroldo Dilla Alfonso, publicado en CUBAENCUENTRO

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El 16 y 17 de abril, la organización comunitaria C.A.F.E. (Cuban Americans for Engagement) visitó el Departamento de Estado, la Sección de Intereses de Cuba y el Capitolio en Washington, para expresar su apoyo a la flexibilización de viajes e intercambios académicos y culturales aprobados por el presidente Barack Obama. A la vez, la delegación de C.A.F.E., en representación de más de un centenar de miembros, clarificó que la comunidad cubano-americana está integrada por una pluralidad de voces cuyos puntos de vista con respecto a temas como el embargo y los viajes, discrepan de las posiciones defendidas por los senadores y congresistas cubano-americanos Marco Rubio, David Rivera, Albio Sires, Ileana Ros-Lehtinen, Bob Menéndez y Mario Diaz-Balart.

El apoyo expresado a C.A.F.E a través de correos electrónicos y llamadas telefónicas ha sido abrumador. Tanto desde la Florida como desde otros estados de la nación, cubano-americanos y norteamericanos agradecen nuestra gestión en la capital. Muchos de estos últimos preguntan si pueden ser parte del grupo. El reto está en organizar y canalizar políticamente voces hasta ahora ignoradas por aquellos que en el Senado y el Congreso, dicen representar, al referirse a la comunidad cubano-americana como un todo, sin tener, en realidad, jurisdiccionalidad para ello.

Existen comunidades cubano-americanas por toda la unión americana. Según el sistema de este país, los ciudadanos eligen a sus congresistas y senadores por sus respectivos distritos y estados. Es hora de organizar ese caudal que mayoritariamente discrepa de las políticas de aislamiento y reducción de intercambios con Cuba. Republicanos, demócratas, independientes y de otras afiliaciones políticas, los integrantes de C.A.F.E. han llamado a los cubanos residentes en EEUU a nacionalizarse y votar.

Hasta el momento los representantes de origen cubano-americano en el Congreso han decidido ser voz de una minoría cada vez más en declive. Estos grupos que tienen, ciertamente, su derecho a opinar, lo han hecho, sin embargo, creando un ambiente negativo a la expresión de la pluralidad política cubano-americana. Son las voces intimidadoras, macartistas y carentes de civilidad, que piden a gritos castigos para Ozzie Guillén, Juanes y Olga Tañón; que condenan la visita del Papa a Cuba, y que a la vez ven a Posada Carriles y a Orlando Bosch como héroes del exilio. C.A.F.E. y muchos otros miembros de la comunidad cubano-americana hemos sentido la necesidad de tomar distancia de ellos, ya que para vergüenza nuestra, congresistas como David Rivera se hacen eco de estas minorías.

No se trata de un enfrentamiento generacional. Como demuestra el informe “Dangerous Dialogue” de Human Rights Watch sobre la libertad de expresión en la comunidad cubano-americana, cubanos de todas las olas migratorias han sido víctimas de agresiones de los grupos que han hecho de la intransigencia y la violencia una profesión de fe. En este sentido, es de alabar cómo muchos de quienes hasta ahora habían adoptado posiciones en contra de la reconciliación, deciden dar al diálogo una oportunidad. Es notable, por ejemplo, la reciente presentación del empresario Carlos Saladrigas, fundador del Cuba Study Group, en el Centro Félix Varela en La Habana.

Sorprendente es también el viaje de Alfonso Fanjul a la Isla, en una reciente comisión de la Brookings Institution, cuyo objetivo fue “verificar” el proceso de reformas que toman lugar. (Las contribuciones de los Fanjul en Washington han sido un pivote importante en la perpetuación del embargo. Los hermanos, propietarios de Florida Crystal Sugar, encabezan ya desde hace muchos años el emporio del azúcar en Estados Unidos, lo cual les ha valido calificativos como el de “sugar barons.” En la Florida, organizaciones ambientalistas acusan a los Fanjul de la devastación causada al ecosistema de los Everglades por el uso indiscriminado de fertilizantes. Sus compañías en la Florida y la República Dominicana han sido denunciadas reiteradamente por violaciones de los derechos de los trabajadores).

TV Martí y Haroldo Dilla: un periodismo selectivo

En un reciente reportaje de TV Martí, Ana Carbonell, asistente del ex congresista Lincoln Diaz-Balart, expresó que C.A.F.E. propone una negociación con Cuba sin tener en cuenta la necesidad de reformas políticas en la Isla. En CUBAENCUENTRO, Haroldo Dilla, ex investigador del Comité Central del PCC, ha denunciado la política y la ética de C.A.F.E. al “confundir nuestros derechos ciudadanos con la rebaja de aranceles o con la posibilidad de un empresario de invertir en la economía cubana”. Va aún más lejos al acusar a los miembros del grupo de trabajar para Cubadebate, sitio del departamento ideológico del Comité Central del PCC, al cual él sí perteneció. (Si Cubadebate quiere publicar algo que alguno de nosotros escriba, se agradecería, pues representaría un signo de apertura de su parte. Lo cierto es que nuestros artículos en Cubadebate solo están en la mente de Dilla, quien quizás se confunde con el tiempo en que escribía para las publicaciones del PCC. Invito a Dilla a que presente alguna prueba de sus acusaciones).

Como carecen de alternativas viables, tanto la derecha tradicional representada por TV Martí como el resentimiento ex comunista de Haroldo Dilla coinciden en la insistencia en posiciones que no han obtenido ningún avance en más de cincuenta años de hostilidad. La definición de locura —según Albert Einstein— es hacer lo mismo una y otra vez esperando resultados diferentes. ¿Cuándo lo entenderán?

Como expresión de una nueva manera de abordar los dilemas políticos de Cuba y la política de EEUU hacia la Isla, C.A.F.E. da la bienvenida a críticas. Ninguno de sus miembros —que son muchos más que los nueve que pudimos viajar a Washington, pagando todos nuestros gastos—, asume que conoce la mejor manera de dialogar con los gobiernos de Cuba y EEUU. La solución de los conflictos entre ambos países y entre los cubanos no es cuestión de un acto sino de procesos en los que es necesaria una metodología de reconciliación a través de la humildad de todas las partes involucradas. Un debate de ideas reclama un mínimo de civilidad. Sólo quien carece de propuestas acude a infamias como la de llamarnos “comensales predilectos de la oficina de intereses de Cuba en Washington”, o a acusaciones sobre promover inversiones de cubano-americanos en pequeñas y medianas empresas “para oprimir más al pueblo”, como festinadamente afirman Dilla y Carbonell respectivamente.

Los integrantes de C.A.F.E. no se han pronunciado jamás en contra de los derechos ciudadanos de ningún cubano. En el tema de los derechos de viaje, C.A.F.E. aboga porque se respeten los derechos de viaje tanto de cubanos como de norteamericanos, de la forma consagrada en la Declaración Universal de Derechos Humanos, y porque no se prohíban ni salidas ni entradas; ni aquí ni allá. En relación al sistema político prevaleciente en la Isla, varios integrantes reiteraron en las reuniones del 16 y 17 de abril que una política de intercambio y diálogo es la mejor manera de favorecer cambios económicos y políticos en Cuba. Asimismo, el grupo presentó demandas concretas al Gobierno de la Isla, al cual criticamos por aquellas prácticas que consideramos discriminatorias y dañinas al desarrollo de Cuba y la reconciliación nacional. Dicho esto, asumimos que el camino es el diálogo civilizado, facilitando un ambiente de paz y acercamiento, ajeno a propósitos subversivos, en el que los cambios sean menos traumáticos.

Las cuatro medidas propuestas al Gobierno cubano no son un plan máximo, sino decisiones mínimas que son pertinentes incluso en las condiciones opresivas del embargo norteamericano. No nos ocultamos para reconocer junto al Gobierno cubano y la inmensa mayoría de la comunidad internacional que la política norteamericana de sanciones y acoso contra Cuba es “ilegal, inmoral y contraproducente”. Peor, también es antinorteamericana al sacrificar los valores e intereses norteamericanos a una minoría más interesada en la reclamación de propiedades y el poder, que en una transición democrática. Nuestra preferencia por la gradualidad y la pequeña y mediana propiedad se basa en que es en esos espacios de clase media, en los trabajadores —y no en los grandes capitales como los de Fanjul (a quien ni TV Martí ni el neo-izquierdista Dilla cuestionan por su diálogo con Cuba)—, donde el desarrollo y la democracia toman asiento.

Más que proclamar principios o puntos retóricos, nos interesa contribuir a una diferencia tanto en la política migratoria como en las posibilidades de participación de los cubano-americanos en los cambios que tienen lugar en la Isla. Ojalá Haroldo Dilla tenga razón y el Gobierno cubano planifique cambios más profundos que los que sugerimos. Nuestras propuestas nunca han sido un plan máximo, sino apenas una sugerencia mínima, de lo que aún en condiciones difíciles como el embargo norteamericano, Cuba debe hacer. Lo peor sería que ante posiciones maximalistas como las de Dilla, sigamos en la parálisis de principios, sin mapa ni ruta ni consciencia de los factores de poder.

Es lamentable cómo Radio y TV Martí ignoran o tratan unilateralmente temas que generan opiniones diversas dentro de la comunidad cubano-americana, tales como la conferencia del Cardenal Ortega en Harvard, la prohibición de viajar a Cuba o la reciente acción terrorista contra una agencia de vuelos fletados a Cuba en Miami. Los impuestos de los contribuyentes estadounidenses son usados así para subsidiar ataques macartistas contra la reputación de ciudadanos norteamericanos, ofreciendo todas las facilidades a los opuestos al diálogo sin consideración alguna para aquellos que lo defienden. Es hora de que esta emisora, pagada con nuestros impuestos, trate en condiciones de igualdad todos los puntos de vista dentro de la comunidad cubana: los radicales de cualquier signo y los moderados; los que apoyan la política de aislamiento y los que la rechazan.

Todas las manipulaciones e insultos justifican aún más la razón de ser de C.A.F.E. La mejor contribución de la comunidad cubano-americana a la democracia en Cuba es ser un espacio político modelo, donde todas las opiniones son respetadas y toleradas como está consagrado en la primera enmienda de la Constitución de EEUU.

Según la encuesta de 2011 de la Universidad Internacional de la Florida, limitada a cubano-americanos del condado Miami Dade, 57 % de los mismos favorecen el fin de la prohibición de viajar, el 60 % se opone a toda restricción de los viajes familiares, mientras el 57 % apoya el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba. Uno de los objetivos principales de C.A.F.E. es hacer visible la poca representatividad de este grupo mayoritario de cubano-americanos. Quien se considere parte de esta nueva conversación, que no dude en confirmar invitación a nuestra mesa de diálogo, enviando un correo a [email protected]. Nosotros ponemos el CAFÉ.

[email protected]
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