Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Papa, Oposición, Cuba

Nuestro Zaqueo

Disidencia, represión y “referencias bíblicas” durante la visita del Papa Francisco a Cuba

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Uno de los miles y miles de activistas de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) protagonizó en La Habana un episodio histórico de connotación bíblica. El Zaqueo del Nuevo Testamento se encaramó a un sicomoro para ver a Jesucristo a su paso por Jericó (Lucas 19). Nuestro Zaqueo Báez Guerrero rompió 5 o 6 cordones de seguridad para encaramarse en el Papamóvil, a su paso por la plaza cívica, y decir “la verdad y gritar libertad”, como aseveró el líder de UNPACU, José Daniel Ferrer, quien valoró este ademán así: “La pusimos buena con Zaqueo”.

Dicen que Jesús instó a Zaqueo a bajarse del árbol e incluso se alojaría en su vivienda. Zaqueo donó entonces la mitad de sus bienes a los pobres y Jesús concluyó: “Hoy ha venido la salvación a esta casa (Lucas 19:9). El cuento de nuestro Zaqueo es más largo.

La importancia de llamarse disidente

Ya en su carta abierta al Papa Francisco, que este leyó con toda seguridad, Ferrer había sentado que los activistas de UNPACU y otras fuerzas vivas de la sociedad civil independiente “desean asistir, con disciplina y respeto, a sus misas, pero la policía política secreta se lo impedirá”. Así fue y nuestro Zaqueo vino a confirmarlo. Como estampa viva del pueblo cubano, dijo en un tilín la verdad al Papa, quien atinó a comprenderla. No en balde soltaría en la misa el contundente mensaje de que "nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a las personas”. Enseguida marchó a casa de Fidel y más tarde se reunió con Raúl.

Los segurosos “arrancaron” a nuestro Zaqueo de los brazos del Papa Francisco, luego de que el jefe de la guardia suiza, según la blogósfera cubiche, permitiera que “hablara con el Sumo Pontífice, [quien] le dio la bendición”. Antes de ser reducido por los segurosos —con brutalidad nunca vista en el mundo libre, donde la policía invitan gentilmente a deponer actitudes— nuestro Zaqueo lanzó al aire unas octavillas. La gente se mostró ávida por leerlas, pero no pudo hacerse de ellas, porque algunos segurosos se rebajaron a barrenderos para recogerlas todas e impedir que llegara al pueblo la verdad escrita de nuestro Zaqueo.

Su verdad oral, en cambio, llegó al Papa Francisco y bastó para que este no alterara su agenda original de “no dar audiencias a nadie” al efecto de reunirse con líderes de la oposición. Ya sabía todo lo que debía saber gracias a nuestro Zaqueo. El gobierno mandó a Ricardo Alarcón a que tergiversara en NBC con que “el Papa es un hombre muy ocupado y no puede perder el tiempo con personas y temas que no son importantes”.

Sin embargo, oponerse a la dictadura castrista es más que suficiente para ser importante y tal importancia consta bien acreditada con los premios Sajarov y otros muchos, amén de que los líderes opositores ocupan espacios de suma importancia en diversos medios y algunos hasta rinden testimonio ante el Congreso estadounidense, adonde van a escucharlos numerosas figuras de la política y la economía, la academia y demás ramas de la cultura.

Tribulaciones y milagros

Otro episodio nada bíblico enturbió el paso del Sumo Pontífice por La Habana. Personalidades importantes de la oposición fueron detenidas por los segurosos luego de que el secretario del Nuncio Apostólico tuviera la ocurrencia de invitarlas, nada menos que por teléfono, para que dieran la bienvenida al Papa Francisco en la Nunciatura y la Catedral. Si se trataba de estar próximo a su Santidad era necesaria una credencial impresa, como Dios manda, porque para verlo en medio de la multitud desde una acera no se precisa invitación alguna.

A la postre, nuestro Zaqueo encarnó el milagro de atravesar los cordones de seguridad e hizo temblar a la dictadura. Aunque fue internado en las tenebrosas mazmorras de 100 y Aldabó, la dictadura temblorosa e igual de temerosa tendrá que soltarlo, como antes tuvo que hacerlo con Andrés Carrión, el feligrés que profirió el enjundioso mensaje ¡Abajo el comunismo! al filo de la misa que oficiaría el Papa Benedicto XVI en Santiago de Cuba el 26 de marzo de 2012. Ya en agosto pasado, nuestro Zaqueo quebró la barrera represiva con una huelga de hambre de nueve días que forzó a las autoridades a liberarlo de su encierro en el vivac.

El Dr. Juan Antonio Blanco percibió aun otro milagro. Al dar la bienvenida en Holguín al Papa Francisco, el joven católico Leonardo Fernández profirió “el grito de los excluidos” con la esperanza cifrada en cambios profundos que transformen a Cuba en “un hogar para todos sus hijos, piensen como piensen y estén donde estén". Como este joven proviene del Centro Cultural Félix Varela y nuestro Zaqueo es líder de la cédula Félix Varela de UNPACU, estos milagros pudieran ser aquellos que vienen buscándose para beatificar por fin al Padre Varela.

A la tercera, la vencida

Justamente en el Centro Cultural Félix Varela, el Papa Francisco largó a los jóvenes: “Están soñando y también haciendo ya realidad el mañana de Cuba”. Nuestro Zaqueo expresa idéntico sentido, pero con más urgencia, como preferían Ferrer, Berta Soler y otros líderes opositores: que el Papa se reuniera con ellos, siquiera unos minutos [ya nuestro Zaqueo mostró cómo condensar el mensaje del pueblo sufrido], y enfilara sus homilías contra el régimen oprobioso de los Castro.

Y es que las terceras visitas siempre traen al recuerdo del pueblo cubano, tan apegado a la fe católica, aquella “advertencia que les hice en mi segunda visita: cuando vuelva, seré implacable con los que pecaron” (2 Cor 13:2). De ahí que la oposición enfocara con luces largas esta tercera visita de un vicario de Cristo a Cuba en menos de dos décadas. A la mediación del Papa entre La Habana y Washington debía seguir, como apuntó Yoani Sánchez en su diario hecho en Cuba, su verdadera “mediación histórica: entre el Gobierno cubano y su propio pueblo”.

Que no haya sucedido así no es otra cosa que la confirmación de que los caminos del Señor son inescrutables. Lo que sí no cabe pensar que este vicario de Cristo se congraciara con Jaime Ortega, su mensajero personal a Castro y Obama, después que el cardenal cubiche se atrevió a declarar, pese a tres listas que rondan por ahí, que no hay presos políticos en Cuba, como para vanagloriarse de haber mediado en la liberación de más de 50 en 2010 y fungido como la quinta rueda del carro en el pacto Obama-Castro para que salieran más o menos 53 en 2014.

Nuestro Zaqueo vino a recordarnos que no se trata de liberar a unos cuantos hoy y otros mañana, sino de ponérsela buena al que sea. Y como el Papa Francisco dijo clarito que se sirve a las personas, este domingo vamos todos a marchar por la amnistía. ¿Qué hacemos con que excarcelen a Ángel Moya si no puede salir del país? Y así seguirán los domingos de la defensa de esas personas bien identificadas como presos políticos, sean quienes sean. Como dijo Jesús al respecto de Zaqueo: “Él es también hijo de Abraham” (Lucas 19:9).


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