Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Obama, Papa, Castro

Obama, Bergoglio y los Castro

Lo curioso es que no vemos que ese peregrinaje repetido a Cuba no se extiende también a Pekín, Hanói o Pionyang

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Si incluimos su jefatura de jure del Partido Comunista Cubano, Fidel Castro es el dictador con más duración en el poder, desde que se inició el siglo XX. Si hacemos más que cuantificar este hecho y los procesamos por la lupa empírica de su dominio político, vemos como, cualitativamente hablando, su crueldad incuestionable le concede el título adicional de tirano. El heredero del trono dictatorial no ha sido nadie menos que su hermano Raúl Castro, individuo que porta un buen expediente, propiamente, de crímenes bárbaros. Cuando se le añade el punto de que cerca del setenta por ciento de la economía del país subyugado, está en manos de la élite en el poder, la dictadura de los Castro refleja matices claras de ser una oligarquía militar dinástica de facto. Teóricamente, la izquierda radical debería ser antitética a este esquema político. Juzgando por la actitud del presidente Barack Obama y el papa Francisco hacia el castrocomunismno, no parecería molestarlas estas incongruencias morales e inconsistencias ideológicas.

Primero, definitivo debe de estar a estas alturas que, tanto el presidente norteamericano como el obispo de Roma, poseen preferencias de ideología que guían y explican su conducta humana. Obama, limitado por un formato rígido de frenos y contrapesos, se ha visto obligado a ejercer como un socialdemócrata y no cruzar la línea de la radicalidad. Jorge Mario Bergoglio, de haber heredado el título actual cuando el comunismo soviético aún vivía, evidenciaría sus posturas más desprendidas de los disfraces lingüísticos y conceptuales de la moderación que ahora emplea. La geografía en el caso de Obama, y el reloj histórico en el del papa Francisco, atenuaron sus proyecciones al mundo, pero nada hizo para alterar el trasfondo filosófico de estos que está encadenado a la visión de lucha de clases y su contextura de determinismo económico envuelto en leyes de la historia imaginadas.

No han sido pocos los marxistas (y no-marxistas) que nos han repetido que el proyecto del comunismo cubano, desde hace tiempo, dejó de existir. El revisionismo de los años 1990 lo rebosó de contradicciones. Luego el raulismo y su versión del perfeccionamiento empresarial del siglo XXI ofrecieron más leña a la hoguera. Sin embargo, vemos como aún así eso no ha frenada a socialistas de todo el orbe que han seguido viajando a Cuba, a rendirle pleitesía al dictador comunista más longevo y su régimen. Lo curioso es que no vemos ese peregrinaje a Pekín, Hanói o Pionyang. Estos también son países comunistas y China y Vietnam han embarcado desde hace tiempo en el trayecto del sincretismo político. ¿Por qué Cuba comunista?

El castrocomunismo le salvó la vida al socialismo después de la caída del Muro de Berlín. El invento de Fidel Castro, llamado el Foro de Sao Paulo, rescató la subversión roja. La metodología frontal de guerrillas rurales y urbanas, fue sustituida por las enseñanzas de Antonio Gramsci, Eduard Bernstein y los fabianos. Tomar el poder desde adentro, impactar la cultura hegemónicamente y cooptar el comercio, la religión organizada y otras instituciones.

Criticando a los Hegelianos Jóvenes, Karl Marx no solo condonó sino justificó el pragmatismo que se ha ejercido en China, Vietnam y en Cuba desde la década de 1990. En su “Tesis sobre Feuerbach”, Marx fue claro al discernir sobre la supremacía de la práctica revolucionaria sobre consideraciones dogmáticas de la teoría. Todo ejercicio de pensamiento divorciado de la “práctica”, según el coautor del marxismo, es solo una cuestión académica (“escolástica”). El peregrinar a la casa de los Castro es llevado a cabo por esos que entienden bien sobre el predominio del pragmatismo práctico sobre el dogma terco y el impacto favorable que éste planteamiento ha tenido para la supervivencia del socialismo como modelo político y moral.

Cuba comunista es la esperanza, última y mejor, del neomarxismo en el Hemisferio Occidental (y posiblemente el mundo). Su existencia asegura una continuidad de la acostumbrada subversión roja y su guerra hegemónica por el poder político. Obama y el papa Francisco entienden bien eso. Que en Cuba el castrismo impunemente arrase con iglesias, torture, encarcele a opositores, expropie a trabajadores sus salarios, arrastre por los pelos a mujeres, son pormenores que mortifican, pero no los disuade a cambiar curso y enfrentar la barbarie, como le correspondería al líder de la democracia más potente del planeta y el jerarca de la Iglesia Católica.


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